EL CANTAR DE LOS CANTARES

¡Tú eres bella, amiga mía, tú eres bella!
Tus ojos son palomas
a través de tu velo.

Tus cabellos, como un hato de cabras
ondulando en el monte Galaad.

Tus dientes,
como rebaño de ovejas esquiladas
cuando suben del baño:
todas llevan mellizos,
sin cría no hay ninguna.

Tus labios como cinta de escarlata
y tu boca graciosa.

Tus mejillas, como mitades de granada
a través de tu velo.

Tu garganta, la torre de David,
construida para trofeos:
mil broqueles cuelgan de ella;
todos, escudos de valientes.

Tus dos pechos, cervatillos
mellizos de la cierva
paciendo entre los lirios.

Hasta que expire el día
y las sombras se extiendan,
me iré a la montaña de la mirra,
a la colina del incienso.

Eres toda hermosa, amiga mía,
y no hay tacha en ti.

(Cant. 4, 1-7)