OLEGARIO

Deriva del germánicio Hewlig, saludable (como Olga) y gair, lanza. O también se ha buscado derivarlo de Ald-gard, pueblo ilustre. Teobardo es un nombre germánico que tiene el mismo significado. El nombre de Olag se considera una variante de Olegario.

San Olegario (1059-1137), fue arzobispo de Barcelona nació y murió en esta ciudad. De muy niño (antes de los 16 años con toda seguridad) sus padres "lo entregaron a la catedral en culto a santa Eulalia para que entre los canónigos floreciese este nuevo canónigo con frutos de doctrina y santidad", dice su biógrafo Diago. Era a la sazón obispo de Barcelona don Beltrán, quien fundó en San Adrián del Besós un convento de canónigos regulares de San Agustín, en conformidad con el de San Rufo de la Provenza. Olegario, deseoso de mayor perfección, solicitó ingresar en él, y el mismo obispo don Beltrán, que también profesaba en esta orden, le impuso el hábito. Fue ordenado sacerdote a la edad de treinta y cinco años. Su humildad le hacía considerarse indigno del sacerdocio, por eso dilató tanto su ordenación. Tan ejemplar era su vida, que pronto fue elegido prior de la comunidad, cargo en el que permaneció bastantes años, y luego pasó a la canónica de San Rufo de Provenza, donde el año 1100 fue promovido a la dignidad de abad. El año 1115 el conde de Barcelona, Ramón Berenguer III puso cerco a la ciudad de Mallorca, que estaba en poder de los moros, y la tomó, liberando, dice el cronista, "a una innumerable muchedumbre de cautivos cristianos que allá estaban padeciendo grandísimos trabajos y peligros". Esta victoria sobre los sarracenos desencadenó una enorme alegría. La esposa del conde, doña Dolça, salió volando para la Provenza en busca de Olegario, pues deseaba que compartiese con el conde la alegría y los frutos de tan gran victoria. El año siguiente, 1116, habiendo fallecido el obispo de Barcelona, fue promovido Olegario a esta dignidad y en 1118 el papa le confió la misión de repoblar y restaurar la metrópoli de Tarragona, recién conquistada a los árabes, y que unió provisionalmente al obispado barcelonés bajo su custodia. En 131 Ramón Berenguer III nombra al santo arzobispo su primer testamentario. Ese mismo año Olegario asiste al conde en su última hora. En 1123 el I concilio de Letrán le designó como legado papal para toda la península, y en este nuevo cargo tuvo que mediar en las disputas sostenidas entre Alfonso de Castilla y Ramiro de Aragón. La diócesis de Barcelona le debe el fomento del culto a santa Eulalia, así como la restauración de los sínodos. En 1675 se reconoció el culto a este santo. Su fiesta se celebra el 6 de marzo, día en que murió el santo, tras breve enfermedad, a la hora de ponerse el sol. El 2 de octubre se celebra otro san Olegario, obispo y mártir.

Es éste un nombre cuyo total esplendor procede de un solo gran personaje, que hizo historia y vivió santamente. Por ello es muy valorado especialmente en Barcelona y se lleva con el legítimo orgullo de quien lleva un gran nombre. ¡Felicidades!

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