HIPERRACIONALES
De la ración hemos pasado a la razón, y ésta nos lleva inexorablemente
a la ración, y así hasta el infinito, en un círculo cerrado del que no somos
capaces de salir. Estamos atrapados en nuestra propia trampa. Al suplantar a la Naturaleza
en la administración de nuestra vida y de nuestra muerte, nos hemos tenido que racionalizar
cada vez más lamentablemente; pero nos sentimos orgullosos de ello.
El racionamiento y la razón no forman parte del cálculo de la
naturaleza. Ésta es la gran especialista en la producción de vida. Y su método de
producción es tan irracional como bello y eficaz. No se plantea nunca, en
absoluto, limitar su producción de vida. Y es tan importante este principio para la
naturaleza, que en todas las especies ha asociado el placer a la reproducción, de manera
que el impulso natural hacia el placer, impulsa hacia la producción de vida. Ninguna
especie está diseñada sobre la base de su autolimitación. Más aún, puesto que todo
viviente vive de otro viviente, es la generosidad (¡de "generare" !) lo
que garantiza la calidad de vida de todos los vivientes. Toda especie es
"tributaria" (es un decir, puesto que no es oneroso) de las especies que de ella
se alimentan. Su forma "natural" de morir -¡y de vivir!- es sirviendo de
alimento a las especies del eslabón superior. Y es el equilibrio entre depredador y
depredado, el que limita la duración e incluso la calidad de la vida. Y tiene calculado
la naturaleza, y las cuentas le han salido espléndidas, que en vez de emplear los mayores
afanes de la vida en huir de la muerte, en lo que hay que emplearlos es en "hacer
vida", que resulta mucho más placentero. La garantía de la muerte es la clave de la
más alta calidad de vida. Irracionalidad llamamos a eso.
Pero como la especie humana no podía vivir en ese sistema tan salvaje, he aquí que se
inventó el suyo, el racional. Estableció sus propias leyes de la vida. La ley
suprema, no morir, de la que nace como corolario la ley de "no vivir"...
sin medida, como los irracionales. Al no haber ningún eslabón superior que limite
nuestra vida, sólo nos quedaban dos alternativas: o limitábamos nuestra reproducción, o
ejercíamos nosotros mismos de eslabón superior, convirtiéndonos en nuestros propios
depredadores (consumidores desordenados) o cultivadores (consumidores disciplinados). Por
las dos alternancias ha pasado la humanidad, y por fórmulas mixtas. Actualmente estamos
en una fórmula mixta: mientras en el segmento más racional de la humanidad se ha
optado decididamente por limitar drásticamente la vida, con el fin de limitar el nivel de
explotación, en el sector menos racionalizado siguen reproduciéndose sin límite, con lo
que se constituyen en presa fácil tanto para la depredación como para la explotación.
Y en cuanto a las otras especies que forman el ecosistema humano, (las que le
sirven de sustento; ésas sí que lo tienen todo bien racionalizado. ¡Así les luce el
pelo! ), la denominación que mejor las define es la de hiperracionales, porque en
ellas se da el más alto nivel de racionalización de la vida. ¡De calidad de
vida!
Mariano Arnal