EUGENIO

Eugenio es una palabra muy antigua, de origen griego (eu -geneioV, eugéneios) que significa "bien nacido" , "noble". Se utilizó mucho como sobrenombre elogioso, designando especialmente la nobleza de espíritu, y de ahí pasó a convertirse en nombre propio.

Son muy numerosos los Eugenios que haciendo honor a su nombre merecieron ser elevados a los altares entre ellos cuatro papas. Se llamaron Eugenio también un emperador romano, siete reyes de Escocia y varios príncipes de casas europeas.

Figura entre los nombres que han sido tan valorados por la sociedad, que tienen desde su inicio, tanto la forma masculina como la femenina. Son de destacar Eugenia, emperatriz de los franceses (Granada 1626, Madrid 1920), cuyo apoyo al proyecto del canal de Suez fue decisivo, y varias santas con este nombre.

Es éste también el nombre de un género de plantas de reconocida acción terapéutica y el de dos poblaciones, una en Argentina y otra en Canadá.

Entre los dieciocho santos que figuran en el santoral con el nombre de Eugenio, destacan los tres primeros papas de este nombre, San Eugenio obispo de Cartago (siglo V) y San Eugenio III, obispo de Toledo, del tiempo de los reyes godos. Fue el rey Chindasvinto el que se empeñó en que fuera obispo de Toledo, haciéndolo venir de Zaragoza, donde Braulio, obispo de esta ciudad, lo había nombrado archidiácono y le había confiado la administración de la diócesis con el fin de mantenerlo a su lado. Tal era el prestigio que tenía Eugenio en toda España. Una de sus obras más notorias fue la reforma del canto litúrgico.

Es el de Eugenio un nombre lleno de fuerza, que posiblemente emana de su propio significado. Una fuerza y una virtud que han ido incrementando cada uno de los santos y personajes célebres que lo han llevado. Por ello los Eugenios pueden legítimamente sentirse orgullosos de su nombre y llevarlo de manera que su conducta no desluzca nunca la nobleza de espíritu que con él pregonan. ¡Felicidades!