Joseph Ratzinger, Benedicto XVI

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BENEDICTUS (XVI) QUI VENIT IN NÓMINE DÓMINI  Mariano Arnal 


BENEDICTO XVI: LA FUERZA DE LA DOCTRINA  Mariano Arnal 

BENEDICTO XVI, OTRO PAPA CATÓLICO Mariano Arnal 


PAPA: ELECCION BENEDICTO XVI ROMPIO LA TRADICION  Guillermo Tribín Piedrahita  

BIOGRAFIA - LIBROS SOBRE BENEDICTO XVI  -  Pensamientos de Benedicto (XVI)

 

Habemus Papam

Joseph Ratzinger, Benedicto XVI

Joseph Ratzinger, Benedicto XVI

BENEDICTUS (XVI) QUI VENIT IN NÓMINE DÓMINI 

Benedicto (XVI) que viene en nombre del Señor. Parece que el Espíritu Santo lo tenía sumamente claro, puesto que con un par de días tuvo bastante para mostrar su fuerza arrolladora. El cardenal Joseph Ratzinger, cuya especialidad es la doctrina cristiana, ha sido elegido sucesor de Juan Pablo II por la mayoría amplísima de los máximos líderes de la Iglesia. En el mismo inicio del conclave, en su homilía de la Misa pro eligendo Papa, salió en tromba con su manifiesto doctrinal. Se perfiló como primer candidato que daba un gigantesco paso al frente. 

Probablemente todos los electores conocían en profundidad la obra doctrinal de Ratzinger, no sólo porque él fue el adjunto de Juan Pablo II para la doctrina, sino porque ahí está su extensa obra (casi un metro de estantería, comentaba gozoso monseñor Blázquez) y ahí estuvo ya desde el Concilio Vaticano II. Es, desde hace casi medio siglo, el mejor referente doctrinal de la Iglesia católica, el máximo teólogo del siglo XX. Y por supuesto, la gran plataforma teológica sobre la que se movieron seguros los pontificados de Pablo VI y Juan Pablo II. 

En fin, el colegio cardenalicio en pleno, profundamente impresionado, igual que la gran mayoría de los fieles, por la vida y muerte de Juan Pablo II, deseosos de prolongar la presencia de este gran Papa en la Iglesia, ha optado por elegir un Papa de continuidad. La iglesia está exultante de alegría, y sus detractores están que trinan. Los que dan lecciones de moral a la iglesia, ya han visto que ésta se cierra al progreso, marcado en la ultramodernidad ética por el aborto y la eutanasia; por la producción de embriones humanos para obtener de ellos materiales y órganos de restauración; por el matrimonio homosexual y por la refundación de la familia a partir de él. Con este nuevo Papa, la iglesia se cierra herméticamente a esa impresionante línea de progreso que tiene boquiabiertas a las religiones, a las culturas y a las civilizaciones. Y al igual que Juan Pablo II le recordará a Europa que no sería lo que es sin su milenaria inmersión en las aguas vivificantes del cristianismo. Que no se puede forjar un proyecto de Europa empeñándose en negar más de mil años de su historia. 

Pues he ahí que el Espíritu Santo, tan arcaizante, ha vuelto una vez más las espaldas al progreso y ha hecho que el ala más derecha del Espíritu Santo, el cardenal de hierro, el teólogo inflexible, sea el que lleve, a saber por cuánto tiempo, el timón de la barca de Pedro. 

Y si no directamente el Espíritu Santo, sí su elegido, se ha empeñado en hacer un largo recorrido por la historia cristiana y ciertamente tormentosa de Europa, a través de los 17 Benedictos que le precedieron (el XIII y el XIV, repetidos). El último, por cierto, Benedicto XV (papa de 1914 a 1922), tuvo que mantener a la Iglesia cerca del pueblo y prudentemente distanciada de sus gobiernos durante la segunda guerra mundial. Ese es el predecesor inmediato en el nombre de nuestro Benedicto XVI. Y como cimiento de esta larga saga de Benedictos, el gran San Benito, fundador de los Benedictinos, uno de los grandes forjadores de la Europa cristiana que se construyó sobre las ruinas del imperio romano. Y en medio nuestro gran Papa Luna, Benedicto XIII, del que procede la castiza expresión española de “mantenerse en sus trece”. Y ahora, Benedicto XVI.


