San Agatón, Papa desde el año 678 al 682. Su pontificado
duró tres años y medio, pero fue decisivo para la Iglesia. Se desconoce la fecha de su
nacimiento, pero por el cotejo de fechas de su biografía, se cree que fue un prodigio de
longevidad y murió a los 107 años. Natural de Palermo (Sicilia), hijo de familia
adinerada, a la muerte de su padre vendió todos los bienes que le tocaron en herencia,
distribuyó entre los pobres el producto obtenido e ingresó en la Orden de San Benito, en
calidad de lego (personal de servicio) en el monasterio de San Hermes, de su ciudad natal.
Llevó una vida que resplandeció por su ejemplaridad, que atrajo multitud de personas de
la jerarquía eclesiástica a pedirle consejo. El Papa Dono consideró que a pesar de no
tener los estudios necesarios, era dignísimo de recibir las órdenes sacerdotales, por lo
que le consagró el año 677, siendo ya un venerable anciano, de edad muy provecta. Muerto
el Papa, fue elegido para sucederle en junio del 678, ocupando el lugar nº 79 en la
sucesión de los pontífices romanos. Le tocó luchar contra la herejía monotelita, para
lo que convocó un concilio en Roma, al que acudieron más de 120 obispos. Condenaron el
monotelismo y prepararon el concilio de Constantinopla. Fue el promotor del canto
litúrgico en Inglaterra, a donde mandó cantores para que lo enseñaran al clero de aquel
país. Consiguió abolir el tributo que exigían los emperadores a los papas en el momento
de su elección. Se le atribuyeron numerosos milagros, por lo que se le conoció con el
sobrenombre de Taumaturgo. Murió el 10 de enero, fecha en que se celebra su
fiesta.
Otros tres santos con el nombre de Agatón menciona el
santoral romano. Uno en Alejandría, exorcista, que sufrió el martirio del fuego; otro en
Sicilia, que sufrió el martirio junto con santa Trifina; el tercero, de Alejandría, que
no pudiendo consentir que fuesen profanados y escarnecidos los cuerpos de los mártires
durante la persecución de Decio, hizo cuanto pudo por darles sepultura, por lo que
concitó contra él la animadversión popular, que lo llevó ante el juez, quien al no
conseguir que renegase de su fe, le condenó al martirio.
El Papa San Agatón es un ejemplo más de cómo a veces el
nombre ejerce un poder decisivo en la persona que lo lleva. Este monge lego que fue
elevado a Papa en un momento delicado de la Iglesia, no por su sabiduría, sino por su
bondad, es un buen espejo en que mirarse. Si a esto le añadimos una lúcida y vigorosa
longevidad, es como para estar esperanzado con su patronazgo. ¡Felicidades!