FEDERICO

"Príncipe de la paz", es el significado de este bello nombre de origen germánico. Su forma antigua es Fridureiks, en que el primer elemento, Fridu, significa "paz" y el segundo, reiks, significa príncipe. Es comprensible que precisamente en los países germánicos, donde era más directamente comprensible el significado de este nombre, haya sido tan apreciado por reyes y emperadores. El propio nombre constituye de por sí toda una filosofía, todo un programa del poder: "príncipe de la paz". No tardó en adquirir este nombre un gran prestigio, por lo que se extendió por todos los países de la cristiandad, manteniendo su máxima popularidad en los países anglosajones, donde es muy popular el hipocorístico Fred.

San Federico de Utrecht, obispo y mártir, nació en esta misma ciudad a finales del siglo VIII. Fue educado por el obispo san Sigfrido, que una vez completados sus estudios eclesiásticos le ordenó sacerdote. A la muerte del santo prelado, tanto el clero como el pueblo decidieron que nadie como Federico sería capaz de seguir el camino emprendido por el obispo Sigfrido. La humildad del joven clérigo fue el único obstáculo que tuvieron que salvar. Tuvo que continuar la moralización del clero, ardua y espinosa labor que había iniciado su predecesor. Especialmente en la isla de Walcheren (mar del Norte) habían llegado a la más burda inmoralidad. La tenacidad y sobre todo el buen ejemplo de Federico pudo más que la depravación. Tuvo que luchar también contra los arrianos de Frisia, que volvieron al seno de la Iglesia. El humilde obispo tuvo que sacar fuerzas de flaqueza y luchar en todos los frentes que tenía abiertos. Reprendió a la emperatriz Judit, segunda esposa del emperador Luis, por considerar incestuosa esta unión. Un día en que estaba celebrando una misa de acción de gracias tras una visita pastoral por toda la diócesis, entraron en la iglesia dos asesinos que acabaron con él. Nunca se supo qué mano oculta movió a los verdugos. Ocurrió esto el 18 de julio del 838, fecha en que celebran los Federicos su onomástica. Otros santos de este nombre celebra la Iglesia el 4 de agosto, el 4 y el 30 de septiembre, el 29 de noviembre y el 19 de febrero.

Mucho más abundantes y deslumbrantes son los Federicos que han regido el destino de los pueblos. El legendario Federico I Barbarroja, emperador romano - germánico (1122-1190) abre la lista. En Austria destacan Federico II el Hermoso y Federico IV el de la bolsa vacía. En Prusia, Federico Guillermo I, el Rey Sargento y Federico II el Grande. En Dinamarca y Noruega fueron nueve los Federicos que reinaron. En Sajonia, Federico I el Pendenciero, Federico II el Plácido, Federico III el Prudente. Y más Federicos en Sicilia, en Suecia, en Turingia (I el Jovial, II el Grave, III el Valiente, IV el Pacífico), en Groenlandia.

Es patente, por esta lista inacabable de grandes Federicos, la importancia que ha tenido este nombre a lo largo de la historia. Un espejo de múltiples aristas en que pueden elegir imagen los que con ellos comparten nombre, sin olvidar el santo patrón que ofrece la imagen humilde, a la vez que valiente. ¡Felicidades!

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