PATRICIO

Deriva del latín patricius (patricio, noble). En Roma se designaba así a los "hijos de padre"(¿de la patria?). Luego se redujo a designar a la minoría aristocrática y autóctona de una ciudad (patriciado). Desde Constantino el patriciado era la primera dignidad romana, después de la imperial. No respondía ya a ninguna función ni tampoco era hereditaria. Llevaban un vestido que los distinguía y gozaban de algunos privilegios. Es un nombre muy popular en Irlanda y allí donde han llegado los irlandeses con su cultura (en Nueva York tienen su catedral de San Patricio). Tiene la forma femenina patricia y las hipocorísticas Tricia y Pat, muy populares.

San Patricio obispo de Irlanda, nació en Taburnia (Bretaña) en el siglo V. Sus padres se llamaban Calfurnio y Conquesa. Se dedicaban al pastoreo, por lo que durante su infancia y primera juventud lo dedicaron también a este oficio. Aprovechaba todas las ocasiones que tenía para instruirse. Y así iba simultaneando su oficio de pastor con los estudios. Hasta que los irlandeses invadieron su tierra y se lo llevaron cautivo a Irlanda. Allí le pusieron a guardar cerdos. Al cabo de seis años recobró la libertad y se volvió a su tierra. Lo primero que hizo fue reanudar sus estudios bajo la dirección del obispo san Germán. Un tío suyo, el obispo san Martín, le acansejó que se iniciase en la vida monástica, y Patricio siguió su consejo. Pero habiendo conocido a los irlandeses durante su cautiverio y deseando trabajar en su conversión, fue a Roma para recibir consejo y directrices del papa Celestino I. Éste le consagró obispo, le nombró legado suyo en Irlanda y primado de aquella Iglesia. Y además le asignó veinte compañeros que, con él, se dirigieron primero a Francia para recabar consejo de san Germán, y a continuación pasaron con él a Irlanda. No fueron nada halagüeños los principios. Contó con la hostilidad del rey y de los sacerdotes paganos. Fijó su residencia en una cueva a la que llaman el Purgatorio de San Patricio, por las penitencias a que se sometía. Fue avanzando en su labor evangelizadora y años después volvió a Roma, a dar cuenta al papa de sus trabajos. A su paso por Francia fundó varios monasterios y en llegando junto al papa, éste le recibió con todo afecto, le regaló reliquias para que pudiera fundar iglesias sobre ellas y consagró obispos a treinta de sus compañeros. Prosiguió Patricio su labor con ánimos renovados y consiguió convertir la mayor parte de Irlanda. Al morir, el 16 de marzo del 493, dejó al joven príncipe Benigno, a quien había formado él mismo, en la silla arzobispal de Armagh. Se conservan sus Confesiones y las actas del primer sínodo celebrado en aquel país. San Patricio es fervorosamente venerado en Irlanda (da fe de ello la catedral a él dedicada) y la orden cívica más distinguida se llama de San Patricio.

La onomástica principal es el 17 de marzo. Otras fechas en que se celebra son el 16 de marzo, el 28 de abril, el 24 de agosto y el 31 de octubre. El nombre encierra en sí mismo el más alto nivel de nobleza que se daba en Roma y tiene un patrón sumamente querido y admirado por los suyos. ¡Felicidades!

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