JULIÁN

El origen de este nombre es latino, pues viene de Iulianus, es decir perteneciente a la ilustre familia romana Julia. Onomásticamente ha corrido parejas con el nombre de Julio, que ha acostumbrado a sustituirle desde el siglo XVIII y se ha recuperado el femenino de origen latino Juliana.

San Julián (642-690) Nació en Toledo. Desde niño tuvo por maestro al obispo de aquella ciudad, San Eugenio III , que se tomó su educación con sumo interés y le instruyó tanto en los saberes seculares como en los religiosos. Julián siguió los pasos de su maestro, consagrándose al servicio de la Iglesia. Su gran calidad religiosa y humana hizo que recayera en él la elección para ocupar la sede que dejó vacante la muerte del obispo Quírico. Fue consagrado Julián como arzobispo de Toledo el 29 de enero del año 680. Durante su mandato se celebraron en aquella diócesis los concilios XII, XIII y XIV. Se condenó en este último la herejía de Apolinario y él mismo escribió dos apologías contra esa herejía. Escribió también los Libros de la sexta edad contra los judíos y el Prognosticon. San Julián forma parte del elenco de grandes obispos de la España visigótica que tuvieron una relevancia política decisiva. En los concilios no sólo se resolvían cuestiones de dogma, sino también de derecho. La unificación jurídica de la población hispana que daría lugar al Fuero Juzgo se fraguó en los concilios de Toledo. En la actitud de San Julián respecto a las relaciones con los judíos, más conciliadoras de lo que era habitual, y en su especial dedicación a trabajar por su conversión, tuvo que influir considerablemente el hecho de que él mismo era descendiente de judíos conversos.

San Julián de Cuenca, patrón de esta ciudad, murió el 28 de enero de 1208. Se desconoce la fecha de su nacimiento. Se sabe de él que, después de haber enseñado teología durante algunos años en la universidad de Palencia, quiso retirarse en soledad, por lo que se dirigió a Burgos, a los desiertos de la Demanda, donde había estado anteriormente Santo Domingo de Silos. Pero no pudo durar su soledad, pues fue requerido por los fieles y el clero para ocupar la sede episcopal de Cuenca, que había quedado vacante. El acierto con que dirigió la diócesis y la santidad de su vida, le valieron ser proclamado patrón de la ciudad.

Los santorales conmemoran hasta un total de 35 santos y bienaventurados con el nombre de Julián. Entre los Julianes, es importante destacar el controvertido conde don Julián, gobernador cristiano de Ceuta en los primeros años del siglo VIII. Hasta el siglo XIX cargó con el estigma de traidor. Según esta leyenda, habría entregado Ceuta a los moros, abriéndoles así el paso del estrecho de Gibraltar. La causa de tal conducta sería la venganza contra don Rodrigo, por haber violado a su hija Florinda. La historia es distinta, pero la leyenda entusiasmó a los poetas.

Desde la Gens Julia hasta nuestros días, bien representado está el nombre de Julián. ¡Felicidades!