VALERO

De la noble estirpe romana de los Valerios, derivan los nombres de Valeriano, Valerio y Valero. Toman el significado del verbo valere, de donde procede también el nombre de Valentín. En todos ellos subyace la idea de valiente, fuerte, eficaz, vigoroso.

San Valero, obispo de Zaragoza, nació en esta ciudad y murió desterrado en Anet (Eure y Loira), el año 315. Su biógrafo, el poeta cristiano-romano Prudencio, nos cuenta que pertenecía a la familia consular de los Valerios. Fue elegido obispo de Zaragoza y alcanzó una larga longevidad. Hubo de resistir, por tanto, durante su episcopado, la persecución de Diocleciano y Maximiano. Pero digno heredero de la tradición de fortaleza de los cristianos, sabiendo como los mártires que le habían precedido, que tan sólo arriesgaba su vida, no dejó nunca de predicar y de reconfortar a los perseguidos. Llegó a oídos de Daciano, gobernador de Hispania, que el obispo Valero y su diácono Vicente andaban predicando a cara descubierta la fe cristiana. Mandó detenerlos y conducirlos cargados de cadenas a Valencia, donde residía. No se arredró Valero ante Daciano; pero éste, que entendía que darles mártires a los cristianos era fortalecer su fe, en vez de debilitarla; y no deseando ensañarse con un pobre anciano, lo condenó al destierro, reteniendo preso en Valencia a su discípulo Vicente. Se retiró, pues, al pueblo de Anet, donde se entregó a la oración. Murió lleno de años y méritos. Su cuerpo fue sepultado cerca de Anet, en el castillo de Strada, de donde fue trasladado a Rota en 1065 y de allí a Zaragoza en 1170 por orden del rey Alfonso II de Aragón. Su fiesta se celebra el 29 de enero.

San Valero, obispo de Langres (Francia). Otro valiente que lo arriesgó todo por defender a sus fieles de las ordas que sitiaban la ciudad (siglo III). Salió el obispo Didier a pedir a los bárbaros que abandonasen el cerco, y su respuesta fue decapitarlo. Los fieles eligieron obispo a Valero y éste, en vistas de que no podrían resistir por más tiempo el asedio, organizó la salida de la población. Estaban ya muy cerca de los montes Jura, cuando fueron alcanzados por los bárbaros, que hicieron una terrible carnicería en los fugitivos. Pero al obispo no quisieron matarlo sin más, sino que le dieron una muerte lenta, que sufrió con valentía.

Valero se ha extendido considerablemente como apellido, representado en todas las disciplinas: en el siglo XIX los Valero dominan el teatro (Antonio, Isidoro, José, Josefa); como pintores destacaron Cristóbal y Maroussia, nacida en San Petersburgo, hija del tenor español Fernando Velero; en la abogacía se significaron Pedro Valero Díaz y Asensio de Pradas y Alberto Valero Martín; como escultor, Fernando Valero; como músico, José Valero; como militares, Antonio Valero y José Valero y Gómez de Malleus; como político, Juan Valero y Soto; y un largo etcétera. Pueden estar orgullosos los Valero de un nombre tan significativo y tan bien representado. ¡Felicidades!