SEVERO
Procede del latín, severus, que
unos etimologistas hacen venir de verus, que significa verdadero, auténtico, sin
engaño; y otros prefieren hacerlo proceder de saevus, cualidad de los animales
combativos, que significa salvaje, bravío, rudo, riguroso, austero, severo. De él
derivan Severiano y Severino como formas masculinas; y como femeninos, menos frecuentes,
Severa, Severiana, Severina.
Este nombre nace en la dinastía romana de los Severos
(193-235) comprende al emperador Septimio Severo, quien hizo construir en Gran Bretaña la
muralla que lleva su nombre, para detener las invasiones de los caledonios. Se extendía
de un mar a otro y estaba defendida por un foso, torres y fuertes; los emperadores
Caracalla, Geta, Heliogábalo y Severo Alejandro. Este último, que fue adoptado por su
primo Heliogábalo, al que sucedió, merece destacarse por sus asesores, los
jurisconsultos Paulo, Modestino y Ulpiano, aunque ello no le libró de intrigas, revueltas
y asesinatos (como el del jurista Ulpiano), pese a sus reformas jurídicas, financieras y
militares. Fue partidario del sincretismo religioso, mantuvo los privilegios de los
judíos y toleró el cristianismo. Murió mientras combatía en el Rin a los germanos,
tras una rebelión militar dirigida por el oficial tracio Maximino.
San Severo se celebra el 11 de enero, 1
y 15 de febrero, 29 de abril, 8 y 20 de agosto, 1, 15 y 22 de octubre, 6 de noviembre, 2 y
30 de diciembre. El más célebre de ellos, por la biografía con que cuenta, embellecida
por la leyenda, es el que fue obispo de Barcelona a finales del siglo III y principios del
IV. Le tocó vivir la época durísima de las persecuciones de Publio Daciano, prefecto de
la provincia romana de Hispania, que se distinguió por su ferocidad. Tal que ha pasado al
diccionario de la lengua española como nombre común para designar el "ladrón de
niños pequeños, que suele lisiarlos cruelmente para venderlos luego a los mendigos de
profesión, quienes con ellos excitan la compasión pública". Este fue el Daciano
que desencadenó en el primer decenio del siglo IV una feroz persecución en Barcelona.
Huyó Severo al castillo octaviano, pero allí le encontraron los verdugos. Como no le
convenciesen para que adorase a los ídolos ni con azotes ni con nada, los verdugos
tuvieron la ocurrencia de clavarle en la coronilla un clavo bien recio que le traspasó el
cerebro y le ocasionó la muerte. Fue su martirio alrededor del 310.
Severo patriarca de Antioquía
(465-538), y jefe del partido monofisista (que admitía una sola naturaleza en Cristo). Se
instaló en Antioquía en 512, pero lo depuso el emperador Justino en 518, al reinstaurar
la ortodoxia en el patriarcado. Tras la muerte de Justino, y con la protección de la
emperatriz Teodora, recuperó su sede patriarcal, pero fue finalmente anatematizado en el
concilio del año 536.
El santoral y la historia están poblados de
grandes Severos. En la ciencia tenemos al gran Severo Ochoa, premio Nobel de medicina. En
el deporte al gran campeón de golf Severiano Ballesteros. Es un nombre infrecuente, pero
muy noble: por su significado y por sus representantes tanto antiguos como modernos.
¡Felicidades!