
DARÍO
Es un
nombre persa cuya forma, según los entendidos, es Darayavus, y su significado,
"activo" según unos y "proveedor de sustento" según otros. Cuenta
con toda una dinastía de personajes muy notables que han dado un gran lustre al nombre.
Darío I, rey de Persia (550 - 485 a. de J.
C.), de la dinastía de los Aqueménidas, de la misma familia por tanto que Ciro I.
Sucedió en el reino a su padre Cambises. Ensanchó las fronteras del imperio y lo
administró con gran acierto. Sabemos de sus gestas por las extensas inscripciones en
piedra que todavía se conservan. Su primera conquista fue la de Babilonia. Dividió su
extenso reino en 20 satrapías, el primer modelo de administración racional y regular.
Cuentan que intentó en el istmo de Suez unir ambos mares. Creó el primer cuerpo de
correos, para transmitir ágilmente las noticias de un extremo a otro de su imperio.
Tendiendo un puente de barcas sobre el Bósforo, desplazó hacia Europa un ejército de
700.000 hombres para sojuzgar a los escitas. Sometió Tracia y Macedonia y llegó hasta
Ucrania. Hubo de batirse en retirada ante los escitas. Mucho mejor le fue su expedición a
la India. Luchó contra los griegos y fue derrotado por Milcíades en la batalla de
Maratón. La sublevación de Egipto le impidió vengar esta derrota. Los confines del
imperio persa durante el reinado de Darío, fueron: al N. el mar Negro, el Cáucaso y el
mar Caspio. Al S. el mar de la India, el golfo Pérsico y la península arábiga. Al E. el
Indo, y al O. el Mediterráneo. Durante su reinado apareció Zoroastro (llamado también
Zaratustra), el gran reformador de la religión persa. Murió el 485 a. J. C.
San Darío. Entre los innumerables mártires
que produjeron las persecuciones de los cristianos por parte de los emperadores romanos y
los gobernadores de las provincias, el Santoral recoge, ya al final de este largo período
de persecuciones, en el siglo IV, en Nicea de Bitinia (Isnik), el martirio de Darío y sus
compañeros Zósimo, Pablo y Segundo. Su conmemoración se celebra el 19 de diciembre.
Darío II y Darío III de Persia, junto con Darío
rey de Babilonia contribuyeron a mantener el esplendor que a este nombre había dado
Darío I. Pero quien convierte en dulce música este nombre de valientes guerreros es
Rubén Darío, nuestro gran poeta nicaragüense nacido en 1867. Cultivó la prosa y el
verso. Epístolas y poemas, Himno a Bolívar, Víctor Hugo y la tumba y el arte,
España contemporánea, Todo al vuelo, Epístolas y poemas, Abrojos y Rimas, Azul, Prosas
profanas, el Canto errante, Cantos de vida y esperanza, el coloquio de los centauros,
Canción de otoño en primavera, son algunas de sus obras.
Orgullosos pueden estar los Daríos de llevar un
nombre tan cargado de fuerza y de poesía. ¡Felicidades!