Cuerpo feliz que fluye entre mis manos,
rostro amado donde contemplo el mundo,
donde graciosos pájaros se copian fugitivos,
volando a la región donde nada se olvida.
Tu forma externa, diamante o rubí duro,
brillo
de un sol que entre mis manos deslumbra,
cráter
que me convoca con su música íntima,
con
esa indescifrable llamada de tus dientes.
Muero
porque me arrojo, porque quiero morir,
porque
quiero vivir en el fuego, porque este aire de fuera
no
es mío, sino el caliente aliento
que
si me acerco quema y dora mis labios desde un fondo.
Deja,
deja que mire, teñido del amor,
enrojecido
el rostropor tu purpúrea vida,
deja
que mire el hondo clamor de tus entrañas
donde
muero y renuncio a vivir para siempre.
Quiero
amor o la muerte, quiero morir del todo,
quiero
ser tú, tu sangre, esa lava rugiente
que
regando encerrada bellos miembros extremos
siente
así los hermosos límites de la vida.
El
mar o palmas frescas,
las
que con gusto se ceden en manos de las vírgenes,
las
que reposan en los pechos olvidadas del hondo,
deliciosa
superficie que un viento blando riza.
El
mar acaso o ya el cabello,
el
adorno,
el
airón último,
la
flor que cabecea en una cinta azulada,
de
la que, si se desprende, volará como polen.