El primero en llevar este nombre fue el undécimo hijo del patriarca Jacob,
cuya esposa, Raquel, exclamó ante el recién nacido: "Auménteme Dios la
familia". En efecto, tomó el nombre del hebreo Yosefyah, es decir:
"Añade Yahvé." Es un nombre que evoca abundancia, incremento; no sólo de la
familia, sino también de las riquezas, como efectivamente ocurrió en la historia de
José. El segundo gran personaje bíblico que lleva este nombre es san José, en cuya
memoria lo han llevado legión de españoles, hasta el punto de ser el más frecuente en
España, sobre todo desde que el papa Pío IX designó a san José, esposo de la Virgen
María, patrono de la Iglesia universal en el año 1870. Al ser frecuente el uso de este
nombre en compuestos como José María, María José, José Ramón, José Antonio, Pedro
José, José Luis, José Miguel, junto a las formas femeninas de Josefa, Josefina, Fina; e
hipocorísticos como Pepe, Pepa, Pepito, Pepita, Chema, Pito, Jose, al lado de formas
antiguas tales como Josef, Josefo, resulta ser omnipresente; de manera que raro es el que
no tenga que felicitar a uno o más Josés el 19 de marzo.
San José es uno de los pocos santos que no es preciso
presentar. ¿Quién no ha tenido un San José en las manos? Es una de las tres figuras
indispensables en un Belén, por lo que todos lo tenemos identificado como el anciano que
se apoya en la vara. San José es una figura discreta pero imprescindible. Y cumple con su
papel a la perfección. Nos dice el Evangelio que era carpintero. Proveía al sustento y a
la seguridad de la que llamamos la Sagrada Familia, cuyo cabeza era él. Tenía su
residencia en Nazaret, pero tuvo que trasladarse a Belén con María su esposa, para
censarse. Pasó el pobre san José muchas fatigas teniendo que viajar con su esposa en tan
avanzado estado de gestación. Y más fatigas al no poder ofrecerle un lugar digno donde
descansar y dar a luz. Y más todavía cuando tuvo que huir a Egipto precipitadamente con
la madre y el hijo, para escapar a la persecución de Herodes, que le tenía una aversión
especial a la estirpe de David.
Otros cuarenta santos llevan este venerable nombre, entre los que
destacan san José de Calasanz y San José Oriol. Pero es el propio José, hijo de
Jacob, el más grande de los personajes que han llevado este nombre: vendido por sus
hermanos y convertido en administrador de Egipto, instaló a toda su familia en ese país
para salvarla del hambre, con lo que dio un vuelco importantísimo a la historia de
Israel, que en buena parte condicionó nuestra propia historia.
Los que celebran y las que celebran su onomástica el 19 de
marzo, fiesta de san José, se cuentan entre los privilegiados que saben perfectamente
cuál es el valor y el alcance de su nombre, que no es poco. Son conscientes de que tienen
un gran nombre y detrás de él un gran santo y una gran festividad, enriquecida con
bellas tradiciones, con las fallas de Valencia a la cabeza de todas ellas. ¡Felicidades!