San Alejo nació en Roma hacia el año 350. Hijo de una de
las familias más ricas de Roma, su padre era el senador Eufeniano, y su madre la matrona
Aglais. Fue obligado a casarse contra su voluntad, por lo que el mismo día de la boda,
después de la ceremonia y el banquete, huyó a Edesa, donde vivió mendigando. Las gentes
de Edesa le tenían por santo y le socorrían cristianamente. Las privaciones en que
vivía deterioraron mucho su aspecto, de manera que estaba irreconocible. Por eso cuando
les pidió limosna a unos criados de su padre que andaban buscándole, no le reconocieron.
Esto le animó a volver a Roma, a casa de sus padres, a quienes añoraba. En efecto, allí
se presentó suplicando: "Tened piedad de este pobre de Jesucristo y permitid que se
albergue en un rincón de vuestro palacio". Le fue concedido y como nadie le
reconoció, allí vivió olvidado de todos, sufriendo alimentarse de las sobras y de los
insultos de los criados. Dormía en el suelo y se dedicaba a la oración. Cuenta la
leyenda que estando Eufeniano en la misa que celebraba el papa Inocencio I, oyó una voz
que le decía: "Acaba de expirar el siervo de Dios, es grande su poder, murió en
casa de Eufeniano". En efecto, cuando volvió a casa lo halló muerto y pudo
reconocer que se trataba de su hijo por un pergamino que llevaba en la mano. Su fiesta se
celebra el 17 de julio. La de San Alejo Falconieri (uno de los 7 fundadores de la Orden de
Siervos de María) se celebra el 17 de febrero, y la de San Alejo Ou Syei-Hpil, mártir,
se celebra el 20 de septiembre.
San Alejo obispo ruso (1293-1378), tercer metropolitano de
Moscú. Ingresó a los 16 años en un monasterio. Adquirió gran fama por su santidad y
ejerció notable influencia sobre los príncipes rusos, desde Iván Kalitá hasta Dmitri
Ivánovich. Apaciguó los conflictos entre las casas rivales, salvaguardando la
supremacía de Moscú. Curó milagrosamente la ceguera de la hija del kan de la Horda de
Oro, por lo que adquirió entre los tártaros un prestigio que canalizó hacia los
intereses rusos. La iglesia ortodoxa le ha proclamado como uno de los patrones de Rusia.
El elenco de Alejos que hicieron historia es considerable.
Empezando por los cinco emperadores bizantinos que con este nombre reinaron en el imperio
romano de Oriente desde el año 1081 hasta el 1204, continuando con otros cinco Alejos en
el imperio de Trebisonda, desde el 1204 hasta el 1458, y concluyendo en el gran Alejo
Mijáilovich (1629-1676) uno de los mayores zares de Rusia, cuyas fronteras extendió
desde el Cáucaso, al mar Caspio y por el norte de Asia, hasta el Pacífico. Entre todos
ellos han contribuido a dar prestigio a un nombre significativo y con buenos valedores en
el cielo. ¡Felicidades!