Es una palabra que apenas ha cambiado su significado desde que la
pusieron en circulación los romanos. Es un derivado frecuentativo de dico-dicere
(decir) y tal como ocurre en un "dictado", el "dictador" anda
diciendo constantemente lo que hay que hacer, de manera aquello que está ya escrito que
hay que hacer, las leyes, queda en suspenso, no tiene valor. Los romanos inventaron la dictadura
justamente para eso, para que actuase por encima de las leyes. El dictador era el
magistrado supremo que entre los antiguos romanos nombraban los cónsules (el poder
ejecutivo en la República) con la aprobación del Senado, en situaciones de peligro, para
que mandase como soberano absoluto.
Se podían nombrar Dictatores imminuto iure (con derecho disminuido, es decir
para asuntos muy concretos, o Dictatores óptima lege (de óptima ley, es decir con
poderes absolutos). Las dos únicas causas por las que se podían nombrar dictadores
absolutos eran la guerra belli gerendi causa) o la sedición (seditionis
sedandae causa).
El primer dictador lo nombró Roma a los 10 años de la abolición de la monarquía
e instauración de la República. Los partidarios de Tarquino, el último rey de Roma,
levantaron un temible ejército con la intención de restaurar la monarquía. Al negarse
los plebeyos a tomar las armas si no se les condonaban las deudas con que los tenían
asfixiados los patricios, en vista de que se les echaban encima los monárquicos y no
había manera de que se pusieran de acuerdo patricios y plebeyos sobre las deudas, el
Senado promulgó la ley sobre la creación del dictador (De Dictatore Creando) y
confió la dictadura a Tito Largio.
La dictadura tenía una duración limitada: 6 meses. Los dictadores raramente agotaban
el plazo. La dictadura de Cincinato duró 15 días, y la de Quinto Servilio tan sólo una
semana, habiéndoseles dado a todos por igual un mandato de 6 meses. Durante tres siglos
funcionó bien esta institución, hasta que César (habiéndolo ensayado antes Sila) la
transformó en "cesarismo", es decir en dictadura vitalicia. (De hecho fue la
restauración de la monarquía, pero sin el nombre, al que eran alérgicos los romanos).
Lo dejaron en Imperio, que les sonaba mejor. Imperatorera el comandante
supremo del ejército.
Se pudo llegar a esta perpetuación de la dictadura a través de su utilización para
la guerra (Belli gerendi causa). El nombramiento de dictador recaía, naturalmente,
en un general del ejército, al que se le confiaba el summum imperium. Por su
condición de Magister populi (el más encumbrado del pueblo, de hecho su señor) y
de general, concentraba el poder político y el poder militar. El símbolo externo de ese
poder supremo era que lo acompañaban 24 lictores con sus fasces (haces de varas
con una hacha en el centro) . De ahí el término fascismo. Estamos sólo en el
comienzo de la historia de la dictadura.