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 INDICE - LÉXICO - ETIMOLOGIAS - ORIGEN DE LAS PALABRAS

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DELITO

En la absolutamente indispensable especialización léxica que requieren el derecho y la justicia, se convino siglos ha en asignar a las transgresiones por acción, un término que por su naturaleza léxica les hubiese correspondido a las transgresiones por omisión. En efecto, el sustantivo delito proviene del verbo latino delinquo, delínquere, deliqui, delictum. A partir del supino se formó el sustantivo delictum, i, que obviamente tenía el significado tenue propio de los pecados de omisión. Por los contextos en que los usan los clásicos, hemos de traducirlo como falta, error, descuido.

El verbo delínquere significa exactamente no haber, faltar: cuando al intendente la faltaba trigo, aceite, etcétera, decía delinquit frumentum, óleum, etc. De la falta física se pasó a la falta moral, sólo falta: quid ego tibi deliqui? ¿En qué te he faltado? Esto en el compuesto; pero en el simple ocurre lo mismo: liquo, líquere, lictum es igualmente dejar, abandonar, faltar, quedar (lo que se ha dejado es lo que queda). Es este último significado el que aparece en "reliquia", un sustantivo derivado de otro compuesto de línquere, que es reliquo, reliquere, reliqui, relictum, y que significa igualmente dejar, abandonar, quedar. Reliquias son los "restos" de los santos; lo que queda de ellos.

Estamos ante los dos grandes bloques del derecho: el que se refiere a las obligaciones y el que versa sobre las prohibiciones. No es lo mismo saltarse un semáforo en rojo (prohibición) que seguir parado cuando se pone verde el semáforo. Sin embargo nuestro léxico de uso no deslinda estos territorios: la denominación de crimen (nada del otro mundo; crimen es en rigor aquello que es sometido a juicio) la hemos dejado exclusivamente para el asesinato. Y para las demás transgresiones graves hemos optado por el delito, dejando el nombre de falta para las transgresiones leves.

Lo propio sería que por fidelidad a su valor de origen, el término delito se empleara más respecto al derecho preceptivo que al prohibitivo: dejar de cumplir obligaciones, eso sería en rigor delinquir. Pero no es así. En cuanto a si las ideas delinquen o no, visto el significado más genuino de la palabra, y en la medida en que bajo ella subyace la idea de omisión, podríamos decir sin traicionar a la lengua que las ideas también delinquen, aunque no se las pueda detener y conducir a presencia de los tribunales de justicia; que si el término delinquir, un evidente cultismo, es exclusivo de los juzgados, el de delito en cambio está bien incorporado al lenguaje coloquial: para expresar que algo ha excedido la medida decimos: ¡mira que tiene delito! Y a fe que hay ideologías que tienen delito, ¡y tanto que tienen! Eso no se lo quita nadie. Por eso, si al que en defensa de ideas y programas impresentables nos dice que las ideas no delinquen; si a ese tal le replicamos que delinquir no delinquirán, pero que tienen delito, estaremos aplicando el lenguaje con plena corrección, y sobre todo le sacaremos del plano jurídico que se empeña en extender al ideológico, para hacerle descender a la arena del sentido común y del instinto político y democrático. Las ideologías nazis y fascistas no delinquirán, pero mira si llegan a tener delito, que muchos delincuentes se inspiran y se escudan en ellas.

Mariano Arnal

 


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