San Filemón (m.287) es un célebre mártir de Antinoo,
ciudad del Alto Egipto. El episodio más notable de su vida fue la curación de un ojo al
presidente Ariano, quien quedó tan impresionado de la recuperación de aquel ojo que daba
ya por perdido, que no sólo se convirtió él al cristianismo, sino que provocó la
conversión de cuatro oficiales de su pretorio, llamados por su oficio protectores. Estas
conversiones irritaron sobremanera al emperador Diocleciano, quien ordenó que le
martirizaran con especial ensañamiento. Se conmemora el 21 de marzo.
Filemón es el nombre de uno de los principales cristianos
de la iglesia de Colosas, ciudad de Frigia, en el Asia proconsular. El nombre era entonces
muy común en aquella región. Fue san Pablo, a quien probablemente conoció Filemón en
un viaje a Éfeso, el que consiguió su conversión. De ahí que fuera tan grande la
amistad entre ellos. El hecho más singular, por el que Filemón ha quedado en nuestra
memoria, es que huyó de su casa un esclavo, Onésimo, que fue a parar junto a san Pablo.
Pues bien, éste le escribió una carta a su amigo Filemón en favor del esclavo fugitivo,
que además era el portador de la carta. Gracias a este episodio tenemos una bellísima
página de san Pablo sobre señores y esclavos, cuya doctrina tardaría muchos siglos en
ser superada.
Filemón y Baucis es, en la mitología romana, un bello
episodio en el que los dioses premian la hospitalidad: Júpiter, una de cuyas misiones es
velar por el cumplimiento del sagrado deber de la hospitalidad, se vino a la tierra
acompañado de Mercurio, ambos en forma humana, para constatar el grado de cumplimiento de
este deber. Tras haber recorrido toda Frigia en busca de alojamiento, pasando por gran
número de hogares que les negaron hospitalidad, llegaron por fin a la humilde choza de
Filemón y su esposa Baucis. Talmente les recibieron a pesar de su pobreza, que Júpiter
antes de despedirse les convirtió la mísera choza en un magnífico palacio y les dio una
larga vida y les concedió el deseo de no morir el uno antes que el otro,
transformándoles en sendos árboles cuando les llegó la hora de partir de este mundo.