Gerencia en Acción  REFLEXIONES DICIEMBRE 2003    Chichí Páez

“El gerente, más que nadie, necesita interiorizarse, recogerse, salirse de la cárcel de la oficina, de la trampa de la operación de veinticuatro horas, de la fábrica de papeles que él mismo ha construido; y verse a sí mismo” M. Barroso

Este es el último espacio de Gerencia en Acción por este año y siempre ha pretendido el autor del mismo tratar de estimular un proceso de reflexión que contribuya a que cada día se formen más y mejores personas. 

En este período que está pronto a finalizar un año más, mucha gente piensa en forma retrospectiva de su actuación y una gran mayoría se hace muchas preguntas acerca de su calidad de actuación. Los valores sociales en los países industrializados están muy ligados al éxito, en consecuencia un porcentaje considerable de la población tiene un comportamiento asociado con el logro y la excelencia. En dichos países las inquietudes y sus consecuentes respuestas obedecen a un proceso de retroalimentación,  tendente a mejorar substancialmente  su estilo de vida. Mientras que en los países en vías de desarrollo los principios y valores están muy separados del éxito y en vez de ese objetivo, la norma del comportamiento es evitar el fracaso, que nunca significa conseguir el éxito. En consecuencia la pregunta que normalmente surge en los procesos intelectuales de los pobladores de estos países  y que  puede conducir a un proceso de reflexión es la siguiente: ¿Cuántas veces nos ha pasado que sólo después de fracasar reiteradamente reconocemos la necesidad de cambiar? Siendo la respuesta lógica a dicha inquietud la siguiente: “Si se pretende cambiar, se tiene que desarmar la estructura de significación, es decir modificar las conductas y valores propios”. Por tal motivo se debe alterar el sin número de interacciones recurrentes que los generan. 

Los actores del contexto social de comienzos del presente siglo, han quedado involucrados en un proceso de transformación debido a cambios: en los componentes esenciales de esta aldea planetaria, en la economía, en las costumbres sociales, que se aceptan o no, que gusten o no guste, se están produciendo y, tal vez la mejor conducta es aceptarlo y adaptarse armónicamente a ellos. Es imposible imposibilitar esos cambios en el entorno y mucho menos cambiar su curso. Sólo  se pueden estimular cambios interiores de las personas, cambios psicosociales, tanto en los modelos mentales, como en el dominio personal, es decir en la estructura y el funcionamiento de los procesos intelectuales. En otras palabras las personas necesitan cambiar interiormente y efectuar cambios psicológicos y comportamentales, para que puedan funcionar en armonía con los cambios del mundo exterior. Muchas personas perciben el proceso de cambio como un obstáculo, algo indeseable y perturbador. 

Bajo estas perspectivas un alto porcentaje de la gente frente a los procesos de cambios, se hacen entre otras las siguientes preguntas: ¿Cómo lograr que sea percibido como una oportunidad llena de posibilidades de desarrollo y no como algo adverso al propio proyecto de vida personal? ¿Cómo construir a nivel del grupo familiar y más cercanas amistades, conocimientos, comprensiones y habilidades para un mejor desenvolvimiento en el mundo emocional, social, laboral  y en el que les corresponderá desenvolverse en escenarios futuros? Es importante señalar lo siguiente: ¡que todo proceso de cambio implica un sentimiento de pérdida! 

Las personas debido al uso en demasía de su  “cerebro reptil” suelen entrar en un proceso de cambio más o menos contra su voluntad, es decir, un poco “incitados” por cambios exteriores, que perciben pero no aceptan. Cuando esto ocurre, experimentan un sentimiento de “pérdida”  en su mundo emocional, y muchas veces también en los escenarios familiares, empresariales o institucionales. Este sentimiento de pérdida está íntimamente relacionado con los usos  y costumbres personales. Pero, si estas pérdidas se administran inteligentemente, pueden ser convertidas en oportunidades de desarrollo emocional, familiar, social y productivo. 

En la medida que las personas estén más arraigadas a sus usos y costumbres todo cambio es percibido como algo doloroso e innecesario.  Al fin y al cabo, en la mente de las personas que tienen un modelo mental convencional y por supuesto clavado en el pasado, está muy arraigada la convicción de que: “más vale malo conocido que bueno por conocer”. 

Bajo este nuevo escenario globalizado y tendente a transformarse en gente de calidad, el proceso de reflexión de estos tiempos navideños debería de dar respuestas a las siguientes preguntas formuladas por el Dr. P. Drucker: ¿Quién soy? ¿Cuáles son mis aptitudes? ¿Cómo trabajo? ¿Dónde debo estar? ¿Cuál es mi aporte? Completando este proceso intelectual reflexionario con las siguientes visiones futuristas: mejorar cada día más la responsabilidad por las relaciones y planificar la segunda mitad de su vida. 

Terminando este espacio haciendo votos por un 2004 pleno de bienestar, logros y renovadas oportunidades y sobre todo mucha paz y unión; recordándoles que: ¡LAS PERSONAS MÁS FELICES NO SON LAS QUE MÁS TIENEN;  SINO LAS QUE MENOS NECESITAN!

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