HÁBITAT

 Esta palabra empezaron a usarla en Francia los botánicos y zoólogos a principios de siglo para designar el medio en que se desarrolla y vive una determinada especie de planta o animal. Partiendo del francés habiter retrocedieron al latín habitare / hábitat. La palabra hizo fortuna y se universalizó gracias a su elegancia, no a su precisión.

No siendo producto de la evolución del lenguaje, sino del artificio, conviene examinarla desde una óptica distinta, analizando si se ha conseguido encerrar en ella la realidad que se pretendía denominar. Porque ha sido extraída del contexto "habitación", demasiado humano, para aplicarlo a la zoología y a la botánica.

Vamos al origen: es evidente que habito / habitare es frecuentativo de habeo / habere, que significa tener, poseer, considerarse dueño; de donde el frecuentativo habitare ha de encerrar la idea de estar ejerciendo asiduamente el acto de tener, de poseer. De ahí que analizando el núcleo del hábitat humano, la habitación, caemos en la cuenta de que desde su origen hasta el día de hoy no es exactamente el lugar donde se vive, sino el lugar donde se tiene. Las primeras "habitaciones" humanas no eran más que cercados para guardar la única riqueza que se tenía: los rebaños, llamados en latín pécora, de donde derivará pecunia, que significa dinero.

Y si bien observamos, las casas (en tanto en cuanto el clima lo permite) no son precisamente los lugares en que vivimos, sino más bien los lugares en que guardamos nuestras pertenencias. Los nómadas no son "habitantes" de un lugar en el sentido antiguo de la palabra, porque el "tener" sus propiedades no les obliga a asentarse permanentemente en un lugar, ya que sus bienes son o semovientes o muebles. Son los bienes inmuebles, las tierras y la "habitación" lo que obliga a "habitar". Es el habere lo que obliga a habitare, es el possidere lo que obliga a sedere, a asentarse. Más aún, nuestros antepasados de las cavernas no habían hecho de éstas su "habitación", sino sólo su guarida (tampoco los demás animales "habitan" en las guaridas).

Parece claro que el término hábitat delata una visión antropomórfica de la realidad, la aprisiona en una palabra en la que no cabe. Convierte a vegetales y animales en "habitantes" del medio en que viven. Pero tiene a su favor que al ser una palabra latina (3ª persona singular del presente de indicativo del verbo hábito), ha hecho fortuna porque es percibida como más elegante por estar en latín, y más científica también por estar en latín, y se usa en todo el mundo. ¡Bien por el latín!