De la expresión latina Deo gratias,
que significa "gracias a Dios" y que se usa especialmente en la liturgia y en la
vida monástica, se formó el nombre propio Deogracias. Es una exclamación de conformidad
con la voluntad de Dios, y de agradecimiento. Se emplea también para expresar el descanso
que se experimenta al término de una situación difícil y enojosa, y en algunos lugares
se usa todavía, aunque cada vez menos, como salutación al entrar en una casa. En la
sociedad profundamente religiosa que generó el cambio de religión de todo el imperio
romano, éste era un nombre especialmente agradable de llevar. Nacido probablemente como
sobrenombre dado a quienes tenían con mucha frecuencia esta expresión en su boca,
derivó luego a nombre, sin llegar a extenderse demasiado su uso.
San Deogracias fue consagrado obispo de Cartago el 25 de
octubre del 453, en plena invasión de los vándalos, que al entrar expulsaron a su obispo
san Quod-vult-Deus (LoqueDiosquiere) y a su clero, manteniendo la iglesia abandonada y sin
culto religioso durante 14 años. A petición del emperador Valentiniano, Genserico
permitió a san Deogracias ejercer su ministerio pastoral con aquella feligresía tan
largamente abandonada. Fue el obispo providencial que necesitaba la diócesis de Cartago
en aquel momento. Fortaleció en la fe a todos y ayudó a muchos, pues la invasión había
quebrantado la economía de la población autóctona. A los dos años de estar Deogracias
al frente de la diócesis, Genserico entró en Roma, la saqueó y se llevó cautivos a
África a buen número de sus habitantes. Desplegó el santo obispo una caridad y una
eficacia admirables para atender a los miles de desplazados que fueron a parar a su
diócesis: habilitó todos los templos de la ciudad para alojarlos, de noche
especialmente. Consiguió la solidaridad de sus feligreses para con los deportados.
Vendió todo lo que en la iglesia tenía algún valor para atender a sus más urgentes
necesidades. Hizo todo cuanto estuvo en su mano para evitar que se dividieran las
familias. Atendía él personalmente a los enfermos. Tres años y unos meses duró en
total su episcopado, y murió en medio de la tensión constante por atender a muchos más
necesitados de lo que le permitían los recursos de toda la diócesis. Su caridad y su
ejemplo dejaron una huella profunda en toda la Iglesia que sabía de su dedicación
heroica a los deportados.
Los Deogracias celebran su onomástica el 22 de marzo
(anteriormente había sido el 23). En Cartago se celebra el 5 de enero, y en Argel, el 29
de octubre.
Quienes llevan hoy este nombre pueden ufanarse de él
legítimamente, pues amén del gran personaje que lo santificó y le dio dignidad y
realce, y además del valor que el propio nombre tiene por sí mismo, pueden estar seguros
de que tratándose de un nombre tan singular, constituye una larga tradición familiar que
tiene el valor añadido de numerosas generaciones que lo han ido conservando y
transmitiendo cada vez más ennoblecido. ¡Felicidades!