ACTUALIDAD                            FIRMAS                         Mariano Estrada 



DÍA DE TODOS LOS ¿MUERTOS?

Los coches van en tromba a los cementerios, pero se quedan en las inmediaciones, en aparcamientos habilitados con precipitación. Después de todo, los coches sólo van a los cementerios una vez al año ¿Para qué un aparcamiento fijo? Los coches no saben que muchos de los muertos que hay en los cementerios proceden de accidentes de tráfico. Coches y motos. Claro que ni los coches ni las motos son culpables de la desgracia.

La culpa la tenemos los conductores que conducimos bajo los efectos del alcohol y de las drogas, a veces bajo el efecto de la chulería y de la gilipollez, que tenemos unas prisas injustificadas y, sin saber bien las razones, corremos mucho más de lo necesario. La culpa la tienen los fabricantes que dotan a los vehículos de capacidad para desarrollar velocidades superiores a las permitidas. La culpa la tienen las administraciones que se lo permiten hacer y luego se empeñan en impedirlo recurriendo a prohibiciones que no siempre dan resultados, salvo el puramente recaudatorio. La culpa la tiene la sociedad, en general, o sea todos nosotros, que no tomamos conciencia de que los accidentes de circulación son la primera causa de muerte, por encima del sida y del cáncer.

Es muy posible que mientras escribo estas notas haya unos cuantos accidentes de circulación en los que ciertas personas hayan perdido la vida. Algunas de ellas, quizás, se dirigían a los cementerios donde acaso tienen algún familiar que, precisamente, había muerto en accidente de circulación.

Sé que es muy duro hacer estas reflexiones justamente hoy, pero también sé que esto es así y que va a seguir siéndolo durante muchos años. Acaso sólo cambie una cosa: que el número de cadáveres va a ser cada día mayor.

Por lo demás, hoy es un buen día para reflexionar, junto a los muertos y la muerte, sobre la velocidad que en términos generales ha tomado la vida. Por lo que a mí respecta, creo que estamos corriendo mucho más de lo que sería razonable. Y no me refiero solamente al coche o a la moto, me refiero sobre todo a aquello en lo que está implicado el espíritu, porque me da la impresión de que pasamos sobre las cosas sin verlas, sin tocarlas, sin olerlas, sin oírlas, de que los caminos por los que vamos acaban en precipicios sin esperanza, de que coqueteamos irremisiblemente con el vértigo y con el infarto.

Mariano Estrada


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