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EL ALMANAQUE & LA CASA DEL LIBRO

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IDIOMAS

Vemos con más frecuencia el rótulo "Escuela de idiomas" que el de "Escuela de lenguas"; y decimos con preferencia "fulano habla tantos idiomas", que "fulano habla tantas lenguas". Es un ligero error de concepto, pero feliz error: idioma viene del adjetivo griego idioV (ídios), que significa propio, particular de uno o de algo. Su opuesto es allotrioV (al.lótrios), ajeno, de otro, extranjero. La palabra idioma se formó en griego idiwma (idióma), pero con un significada muy distante del que actualmente tiene: idioma era la particularidad que distinguía a uno, el carácter propio de alguien; en retórica los griegos llamaban idioma al estilo peculiar de cada orador. Obsérvese que es lo más parecido a lo que hoy llamamos dialecto.

El concepto de idioma se creó en el bajo latín, y sin duda con la señal de menor calidad y categoría con que está marcada hoy la palabra dialecto. En efecto, siendo la lengua administrativa y común de todo el imperio el latín, no hablar en esta lengua era hacerlo uno "a su manera", fuera de la norma, de lo convencional; y con ese significado de "segunda lengua" para uso particular, se vino empleando hasta muy acá. La evolución que experimentó este concepto fue de carácter numérico: empezó por ser la manera de hablar de uno, para ir pasando a significar la manera de hablar de grupos cada vez más amplios, hasta llegar a los grupos nación y estado.

De todos modos en el concepto de idioma se han combinado la idea de lengua propia de uno, coincidente con el de "lengua materna"; y el de lengua común de la colectividad a la que se pertenece: sería curiosamente la "lengua patria" (del padre o de la patria, del territorio patrio). Consecuentes pues con la especial marca que tiene actualmente la palabra idioma, tendríamos que decir que, igual que madre, no hay más que uno. Uno no puede tener como formas propias una serie de alternativas opcionales. Lo propio y característico es lo propio y singular de cada uno.

Por eso merece reflexión y aprobación el hecho de que nuestra lengua haya optado por elevar a plural el idioma, es decir lo singular y particular. Eso nos lleva a tener como forma personal y peculiar la pluralidad. Al pasar del idioma a los idiomas, nos convertimos en políglotas naturales. En vez de preguntarnos cuál es nuestro idioma, se nos preguntará cuáles son nuestros idiomas, es decir cuáles son nuestras maneras propias de hablar.

Es que es precisamente ahí a donde hay que llegar: no son lenguas lo que nos conviene, sino idiomas; es decir que se conviertan esas lenguas en forma de expresión propia nuestra. Y por ahí va la tendencia actual de la enseñanza de idiomas: en efecto, mientras en el sistema educativo se siguen enseñando "lenguas extranjeras", la iniciativa privada lo ha visto de otra manera y enseña idiomas. ¿Y qué ocurre? Pues que esos iconoclastas de las lenguas logran que los alumnos salgan a millones de sus carísimas academias hablando idiomas, mientras el sistema sigue enseñando "lenguas"; pero los resultados son decepcionantes: muy pocos son los que aprenden esas lenguas, y menos los que las hablan.

Mariano Arnal

 


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