ONOMÁSTICA

 

santos.jpg (2562 bytes)         GREGORIO          santos.jpg (2562 bytes)

20 de NOVIEMBRE

Del verbo griego grhgorew (gregoréo), que significa velar, vigilar, estar despierto, hacerse responsable de algo, procede el adjetivo grhgoroV (grégoros), atento, vigilante, que primero fue un sobrenombre, muy elogioso por cierto, para convertirse luego en el nombre propio GRHGORIOS / GrhgorioV (Gregórios), que ya desde los primeros siglos del cristianismo se extendió considerablemente, debido sin duda a los hombres extraordinarios que llevaron este nombre.

San Gregorio Nacianceno abre la lista de una serie interminable de santos. Nació el 363. Fue obispo de Constantinopla, y se distinguió por su brillante oratoria, por su capacidad de convicción, por el orden que consiguió poner en las ideas en un tiempo de convulsiones ideológicas, por las grandes conversiones. Tal era su fama de orador, que muchas personas, entre ellas San Jerónimo (el autor de la primera traducción latina de la Biblia), acudían de lugares remotos a oír sus sermones.

Digno de especial mención también San Gregorio de Tours, obispo (siglo VI), que gobernó excelentemente la diócesis y dejó abundantes obras Entre ellas los 10 libros de la historia de los Francos, San Gregorio Taumaturgo y otros ocho santos con el mismo nombre.

Pero el que destaca por encima de todos, por el lugar que ocupó en la Iglesia y en el mundo, fue el que encabeza la larga lista de los Gregorios papas, San Gregorio I El Magno (siglo VI). Hijo de una noble familia romana, optó por la carrera política, llegando a ser pretor a los treinta años. Desengañado de las vanidades del mundo, fundó un monasterio en Roma, en el que él mismo ingresó como monje. Se distinguió de tal manera, que pronto fue nombrado abad. Enviado como nuncio del Papa a Constantinopla, salió con bien de su dificilísima misión. A la muerte del Papa, fue elegido para ocupar el solio pontificio. En los tiempos difíciles que le tocó vivir, supo sortear los peligros de cisma que asediaban a la Iglesia. Vivió santamente, se distinguió por su mansedumbre y humildad, él que era realmente grande y nos dejó una obra abundante, recogida en la patrística. Otros 15 papas adoptaron este nombre, cada vez más lleno de fuerza y prestigio.

La fuerza de este nombre, que arranca desde su propio significado y se acrecienta con cada Santo y cada Papa de enorme talla que le han dado un gran esplendor, es como para sentirse reconfortado con él. ¡Felicidades!

LEILINE.GIF (3978 bytes)