LUCIANO

San Luciano, llamado de Antioquía o de Samosata, (235-312) debe su gran renombre al hecho de haber sido el iniciador del arrianismo que tan profundamente conmovió toda la cristiandad (los arrianos se llamaban al principio "lucianistas"). Doctrinas de las que se retractó, lavando con el martirio su inicial desviación hacia la heregía. Nació Luciano en Samosata, quedando huérfano a los 12 años. Para conservar y reforzar la fe que recibiera de sus padres se retiró a Edesa, donde vivió una vida muy austera, dedicándose al estudio de las Sagradas Escrituras, en las que llegaría a ser uno de los hombres más versados de la Iglesia. Al reanudarse la persecución contra los cristianos, Maximino se propuso quitar de en medio a Luciano, porque era un puntal poderosísimo de la fe cristiana. Después de tenerlo 7 años preso, viendo que nunca conseguiría hacerle abjurar de su fe, le hizo pasar por los suplicios del martirio hasta la muerte. Conservamos de él su importante obra exegética.  

El nombre de Luciano tuvo asimismo insignes precedentes, el principal de los cuales fue Luciano de Samosata (125-192), filósofo y jurista griego, que abrió escuela en Atenas, aunque murió como funcionario en Egipto. Su característica más destacada fue que se apartó de todo dogmatismo y de toda escuela (había sido sofista) y propuso en toda su obra la aplicación del sentido común a la filosofía, apartándose de todo dogmatismo y de las extravagancias a que da lugar toda doctrina filosófica cunado se pretende única. Cultivó todos los géneros literarios, siendo el espíritu dominante en su abundantísima obra, la sátira.

Este escritor tuvo mucha influencia en épocas posteriores, incluido el Siglo de Oro de la literatura española, puesto que han llegado hasta nosotros la mayor parte de sus escritos, entre ellos El elogio de la mosca, imitada por Erasmo de Rotterdam en su obra El elogio de la locura, y por Quevedo en muchas de sus sátiras. La fuerza cómica y burlesca de alguno de sus fragmentos han conferido a este autor un carácter de actualidad en todas las épocas, incluida la nuestra.

Cerca de una veintena de veces se repite el nombre de San Luciano en los martirologios. Es digno de destacar San Luciano de Vic, un joven militar romano convertido a la fe por una doncella a la que se propuso seducir. No estando dispuesto a renegar de la fe cristiana, fue condenado a la hoguera. Sus reliquias fueron halladas el año 1050, siendo el obispo de Vic Guillermo de Balsareny.

Gran renombre tuvo en la cristiandad la abadía benedictina de San Luciano de Beauvais, de las más antiguas de Francia. Fue fundada hacia el 540 y cerrada definitivamente durante la revolución francesa.

Un nombre, el de Luciano, que ha acumulado sabiduría y resplandor a través de los muchos y grandes hombres que lo han llevado. ¡Felicidades!