Es un nombre de origen hebreo, Hanna,
que significa "la graciosa" según unos etimologistas, y según otros
significa "compasión", porque deriva de Hananya (Ananías = "Dios
se ha compadecido". Pero no lo encontramos sólo en la cultura hebrea; en la
antiquísima civilización caldea llamaban Ana al espíritu que regia el cielo, y
que juntamente con Ea (la Tierra) y Mulge (el abismo), formaba la tríada de
las grandes divinidades que gobernaban las tres regiones del universo. Y también Eneas,
el héroe que según Virgilio se salvó de la ruína de Troya y fundó Roma, al pasar por
Cartago fue acogida por la reina Dido, cuya hermana se llamaba Ana. Ana es
también el nombre de una antiquísima ciudad griega y el nombre romano del Guadi-ana,
al que los árabes añadieron el nombre genérico Uadi o Guadi, que
significa río. Está claro que las raíces de este nombre son muy profundas, y bien
diversas sus ramificaciones.
Santa Ana és la madre de María, Madre de Dios. Cualquier
referencia a su vida hay que buscarla en la tradición, que como soporte documental tiene
los Evangelios Apócrifos. El Protoevangelio de Santiago (siglo II), el Pseudo-Mateo y el
Evangelio de la Natividad de María se ocupan profusamente de santa Ana. Es, según estos
documentos, hija de Mathan, sacerdote que vivía en Belén, y que tuvo otras dos hijas:
Sobé (madre de santa Isabel y abuela de san Juan Bautista) y María (madre de María
Salomé). Ana se casó con un galileo que se llamaba Joaquín. Soportó el matrimonio
largos años de esterilidad, hasta que Dios se dignó escuchar su plegaria y les concedió
la descendencia que tanto deseaban. Les nació María, predestinada a ser la Madre de
Dios. A los tres años la consagraron al templo, en cumplimiento de su promesa. Eran ya
mayores los padres de María. Murió primero Joaquín. Una tradición hace contraer
segundas y terceras nupcias a santa Ana y la hace madre de tres Marías.
Ana es el nombre de la madre del profeta Samuel. Tuvo que
soportar muchas humillaciones a causa de su esterilidad, especialmente por parte de
Fenena, la otra esposa de su marido. Es también el de la profetisa que cuando la Madre de
Dios fue al templo a presentar a Jesús, reconoció en él al Mesías. Ana se llamaba
también la esposa de Tobías el viejo, a quien siguió cuando los israelitas fueron
deportados a Nínive por Salmanasar. Y Ana fue el nombre de numerosas reinas y princesas a
lo largo de la historia. Ana Bolena, esposa del rey Enrique VIII de Inglaterra; Ana de
Austria, reina de Francia, hija de Felipe III de España y de Margarita de Austria, esposa
de Luis XIII y madre de Luis XIV. Ana de Bohemia, de sobrenombre "la Buena
Reina", hija del rey de Bohemia, Carlos IX de Luxemburgo y esposa del rey Ricardo
II de Inglaterra. Ana de Bretaña, reina de Francia, hija del duque de Bretaña Francisco
II y de Margarita de Foix, casada con Carlos VIII de Francia, del que enviudó, casándose
después con Luis XII. Ana de Cleves, cuarta esposa de Enrique VIII de Inglaterra; Ana de
Chipre, duquesa de Saboya; Ana de Dinamarca, reina de Escocia; Ana de Francia; Ana de
Rusia y muchas más Anas. Un nombre que no ha parado de hacerse grande y del que hay que
felicitarse.