Procede este nombre de Dalmacia, nombre griego
que corresponde a un país que limita al N. con Croacia, al E. con Bosnia Herzegovina y
Montenegro, y al S. y al O. con el Adriático. Tiene 390 km. De longitud y de 2 a 70 km.
De anchura. Forman parte también de Dalmacia 20 islas, la más septentrional de las
cuales es Alba y numerosos islotes. Habitada en un principio por los dálmatas, pueblo
guerrero afín de los albaneses, pasó por la dominación de los romanos, los godos, los
hunos, los ostrogodos, el imperio bizantino, los croatas, los servios los francos, los
venecianos, los húngaros, los turcos, el imperio napoleónico, el imperio austrohúngaro.
San Dalmacio, archimandrita de Constantinopla en tiempos
de Teodosio el Grande, se dedicó a la milicia en su juventud, formando parte de la
guardia imperial. Su comportamiento como soldado fue siempre acorde con la religión que
profesaba. Pero no sintiéndose satisfecho con la vida que llevaba, quiso dedicarse más
intensamente a la virtud, por lo que se dedicó a una rigurosa vida monástica, llena de
privaciones y de austeridad. Tuvo que luchar duramente contra las herejías que en aquel
tiempo zarandeaban a la Iglesia. Vivió más de 80 años, y murió en 440.
Otros tres santos registra el Acta Sanctorum con este
nombre, de los que hemos de recordar al español San Dalmacio Moner, religioso
dominico nacido en Santa Coloma de Farnés en 1291. Sumamente aficionado al estudio, a él
se dedicó con tesón. Enseñó filosofía en la Universidad de Montpelier durante dos
años, pero le atraía más la vida contemplativa, por lo que se retiró a meditar durante
cuatro años a una cueva. Finalmente Dios se lo llevó consigo en Gerona, el año 1341.
Fue enterrado en el convento de Santo Domingo, de Gerona.
Lo mismo que ocurre con las personas, que solamente impresionan y
agradan a primera vista aquellas que se ajustan a parámetros de belleza convencionales,
conocidos por tanto y reconocidos por todo el mundo; mientras que la belleza de aquellas
que no se ajustan a esos parámetros te cuesta más descubrirla, y una vez descubierta no
estás dispuesto a cambiarla por ninguna de las bellezas convencionales, exactamente lo
mismo pasa con sus nombres: los hay muy conocidos y reconocidos, uno de cuyos valores es
su popularidad, y los hay muy poco conocidos, uno de cuyos valores es precisamente su
exclusividad. Y cada uno ama y aprecia su nombre por razones distintas, igual de válidas
las unas que las otras.
Es el caso de Dalmacio. Un nombre que a primera vista te
sorprende, pero cuando lo conoces, cuando repasas su significado y su historia, descubres
su atractivo y distinción. ¡Felicidades!