EULOGIO

El nombre tiene su virtud: viene del griego eu (eu), que significa "buen", "bien", más logioV (lógios), derivado de logoV (lógos) que significa "palabra", "razonamiento", de manera que el nombre en su conjunto viene a significar "el que habla bien", "el buen razonador". Y como si la persona hubiese sido marcada por el nombre, San Eulogio de Córdoba se distinguió justamente por su valentía en defender a los mártires de Córdoba y por la brillantez de su razonamiento.

Se desconoce la fecha de nacimiento de Eulogio, que hubo de ser en el primer cuarto del siglo IX. Hijo de ilustre familia hispanorromana, recibió una esmerada educación y tuvo trato con todas las personalidades de la Iglesia hispana. Estaba llamado a ser el paladín de la lucha contra la intolerancia de Abderramán II y su sucesor Mohammed I contra los cristianos de Córdoba.

Es el caso que el péndulo de la intolerancia se detuvo esta vez en los musulmanes. El califa Abderramán, deseoso de rendir un buen servicio a la fe islámica y de ir aumentando la presión sobre los cristianos para llevarlos al buen camino, acabó provocando una avalancha de martirios voluntarios que estaban creando una gran inquietud en el califato. Eran cada vez más los cristianos y cristianas que deseosos de ganar el cielo mediante el martirio, se presentaban a las autoridades islámicas a confesar su fe; por lo que no les quedaba a éstas más remedio que aplicarles la ley, condenándolos a la pena de muerte, a menudo acompañada de tanto mayores suplicios cuanto más se empecinaban estos mártires voluntarios en confesar su fe. Los débiles sucumbían al tormento y renegaban de la fe. Por eso los verdugos redoblaban las torturas por ver si les hacían abjurar, pero esos eran los menos.

Alarmado Abderramán por esta situación, convocó un concilio de los obispos y metropolitanos de la España sarracena, para que condenasen y anatematizasen a los que se presentaban voluntariamente al martirio. Toda la jerarquía eclesiástica se puso del lado de Abderramán, menos Eulogio y el obispo de Córdoba, Saulo. El concilio no se atrevió a ir ni contra las directrices de Abderramán ni contra la razón tan clara y ardientemente defendida por éstos. Emitió, por tanto, un decreto ambiguo, condenando lo que condenaba el sentido común.

Al morir el año 858 el obispo de Toledo, los prelados de aquella provincia decidieron elegir para ocupar su lugar al valiente defensor de los mártires. No consintió el sucesor de Abderramán, Mohammed I, tal afrenta; sino que antes de que pudiera ser consagrado obispo, lo hizo ejecutar.

Los pocos que llevan hoy este nombre pueden sentirse orgullosos del mismo, tanto por su belleza intrínseca como por la belleza y la gloria que le añadió San Eulogio de Córdoba con su sabiduría y valentía.