
ELOY
Este nombre procede de Francia. Su forma
latina es Eligius, de la que procede la forma derivada directamente del latín,
"Eligio". Viene del verbo eligere, que significa "elegir". Es
por tanto un nombre en el que se encierra la idea de "elegido",
"predestinado".
San Eloy (o Eligio) nació alrededor del 590 en
Chatelac, cerca de Limoges. Sus padres pertenecían a una familia anglorromana establecida
en las Galias. Siendo todavía un niño, entró de aprendiz en una orfebrería en Limoges.
En seguida vieron todos que había nacido para orfebre. Por consejo de su maestro se fue a
París, donde conoció al tesorero del rey Clotario II, que andaba buscando un orfebre que
le hiciera al rey un trono tal como él mismo había diseñado. Tenía que ser muy rico y
muy artístico. El tesorero entregó a Eloy gran cantidad de oro y piedras preciosas, para
que no tuviese que limitarse el orfebre por falta de materiales. Hizo no uno, sino dos
tronos, con el material que le habían confiado, con lo cual se ganó Eloy la confianza
del monarca, que llegó a nombrarlo consejero suyo.
Además de buen orfebre y honrado a carta cabal,
Eloy tenía un alma grande y misericordiosa para los pobres. Todo lo que ganaba lo
repartía entre ellos, e incluso llegaba a pasar hambre por remediarles a ellos.
Tal era la fama de buena persona que tenía, que al
fallecer el obispo le insistieron todos para que se ocupase él de los destinos de la
diócesis. Aceptó, pero únicamente a condición de recorrer todos los pasos de la
carrera sacerdotal. Desde su nueva función de obispo continuó haciendo bien a todo el
mundo. Murió el 1 de diciembre del 660
En general, los santos son elevados a la dignidad de
los altares para que sirvan de ejemplo a toda la cristiandad. Algunos, por ejemplo los
mártires, despiertan nuestra admiración, pero los percibimos muy lejos de nosotros; en
cambio, santos como San Eloy, personas sencillas, modestos artesanos, despiertan nuestras
simpatías porque los sentimos mucho más cerca de nosotros. La iconografía, en efecto,
muy abundante, nos lo representa muy cercano a nosotros.
Los que llevan el nombre de Eloy pueden sentirse
reconfortados porque tienen como patrón una bellísima persona con las más importantes
virtudes humanas, resumidas todas ellas en el amor a sus semejantes: un ejemplo muy
atractivo. Pero además cuentan con la belleza intrínseca del nombre, cuya virtud es
considerable. Asimismo, los orfebres y joyeros tienen en su oficio un modelo de calidad
artística y de calidad moral muy digno de imitación. Felicidades a unos y a otros.