TEODORO

Es un nombre griego, formado por las palabras qeoV (Zeós; transcrito Theós), que significa Dios, más dwron (dóron), que significa "regalo", "don". Con lo que el valor del nombre completo es "don de Dios". Es el mismo que ordenados los elementos inversamente: Doroteo, más frecuente en femenino: Dorotea. Ha sido este nombre sumamente valorado, tanto en el paganismo como en el cristianismo, por lo que se ha prodigado mucho, sobre todo en el imperio bizantino. Más de una decena de santos con este nombre registran los santorales orientales. Aquellos cuyo culto más se ha extendido en la cristiandad, son:

San Teodoro, soldado romano que servía en las filas del emperador Antonino. Era, además de buen soldado, pundonoroso y bravo. Pero era al mismo tiempo un cristiano convencido. Como soldado tenía que participar en los actos oficiales de culto a los dioses, lo que se negó a hacer desde que recibió el bautismo (a mediados del siglo II). Sabedor el prefecto de la actitud de rebeldía de Teodoro, le mandó azotar cruelmente; pero no le doblegó. Desairado el prefecto, mandó arrojarlo a un horno encendido, del que salió ileso. Al ver este prodigio Dionisio y Privado, que así se llamaban los soldados que hacían la guardia en el horno, se convirtieron a la fe cristiana, por lo que fueron también ellos prendidos y junto con Felipa, la madre de Teodoro, fueron primero torturados cruelmente y luego rematados. Ocurrió esto en Perga de Panfilia.

San Teodoro, diácono cristiano que defendió la fe y dio por ella su vida. Fue en tiempos del emperador Trajano, que hizo publicar los edictos por los que se abría de nuevo la veda contra los cristianos. Teodoro, diácono, y Alejandro, obispo, que predicaban juntos el Evangelio, lo hacían a cara descubierta, sin temer a los perseguidores. Hasta que un día, mientras predicaban en una plaza pública, fueron prendidos y torturados, y arrojados al fuego, donde murieron alabando a Dios. La fiesta de ambos se celebra el 17 de marzo.

Dos Papas llevaron también este nombre: Teodoro I (m. 649) tuvo que luchar duramente contra el monotelismo, herejía que producía estragos en la iglesia de oriente. Gracias a su energía consiguió frenar el avance de los herejes, dejando el camino preparado a su sucesor San Martín I. Y Teodoro II, cuyo papado duró tan sólo veinte días, pero resolvió graves problemas que le había dejado su antecesor, Esteban VII. Pacificó al clero, que había quedado muy dividido y restituyó en sus cargos a los que habían sido destituídos en el anterior pontificado. Murió en diciembre del 897.

Dos zares de Rusia, un emperador griego, dos príncipes de Misitra, varios filósofos, retóricos, monjes, clérigos y obispos, escultores y pintores, completan el elenco de Teodoros, todos ellos orientales, que por su celebridad han merecido el honor de las enciclopedias. El nombre es bello también en Occidente. ¡Felicidades!