ALBERTO

De origen germánico, su forma primitiva pudo ser Athal-berht, con el significado de "brillante por su nobleza", si atendemos a la forma latina Adalbertus; por reducción de éste o acaso independientemente se pudo llegar a All-berht, latinizado como Albertus, en cuyo caso el significado sería "totalmente noble" o "nobilísimo". Tuvo este nombre un gran arraigo y fue muy apreciado especialmente en los países de cultura germánica. De ello dan fe las dinastías de nobles que lo llevaron.

San Alberto Magno fue con toda seguridad el hombre más sabio de su siglo (el XIII); su erudición fue inmensa. Era una auténtica enciclopedia. Sólo el listado de sus obras ocupa varias páginas. Fue maestro de santo Tomás de Aquino, otra de las mentes privilegiadas de la escolástica. Nació Alberto en 1193, en Suabia, y murió en Colonia en 1280. Llenó por tanto casi todo el siglo con su sabiduría. Era hijo del conde de Bollstädt. Estudió filosofía, matemáticas, medicina y teología. Ingresó en la orden de los dominicos. Enseñó en varias universidades. En la de París tenía que hacerlo al aire libre, en la que luego se llamaría plaza Maubert (contracción de Magister Albert), porque no había aula en la que cupiesen todos los alumnos que acudían a sus clases. Fue durante unos años predicador de la corte pontificia, y más tarde consagrado obispo de Ratisbona. Pero Alberto prefirió la paz y el estudio de su convento de Colonia, para seguir trabajando en su obra enciclopédica. Sólo salió de allí para predicar la octava cruzada en Austria. Tenía fama de mago. Se le llamó Doctor universalis. Se decía de él que era Magnus in magia, maior in philosophia, máximus in theologia (grande en la magia, mayor en la filosofía y máximo en la teología). Se decía de él que había construido un autómata humano que era capaz de andar y de hablar. Tal era su fama de mago y de sabio. Incorporó al conocimiento occidental los grandes autores árabes, que el conocía a fondo, especialmente Maimónides y Averroes, a los que cita con frecuencia.

Celebran su onomástica los Albertos el 15 de noviembre, fiesta de san Alberto Magno; pero pueden optar por otras catorce fechas en que celebra la Iglesia otros tantos santos de este nombre.

Si grande es el peso de los Albertos en el área del saber y de la ejemplaridad de vida, no lo es menos en la del poder. Alberto I de Austria (1248-1308), emperador de Alemania abre la lista de los austríacos. Le siguen Alberto II el Sabio, Alberto III el de la Trenza, Alberto IV el Piadoso, Alberto el Ilustre, V de Austria y II emperador de Alemania; los archiduques Alberto el Pródigo, Alberto el Piadoso y Alberto Federico Rodolfo; los 5 Albertos duques de Baviera; Alberto Leopoldo Clemente de Bélgica; los cuatro Albertos margraves de Magdeburgo; los cinco Albertos arzobispos de Magdeburgo; Alberto Honorato, príncipe de Mónaco; los tres Alberto Federico de Prusia; los seis Albertos de Sajonia, y la resonancia que han ido dejando por donde han pasado, entre ellas el lago Alberto. Es ciertamente éste un nombre inabarcable, grande por su nobilísimo significado, grande por el santo sabio y mago que lo santificó, y grande por la larga lista de Albertos que han regido los destinos de Europa. Un nombre del que sentirse muy orgulloso. ¡Felicidades!

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