Procede de un nombre gentilicio de la localidad italiana de Adria
o Hadria, que en otro tiempo fue un puerto marítimo en el Adriático, que
dio nombre a este mar y que hoy está separado de la costa unos 20 km debido a los
rellenos fluviales. Asimismo el nombre del lugar procede del latín Ater, sombrío,
negro como el carbón. La forma latina de este nombre es Adrianus, de la que hemos
derivado Adrián, Adriano y Adrión, que pueden escribirse también con h. Tiene dos
formas femeninas: Adria y Adriana.
San Adrián (o Adriano) nació a finales del siglo III en
Constantinopla. Era hijo del césar Probo que fue emperador 6 años (de 277 a 282).
Adrián fue oficial en el ejército romano, y como tal le correspondió tomar parte en las
persecuciones decretadas por Maximiano y Galerio. Al ver la entereza de los cristianos
ante el martirio, se convirtió al cristianismo. El emperador Licinio decretó una nueva
persecución, en la que fue apresado Adrián y sometido a tormento para hacerle renegar de
su fe . Le arrancaron las carnes a pedazos, pero no la fe, por la que murió finalmente
decapitado. Fue hacia el 306, en Nicomedia.
La onomástica se celebra los días 1, 4 y 5 de marzo; el
17 de mayo, el 8 de julio, el 26 de agosto, el 8 de septiembre, el 2 de diciembre y el 9
de enero.
Entre los Adrianos ilustres hay un emperador romano
(76-138), sucedió a su protector y pariente Trajano. Fue el que mandó construir la
célebre muralla o limes en Inglaterra, que aún persiste en parte. Centralizó el
Imperio y codificó el derecho romano. Designó a Antonino como su sucesor, y su cadáver
fue depositado en un colosal mausoleo, hoy castillo de SantAngelo. Adriano I papa (m
795), aliado de Carlomagno, al que el emperador confirmó la posesión de los territorios
papales, el núcleo de los futuros estados pontificios, que constituyen la llamada
donación de Carlomagno. Adriano II (792-972), aprobó la liturgia eslava que le
propusieron los santos Cirilo y Metodio. Adriano III, santo; su pontificado duró sólo un
año (884- 885). Adriano IV, Nicolás Breaksper (1100-1159), el único papa inglés.
Adrianio V (m 1276) y Adriano VI (1459-1523), defensor de Carlos I frente a la locura de
su madre, Juana la Loca, en la sucesión de la corona de Castilla; aunque a la postre, en
la práctica, se superpusieron sus reinados. Por la austeridad de su vida se ganó, ya
papa, la enemiga del pueblo romano, acostumbrado a la fastuosidad de los pontífices
renacentistas. En la Iglesia ortodoxa es digno de mención Adriano X, el último de los
grandes patriarcas rusos, tras haber sido metropolitano de Kazán. Se enfrentó a las
reformas de Pedro el Grande, y éste, a la muerte del patriarca, suprimió esta dignidad
eclesiástica.
Es realmente el de Adrián, en todas sus formas, un nombre
evocador de grandeza de ánimo y de buen gobierno. Tanto el propio San Adrián, como el
emperador Adriano, y los grandes papas que llevaron este nombre, han dejado su marca
indeleble en la historia. ¡Felicidades!