Es el turno de los vinos llamados genéricamente
espumosos, que han pasado a formar parte ya inseparable de cualquier celebración
importante.
Empiezo por el nombre común: cava. Según los diccionarios, se llamaba así en
el palacio real a la oficina (office, que diríamos ahora) en que se cuidaba del
agua y del vino. "Lugar subterráneo donde se guarda o conserva el vino" define
la Larousse; y la Espasa explica": "del francés cave; galicismo usado
modernamente (esto lo dice en 1911) por algunos cosecheros para designar las bodegas,
generalmente subterráneas, en que se guardan y elaboran ciertos vinos." Actualmente
el valor más difundido de cava es el de "vino espumoso", eleborado
siguiendo unos determinados procedimientos.
Hasta hace unos 10 años, el nombre común de estos vinos era champaña o champán:
pero ésta era una "denominación de origen" referida a la región vinícola de
Champagne, cerca de París, por lo que los viticultores de esa región exigieron que
dejasen de utilizar esa denominación. Al haberla de abandonar, se optó por el nombre cava.
Pasando al nombre propio, hay que señalar que Codorniu es un apellido catalán
cuyo origen es el término latino coturnicem, que da lugar al nombre
"codorniz" en castellano y que en algún momento hubo de tener este mismo
significado en Cataluña. La casa solariega de Sant Sadurní dAnoia (Barcelona), de
donde procede el cava de esta denominación, si bien pertenecía al apellido
Raventós, conservaba y sigue conservando el apellido antiguo Codorniu.
El Codorniu no es sólo un cava, es una cultura. Y eso, que se
percibe a través de la publicidad, a través de sus bellas y opulentas construcciones,
incluídas las interminables galerías subterráneas, a través del propio cava, fue
iniciado por Manuel Raventós y Doménech, agricultor, industrial y escritor. La muerte de
su padre en 1885 le obligó a dejar los estudios universitarios y hacerse cargo de la
industria de vinos espumosos que, fundada por su padre en 1872, estaba en incubación.
Replantó los viñedos filoxerados con variedades de cepas escogidas ya para producir el
cava, consiguiendo que la marca Codorniu en 1890 fuese ya universalmente conocida. Elevó
el cultivo del vino a la categoría de arte y de gesta épica, que difundió en la revista
Resumen de Agricultura y otras varias que fundó con la colaboración de eminentes
viticultores. Escribió varios libros sobre viticultura y agricultura. Compró en Lérida
la finca Castell de Raymat, una vasta extensión árida, que convirtió en un vergel
plantando 400.000 árboles de ribera. El impulso cultural que imprimió a la marca su
fundador, sigue percibiéndose actualmente, sobre todo en el estilo de sus anuncios.
Realmente, el Codorniu es algo más que un cava.