COSMOS - MUNDO

No es nada fácil ponerles nombres a las cosas, especialmente cuando tienen infinitas caras e infinitas formas, cuando son resultado de la aglomeración de tantísimos elementos a los que es difícil encontrarles un denominador común.

El caso más extremo es el de la denominación del mundo. Fue trabajo de sesudos filósofos ponerle nombre. Parece que fueron los pitagóricos los primeros en el uso metafórico del término kosmoV (cosmos) para designar el mundo. El significado original de kosmoV es "orden", "correcta disposición", que es lo que percibieron los pitagóricos en el universo. Para ellos todo se reducía a número. Averiguaron que el equilibrio celeste era resultado de relaciones numéricas. Y comprobaron lo mismo en la música, que estudiaron en profundidad. Constataron la relación entre la longitud de las cuerdas de la lira y las armonías resultantes. A partir de ahí establecieron un amplio sistema de analogías que abarcaba la totalidad de la naturaleza e incluso de la conducta humana. Para los pitagóricos el alma era la armonía producida por el cuerpo, y por tanto tenía un complejo valor numérico, como lo tenían la justicia, la bondad, el matrimonio, etc. De hecho los pitagóricos eran filósofos religiosos. Siguieron sus pasos los filósofos poetas: Empédocles, Parménides, Zenón...y Platón. Aristóteles, el gran filósofo racionalista, aceptó esta denominación del mundo, que completó con el adjetivo kosmikoV (cósmico) referido exclusivamente al universo.

La segunda acepción de kosmoV, y derivada de la primera, es belleza, que emana de la armonía, del equilibrio, del orden en que están dispuestas las cosas, de la misma manera que nuestro adjetivo "hermoso" procede del latín formosus, que en rigor se refiere exclusivamente a la forma, de la que se hace derivar la belleza. De ahí la cosmética, que lo que tiene en común con el cosmos es la belleza.

El segundo término, mundo, procede del adjetivo latino mundus -a -um, que significa "limpio", "nítido", y de ahí, por analogía, pulcro, elegante, bello. De este adjetivo deriva el sustantivo polisémico mundus -i, que significa por una parte "ornato femenino", "conjunto de objetos de adorno femenino: joyas, aderezos..." y por otra, "mundo", "universo". Es preocupante, y es una señal de que no somos conscientes del valor de las palabras que empleamos, el hecho de que siendo en español perfectamente reconocibles como contrarias de "mundo" las palabras "inmundo" e "inmundicia", no percibamos que ir dejando por todo el mundo rastros de nuestra inmundicia es una forma de destrucción especialmente negativa, puesto que atenta contra aquello que más admiraron los que nos dejaron en herencia este nombre, y lo que más deberíamos cuidar sus descendientes: la limpieza, sí, tan poco como la limpieza, porque de la misma manera que la suciedad afecta la salud de los seres vivos, la inmundicia que produce nuestra actividad, está afectando seriamente la salud de nuestro mundo.