ETIMOLOGÍA - LÉXICO    

RENDIMIENTO

Entre rendir y rentar, falta un sustantivo, rentamiento, que en vez de formarse se ha compartido por entrambos verbos, de manera que cuando hablamos de rendimiento están por debajo indistintamente rendir (e incluso rendirse) y rentar, que teniendo un origen latino común, se bifurcaron luego para especializarse.

Del verbo reddo, reddere, reddidi, rédditum, un compuesto del prefijo re- más do, dare, dedi, datum, que significa "dar otra vez", "devolver", se formó por una parte en latín vulgar la alteración rendere, de la que se obtuvo rendir; mientras que por otra parte se formó a partir del supino rédditum el plural del participio pasado: réddita, que en latín vulgar pasó a réndita, que se transformaría luego en renta, del que se formarían el verbo rentar, del que sacaríamos rentable y rentabilidad, formas ambas que indican posibilidad, pero no acción. Por ello, cuando es preciso hablar no de lo que puede "rentar" un capital, sino de lo que "renta", hablamos de rendimiento, forma sustantiva de rendir. Compartiendo el sustantivo de acción, volvemos al tronco común, al réddere, devolver, del que proceden todas las rentas, los rendimientos y las rendiciones. Observemos en efecto que el verbo rendir tiene dos sustantivaciones: rendimiento y rendición.

El diccionario nos define el rendimiento como el producto o utilidad dado por una cosa en relación con lo que consume, cuesta, trabaja, etc. En la línea de rendirse, tenemos otra gama de significados: situación de rendido en sentido figurado, sometido por la admiración, el amor, etc.; sumisión de una persona a otra o humildad con que la trata; amabilidad con que trata una persona a otra esforzándose por complacerla. ¿A cuál de estos rendimientos nos referimos cuando hablamos de rendimiento escolar?

Hay que suponer que estamos en la primera serie de significados, pues igual que en las demás actividades, esperamos de la actividad escolar un producto o utilidad que guarde una razonable relación o proporción con lo que se trabaja en ella. Y aquí se plantea la gran pregunta: ¿Es proporcional el rendimiento escolar al esfuerzo que realizan los profesores y al que se les exige a los alumnos?

Para poder responder, hay que plantear otras preguntas: ¿a quién tiene que rendir cuentas el profesor? Se supone que al que le paga. ¿Pero es ese el interesado? ¿Interesado en qué? ¿En cada alumno? ¿En el real o en el estadístico? ¿De qué ha de rendir cuentas? Y el alumno, ¿a quién ha de rendir cuentas? ¿De qué? Solamente si sabemos cuál es la respuesta a estas preguntas, podemos definir lo que ha de ser el rendimiento escolar.

Sabemos que el rendimiento no es bueno. ¿Pero no deberíamos empezar por determinar quién ha de pedir cuentas? Mientras no esté el auténtico interesado pidiendo cuentas (y eso sólo puede hacerlo si es al mismo tiempo el que paga), no nos libraremos de los políticos y pedagogos que han hecho de nuestra capa su sayo, que por cierto está hecho unos zorros.

Mariano Arnal