ÁLVARO
Por el momento histórico en que este nombre
aparece en España, se cree que es de la remesa de nombres germánicos que nos trajeron
los godos. Posiblemente sea una variante de Alberico o Albérigo, en cuyo caso sería un
compuesto de Alb, personaje mitológico, más el sufijo ric, del que procede
nuestra palabra "rico"; o podría estar formado por los elementos Athal (noble)
más Bera (oso), con lo que el significado del nombre que dio origen al de Álvaro
sería "Oso noble". Otra posibilidad sería que el nombre originario fuese Al-wars,
con el significado de "Absolutamente atento" o "Atentísimo". Y
queda finalmente una posibilidad más, y es que el nombre a partir del cual evolucionó
Álvaro sea Athal-ward (del segundo elemento procede el español
"guardia") y el significado de este nombre sería por tanto "Guardia o
guardián noble". La oscuridad de su origen permite elegir el significado que mejor
va con las aspiraciones de cada uno. Fue evidentemente un nombre muy común en la Edad
Media. Prueba de ello son la gran cantidad de ramas de Álvarez (hijo de Álvaro) que se
originaron en España y que siguen en pleno vigor. Últimamente se ha revalorizado este
nombre, que se tiene por original, distinguido y de rancio abolengo.
San Álvaro de Córdoba fue un dominico nacido en Córdoba
a principios del siglo XV y muerto en la misma ciudad en 1430. Siendo su oficio el de
predicador (los frailes dominicos eran conocidos también como la orden de Predicadores),
ejerció este ministerio en España y en Italia. Su prestigio tanto de buen orador como de
fraile de intensa espiritualidad, hizo que la reina Catalina de Lancaster, esposa de
Enrique III de Castilla, lo eligiese como confesor y director espiritual, y le nombrase
preceptor del infante don Juan. Cuando Juan II fundó el convento de Scala Dei
quiso confiarle la dignidad de prior del mismo, pero Álvaro rehusó, prefiriendo dedicar
el resto de su vida a cultivar el espíritu. Los Álvaros celebran su onomástica el
19 de febrero.
El primer Álvaro del que tenemos noticia es
Álvar Fáñez, sobrino del Cid y capitán de la corte de Alfonso VI de Castilla.
Participó en la conquista de Toledo y fue enviado repetidamente por el rey a los reinos
de taifas a cobrar los tributos. Fue lugarteniente de Alfonso VI en Valencia, llegando a
ser el verdadero dueño de la ciudad. Murió en combate en defensa de Urraca contra las
milicias de Segovia, partidarias de Alfonso I el Batallador. Hicieron también historia
Álvaro Cordobés, escritor mozárabe (murió en Córdoba en 861). Tuvo una formación
clásica y eclesiástica exquisita, lo que se refleja en sus obras, deliciosamente
escritas, que constituyen una fuente informativa de gran valor para el estudio del bajo
latín. Resistió a la persecución de Abderramán II y defendió sus creencias religiosas
junto con san Eulogio. Álvaro Zapata, nacido en Calatayud, que fue abad del monasterio
cisterciense de Veruela y obispo de Solsona. Murió en 1623. También la geografía nos
recuerda este nombre en el municipio de Álvaro de Obregón, México. Ahí se encuentra la
laguna de Cuitzeo. Nombre recio, el de Álvaro, santificado por hombres piadosos y
glorificado por valientes guerreros. Virtud a raudales aportan el propio nombre y los que
lo llevaron. ¡Felicidades!
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