ETIMOLOGIAS        

SUBSIDIO

Subsidium subsídii es una palabra que emplearon mucho los romanos, así que le dieron gran variedad de significados. Estando formada por el prefijo sub (= debajo) más el verbo sedere (= santarse), su significado primero es sentarse o estar sentado debajo. Y de todas las posibles interpretaciones de ese sentarse debajo, saldrán todos los significados. Así, subsidium es el cuerpo de reserva en el ejército, el que está sentado debajo (en este caso, detrás) sin combatir, por si hace falta. Consecuentemente extenderán el nombre de subsidium a la ayuda, el socorro, el refuerzo en el combate, los recursos, las armas. Y más adelante tendrá extensión geográfica: lugar de refugio, puerto, asilo, abrigo.

Es un sustantivo formado a partir del verbo subsidere, sentarse debajo; término originalmente militar, que hace pareja con obsidere, sentarse enfrente, en contra, que traduciremos como asediar, y del que obtendremos como cultismo obsesión, una enfermedad anímica del que se excede en la persecución de objetivos que no están a su alcance. No tenemos el sustantivo "subsesión" y el adjetivo "subseso" (paralelo de "obseso") para referirnos al que deja de luchar por sí mismo para poner toda su esperanza vital en los subsidios y todo su programa de presente y de futuro en el plan de subsidios. Esos serían el nombre de la enfermedad y del enfermo; una enfermedad que debilita profundamente el espíritu y acaba pasándole cuentas también al cuerpo.

La clave está en el verbo sedere, estar sentado, que de por sí ya pone sobre aviso respecto a la sustancia. Eso es, lo importante de este verbo es que al sujeto siempre se le supone sentado: pendiente, dispuesto a ayudar al que está en combate. Por supuesto que este mismo verbo, que de por sí expresa la actitud de esperar sentado, se emplea para indicar que eso que se espera, se realiza; se presta el socorro y la ayuda para la que uno estaba ahí.

Pero he aquí que cambian los papeles al cambiar la voz del verbo y por tanto su sujeto. Cuando las tropas que tienen como misión combatir, abandonan toda la confianza en sí mismas para depositarla toda en la ayuda externa, en el subsidium, esas tropas tienen cantada la derrota; no esperan más que la retirada del combate, el retiro en términos laborales. Bien dice Virgilio aquello de que "Una salus victis, nullam sperare salutem". La única salvación para los vencidos, es no esperar ninguna salvación. Y menos aún si la salvación les ha de venir de fuera, de los subsidios. Eso es asumir totalmente la derrota, instalarse en ella, engolfarse en el propio mal y vivir de él.

Precisamente el papel de subsidiador tiene una enorme virtud curativa para aquellos que padecen males anímicos crónicos, de esos que necesitan subsidio. Ayudando a los demás es como mejor se ayuda uno a sí mismo en estas enfermedades del espíritu (todas las enfermedades, no lo olvidemos, son del espíritu: las puramente físicas, también del espíritu; las psíquicas, sólo del espíritu primero, y luego también del cuerpo). Entre las nuevas enfermedades laborales está la de los quemados, muy grave; pero está también la de los desechados, no menos grave, convertida en crónica gracias a los subsidios.

Mariano Arnal