ÁGUEDA

Este nombre tiene también la forma de Ágata, que coincide con el de una piedra preciosa. Procede del griego agaqh (Agazé): "buena, noble, bondadosa".

Santa Águeda (forma hispana) o Santa Ágata (forma latina) nació en Italia el año 230. (Las ciudades de Palermo y Catania se disputan el honor de ser la cuna de la santa.) Era hija de una noble familia cristiana (en un entorno pagano) y como tal fue educada por sus padres, y ya desde niña tomó la resolución de renunciar al matrimonio y dedicar su vida a Dios. Su posición social y su hermosura hacía que los jóvenes de las más encumbradas familias se fijaran en ella y la pretendieran. Pero eso no hacía cambiar su determinación. Mas he aquí que vino a enamorarse perdidamente de ella Quinciano, el gobernador de Sicilia, quien despechado porque no conseguía plegarla a sus deseos, ordenó que fuese llevada a una casa de prostitución, para ver si viviendo en ese ambioente conseguía inclinarla a los placeres de la carne. Pero no hubo manera, así que el libidinoso gobernador ideó una estratagema: le propuso que si no le aceptaba, tendría que renunciar a su religión. Y ägueda le contestó valientemente que ni una cosa, ni otra. La sometió a toda clase de torturas: la pusieron en el potro del tormento, la apalearon, rasgaron sus carnes con garfios de hierro, quemaron sus costados con planchas de metal candentes, y por fin le arrancaron los pechos. Encerrada en el calabozo, se le apareció el apóstol San Pedro, que la curó totalmente.. Volvió el gobernador a martirizarla, esta vez tendiéndola sobre carbones encendidos. Mientras esto ocurría, tembló violentamente la tierra, muriendo entre las víctimas del terremoto Silvino y Falcón, acusadores de Águeda; pero la santa, no murió. Temeroso Quinciano por el prodigio, no quiso seguir torturándola, por lo que la devolvió a la cárcel, donde murió el 5 de febrero del 251. La iconografía y la literatura se han ocupado asiduamente de ella. Su culto se extendió por toda la cristiandad.

Águeda. Así se llamaba, a decir de algunos historiadores, la esposa de Alfonso VI de Castilla, supuestamente inglesa e hija de Guillermo I el Normando y de Matilde de Flandes. Parece que Águeda no llegó a vivir en compañía de Alfonso VI porque, aunque el matrimonio se celebró por poderes en 1067, a la princesa Águeda le repugnó siempre ese enlace; tanto que murió en el camino que había emprendido hacia España para unirse con su esposo. Murió del vacío tan hondo de amor que aquella unión forzada le produjo.

Ágata, nombre de una piedra preciosa, llamada también sardónica, fue muy estimada por los antiguos. Era la segunda piedra preciosa del tercer orden de las que decoraban el racional del sumo sacerdote hebreo. La Apoteosis de Napoleón I y el Sello de Miguel Ángel son dos muestras de trabajos finísimos realizados en ágatas. Los antiguos atribuían a esta piedra la virtud de fortificar el corazón, preservar de la peste y curar las mordeduras del escorpión y de la víbora. ¿Qué más se le puede pedir a un nombre? ¡Felicidades!