Se trata de un nombre muy popular en Roma.
Significa "señor", "amo de su casa" y el femenino Caya significa
"señora", "ama de su casa". En el contrato matrimonial la mujer
pronunciaba la frase ritual Ubi tu Caius, ego Caia. (En tanto en cuanto tú seas
señor, yo seré señora). Con ella daba a entender que entraba a formar parte de la
familia del marido y tomaba el nombre gentilicio de éste.
San Cayo sufrió martirio hacia el 168, junto con
Alejandro, bajo el imperio de Marco Antonino y Lucio Vero, en que volvió a arreciar la
persecución contra los cristianos. Apolinar, obispo de Hierápolis, en su libro contra la
herjía de los catafrigios, los nombra muy elogiosamente, ponderando la vida ejemplar que
como cristianos llevaban, atrayendo así a numerosos romanos y romanas a la fe del
Evangelio, y soportando con gran entereza el tormento que se les aplicó para hacerles
renegar de su fe.
Al tratarse de un nombre tan popular en Roma, fueron muchos los
primeros cristianos que lo llevaban, por lo que hay numerosos santos de este nombre.
Destaca entre ellos San Cayo papa, nacido en Dalmacia. Su pontificado fue de los
más largos por aquel entonces: fue consagrado obispo de Roma en 283 y murió el 296 de
muerte natural. Le tocó en suerte vivir el período de paz anterior a la cruel
persecución de Diocleciano. Fue enterrado en el cementerio catacumbal (subterráneo) de
Calixto.
La onomástica de Cayo se celebra el 10 de marzo y el 22
de abril en memoria de los dos santos anteriores; el 4 de enero, el 28 de febrero, el 4 de
marzo y el 16 y 19 de abril en memoria de otros tantos mártires. El 30 de junio se
recuerda a un san Cayo presbítero y mártir; el 27 de septiembre, un San cayo obispo, y
el 28 de agosto, el 3, 4 y 21 de octubre y el 20 de noviembre se celebra la memoria de
otros tantos Cayos mártires.
Cayo, hijo de Marcos Agripa y de Julia, nieto del
emperador Augusto, nació el año 19 antes de Cristo y murió el año 4 de nuestra era.
Augusto lo adoptó cuando contaba sólo 3 años y a los 14 lo nombró cónsul. A los 15 le
nombró príncipe de la juventud. Estuvo en la campaña de Germania bajo el mando de
Tiberio y en Asia como procónsul, cargo que desempeñó de forma admirable, teniendo en
cuenta su juventud. El joven Cayo prometía mucho, pero habiendo sido herido a traición
por Addón, gobernador de Artageres, su salud decayó seriamente. Al acudir a Roma porque
había sido llamado por su abuelo, murió en el camino. Tenía 23 años.
Es grande el número de Cayos ilustres que dejaron huella en la
historia de Roma: Cayo Calígula, emperador, Cayo Casio, pretor ; Cayo Julio César;
Cayo Cilnio Mecenas, célebre porque se sirvió de su fortuna para alentar y proteger el
talento de los demás; y un largo etcétera. Ciertamente los que lucen este nombre tienen
numerosos y excelentes ejemplos en que mirarse. ¡Felicidades!