MARCELA

Marte fue una fuente de valor para los belicosos romanos, por eso derivaron de este dios bastantes nombres que, además, gozaron de gran predicamento: Marco, Marcos, Marcial, Marcio, Marción, Marciano (más de 25 santos hay con este nombre), Marcelo, Marcelino, Martín... Y en femenino, Marcia, Marciana (dos santas Marcianas menciona el santoral), Martina, Marcelina, Marcela.

Santa Marcela fue una noble matrona romana del siglo IV. Su mayor gloria es haber sido la iniciadora de la vida monástica femenina en la Iglesia de Occidente. Perdió a su padre cuando era joven. Contrajo matrimonio con un noble romano, pero a los siete meses enfermó y murió su marido, quedando ella viuda. Su madre, Albina, procuró concertarle un nuevo matrimonio; pero Martina había concebido ya el propósito de consagrar su vida al servicio de Dios, por lo que rechazó cuantos pretendientes intentaron cortejarla. Creció en ella tal interés por conocer las sagradas escrituras, que no pudo resistir el deseo de ser instruida por el gran experto en esta materia, San Jerónimo, cuando éste estuvo en Roma. El conocimiento profundo de las Escrituras encendió aún más en ella el deseo de perfección cristiana, por lo que decidió retirarse a vivir en soledad en una casa de campo que poseía cerca de Roma. Conocedora, por San Atanasio, del género de vida que instituyera San Antonio Abad en el desierto de Tebaida, y del monasterio de vírgenes y viudas que allí había fundado y regía San Pacomio, se puso a imitar el traje y el género de vida de estas monjas, siendo ella la primera que abrazó en Roma esta nueva forma de vida, que pronto fue seguida por muchas otras mujeres especialmente viudas. Murió en su monasterio el 30 de enero del 410, en plena desolación por el saqueo con que castigaron la ciudad los bárbaros que entraron en ella con Alarico. San Jerónimo menciona varias veces a Marcela en sus obras, y hace de ella un justo elogio. Su fiesta se celebra el 31 de enero.

Otras cuatro santas con este nombre menciona el santoral romano, que vivieron entre el siglo I y el IX. Los Marcelos que merecieron el honor de los altares llegan a 30. Algunas Marcelas por tradición familiar, y otras por desconocimiento de la importante figura de Santa Marcela, prefieren celebrar su santo por algún San Marcelo.

La comedia en verso "Marcela, o ¿cuál de los tres?" de Bretón de los Herreros, ha contribuido a popularizar aún más este nombre. Se trata de una joven viuda rica y hermosa, amable y simpática, pretendida por tres galanes que se sienten seguros cada uno de ser el elegido. Les da calabazas a los tres con tal galanura, que no se sienten molestados.

Es una fortuna tener un nombre singular, no demasiado corriente, que tiene belleza por sí mismo, y que teniendo el correlativo masculino, puede llevarse y celebrarse independientemente de éste. Santa Marcela es un modelo de audacia femenina en un momento en que eso tenía muchísimo mérito. ¡Felicidades!