LA ARDILLA Y EL CABALLO

Mirando estaba una ardilla
a un
generoso alazán,
que dócil a espuela y rienda,
se adiestraba en galopar.
Viéndole hacer movimientos
tan veloces y a compás,
de aquesta suerte le dijo
con muy poca cortedad:
"Señor mío,
de ese brío,
ligereza
y destreza
no me espanto
que otro tanto
suelo hacer, y acaso más.
Yo soy viva,
soy activa,
me meneo,
me paseo,
yo trabajo,
subo y bajo
no me estoy quieta jamás."

El paso detiene entonces
el buen potro, y muy formal
en los términos siguientes
respuesta a la ardilla da:
"Tantas idas
y venidas,
tantas vueltas
y revueltas
(quiero, amiga,
que me diga),
¿son de alguna utilidad?
Yo me afano;
mas no en vano.
Sé mi oficio,
y en servicio
de mi dueño,
tengo empeño
de lucir mi habilidad."
Conque algunos escritores
ardillas también serán
si en obras frívolas gastan
todo el color natural
.

Tomás de Iriarte, fabulista literario, (1750-1791)