La Navidad de El Almanaque

EL MMIV ANIVERSARIO DE LA CRISTIANDAD

EPPUR SI MUOVE! 

Esta noche la cristiandad inaugura la solemne quincena de celebraciones del 2004 aniversario del NACIMIENTO de su fundador. La primera celebración es la del Nacimiento, la que da nombre a todo el ciclo festivo, que acaba con la Epifanía (=Revelación o Aparición), la fiesta en que el recién nacido recibe el reconocimiento y el homenaje de los Reyes de los gentiles (es la conversión de los Magos en Reyes), la fiesta en que los “racionalistas” de aquel tiempo, los no judíos, los no religiosos, los agnósticos, se inclinan ante la nueva divinidad y la nueva realeza. Esa es la carga simbólica de la clausura de las fiestas de Navidad. 

Y en medio, entre la Natividad y la Epifanía, marcando el hecho medular de las fiestas y el inicio de la era cristiana, la imposición del NOMBRE que da sentido y razón de ser a las celebraciones: “DIOS CON NOSOTROS”, Emmanuel. Ese es el nombre sagrado de Jesús, el nombre-tesis, el nombre en que se nos revela su misión. Durante muchos siglos la fiesta del 1 de enero se llamó de la Circuncisión, porque esa era la ceremonia judía (a los 8 días del nacimiento) en que se imponía el nombre al recién nacido, y se le admitía en la sociedad civil, que en los regímenes confesionales coincide con la sociedad religiosa. 

Y durante los 365 días que siguen al 1 de enero, recordaremos día tras día que estamos en el año 2004 a contar desde el Nacimiento de Cristo. Ese número en la fecha con que marcamos todos nuestros documentos, nos recordará este hecho: de tan enorme peso histórico y cultural, que lo hemos incorporado a nuestro subconsciente, del que forman parte el calendario y los almanaques. “2004” significará a lo largo de todo el año, que llevamos la cuenta de nuestros años colectivos como fruto del nacimiento de Cristo, igual que llevamos la cuenta de los años transcurridos desde nuestro nacimiento. Es la institución ancestral de los aniversarios que hoy llamamos cumpleaños. Pues en eso estamos: en el 2004 cumpleaños de Jesús. 

Con una particularidad, y es que como a todo gran líder religioso, la religión no le rinde culto de difunto, sino de viviente y vivificador de toda la comunidad que creó. Y justamente la NAVIDAD es la fiesta del Cristo viviente y vivificador. Él es el catalizador último de la gran movida de sentimientos que genera la Navidad: aunque éstos se manifiesten en última instancia en formas materiales y materialistas, que son las que en fin de cuentas mejor se entienden y se han entendido desde que existen los siglos. 

Y mientras se organiza cada año esta inmensa marea de fiestas de inspiración y denominación inequívocamente cristiana; y mientras se mantienen en pie en toda Europa y bien erguidos miles y miles de templos de la cristiandad; mientras en las pinacotecas y en las bibliotecas del occidente cristiano se guardan millones de obras que aluden a la adscripción cristiana de este lado del mundo durante un período que oscila de los 1.000 a los 2.000 años; mientras seguimos desarrollando ni más ni menos que los principios morales del cristianismo en nuestra organización social y política y en nuestra legislación; y mientras seguimos contando los años desde el nacimiento de Cristo, vienen los padres de la Nueva Europa (¿qué padres son esos que se creen que los hijos vienen de París o los trae la cigüeña?) y niegan la profunda marca que el cristianismo ha dejado en Europa. 

¿Será acaso porque en el paisaje francés los minaretes proyectan su ya larga y ominosa sombra sobre los apocados campanarios? ¿Será porque las mujeres musulmanas salen en manifestación en Francia para reivindicar su derecho a exhibir en la escuela y donde les dé la gana el velo y demás signos religiosos, mientras los acomplejados cristianos franceses no han dicho ni mu porque les destierren de la escuela sus signos religiosos? ¿Será esa la razón por la que los redactores de la Constitución europea ocultan de forma vergonzante la marca cristiana de Europa? 

Será por lo que sea, pero cada vez que pongamos la fecha en un documento recordando los años que hace que nació Cristo (el 2004 a lo largo de todo el año cuya entrada empezamos a celebrar esta noche), estaremos proclamando como Galileo ante el veto de nuestro papado laico: EPPUR SI MUOVE! 

Indice