Es el femenino de Martín, nombre latino
derivado de Marte, el dios de la guerra, representado en el firmamento por el planeta
rojo. Son del mismo origen Marcial, martes y marzo. Es en Francia uno de los 15 nombres
más popularmente extendidos. En España y en Latinoamérica es también bastante popular,
aunque sin alcanzar los niveles de Francia.
Santa Martina, virgen romana que en tiempos del emperador
Alejandro Severo fue decapitada después de haber soportado con entereza toda clase de
tormentos. Se cuidó de darle sepultura el obispo Ritorio. El papa Antero hizo trasladar
su cuerpo al pie del capitolio, cerca de la cárcel Mamertina, donde fue hallado en 1634.
El papa Urbano VIII hizo construir la iglesia dedicada a Santa Martina al pie del
Capitolio. Se la representa con los atributos de su martirio. Es la patrona de Roma y su
fiesta se celebra el 30 de enero.
La emperatriz de Oriente Martina (590-652) era sobrina del
emperador Heraclio. Al enviudar éste, se casó con él. Este matrimonio levantó entre
los ortodoxos un gran escándalo, pues lo consideraron incestuoso. Consiguió que su
marido la designara como heredera en el testamento, junto con su hijo del primer
matrimonio, Constantino, de manera que le sucedieron ambos en el trono. Todos sus afanes a
partir de ahí fueron colocar en el trono a su propio hijo, para lo cual se deshizo de
Constantino. Pero fue obligada a asociar en el trono a Tiberio, segundo hijo de Heraclio,
de manera que ya eran tres los soberanos del imperio bizantino el año 641. Al año
siguiente fue vencida y desterrada, quedando truncada su ambición de convertir a su
primogénito en emperador.
Pero a pesar de que el nombre de Martina tiene su propia
autonomía y su propia celebración el 30 de enero, son muchas las Martinas que prefieren
celebrar su onomástica el 11 de noviembre, fiesta de San Martín obispo de Tours
(316-397), el que partió en dos su capa para darle la mitad a un pobre. Es el santo
francés por excelencia. Su culto llenó toda la Edad Media y siguió con fuerza en todo
el orbe cristiano hasta nuestros días. De él nace el concepto de "capilla"
(diminutivo de capa) para designar el oratorio privado, por la habitación que destinó
Carlomagno en su palacio para guardar esta preciadísima reliquia del Santo, ante la que
acudían a orar asiduamente los habitantes de palacio y en la que se celebraban las
ceremonias religiosas privadas. Este carácter casi "oficial" del culto a San
Martín, hizo que este nombre adquiriese una gran implantación en Francia, que aminoró
un tanto al convertirse también en apellido en el siglo XII. Simultáneamente se
extendió el nombre de Martina, que desde finales de la segunda guerra mundial ha
aumentado su popularidad.
Tienen las Martinas un nombre de gran solera, rodeado de un aura
de prestigio que le viene de muy lejos y que va en aumento. ¡Felicidades!