BENEDICTO XVI: LA FUERZA DE LA DOCTRINA 

Efectivamente, así ha sido: en el conclave pesó más la doctrina que el nombre. Pero claro, desde el mismo Concilio Vaticano II, decir doctrina católica es decir Joseph Ratzinger; este nombre ha llenado los anaqueles y las vidas de los que en la iglesia sienten la corresponsabilidad de “conservar el depósito de la fe

Si abrimos el “Catecismo de la Iglesia Católica”, el “texto de referencia” de la fe y la moral católica, “ofrecido a todo hombre que nos pida razón de la esperanza que hay en nosotros y que quiera conocer lo que cree la Iglesia Católica; si abrimos, digo, el Catecismo, encontraremos en él sólo dos nombres propios en relación con su autoría o inspiración: el de Juan Pablo II, que encabeza y firma la Constitución apostólica “Fídei Depósitum” con la que presenta y de hecho prologa el nuevo Catecismo, y el del cardenal Joseph Ratzinger, al que nombra explícitamente el Papa en este documento-prólogo: “En 1986 confié a una Comisión de doce cardenales y obispos presidida por el cardenal Joseph Ratzinger, la tarea de preparar un proyecto del catecismo solicitado por los Padres del Sínodo. Un Comité de redacción de siete obispos de diócesis, expertos en teología y en catequesis, fue encargado de realizar el trabajo junto a la Comisión... El proyecto fue objeto de una amplia consulta a todos los obispos católicos, a sus Conferencias episcopales o Sínodos... 

Ahí está Ratzinger, en la cúspide de la enorme pirámide que fue preciso construir para crear esta magna obra de referencia de la fe católica contando con la colaboración de todos los obispos, que de paso “refleja así la naturaleza colegial del episcopado y atestigua la catolicidad de la Iglesia”

Obviamente el Catecismo de la Iglesia Católica, por su método de redacción tan “católico” y participativo, no podía ir firmado por nadie. Pero está marcado por el sello de su máximo inspirador y coordinador. Y justamente esta forma de redacción hizo que todos los participantes en ella (todos los obispos) estuvieran en comunión doctrinal con su máximo responsable. 

Es que Ratzinger presidió durante 23 años la Congregación para la Doctrina de la Fe. Él fue el responsable máximo en las cuestiones doctrinales, que son el fundamento de la Iglesia. Todas las cuestiones doctrinales, cuya canalización más significativa se hizo con ocasión de la redacción del nuevo Catecismo, todas pasaron por Ratzinger. 

Y esta responsabilidad confiada por la Iglesia al cardenal Ratzinger no era más que el reconocimiento de su ingente talla de teólogo, es decir de especialista en cuestiones doctrinales. Pero esta confianza de la Iglesia en Ratzinger no era gratuita, sino que iba precedida y acompañada por una intensa actividad editorial. Él era y sigue siendo el gran referente de la doctrina católica. 

Benedicto XVI, en su primera misa como Papa ante todo el colegio cardenalicio en la capilla Sixtina, marcó la línea de actuación de su pontificado: básicamente doctrinal. Proseguirá en la aplicación de las directrices del Concilio Vaticano II, trabajará por el acercamiento de las Iglesias cristianas y por el diálogo con las otras religiones. La homilía la pronunció en latín, la lengua oficial de la Iglesia.  

 

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BENEDICTO XVI, OTRO PAPA CATÓLICO 

Desde Juan XXIII hacia acá, el catolicismo ha sido una señal de identidad cada vez más acentuada de la iglesia y de los papas. En Juan Pablo II, este carácter universalista de la Iglesia tuvo su más aparatosa escenificación. Pero no había sólo exhibición: tras las bambalinas se elaboraba cuidadosamente el mensaje. En él estaba la esencia de los viajes. Fueron una auténtica acción misionera, de propagación del mensaje de Cristo por todo el mundo (kaq olon / kaz-ólon = por todo, de ahí “católico”). 

Benedicto XVI, el Papa Ratzinger, en su primera actuación papal, en la misa celebrada en la Capilla Sixtina con todos los cardenales, expuso ya (¡en latín!) el programa catolicista de su pontificado. Y si no era un programa simplemente declarativo, cosa más propia de políticos, podría depararnos grandes sorpresas a corto plazo. Un Papa ya casi octogenario ha de actuar con cierta rapidez, sin alargar los plazos, si tiene un programa que desarrollar. Y por lo que dijo, que se le entendió perfectamente a pesar de decirlo en latín, apostará fuerte por el catolicismo, el ecumenismo o el acercamiento de las iglesias cristianas, que es todo uno. Y no sólo eso: trabajará también en el acercamiento de las religiones entre sí, a partir de lo que todas ellas tienen en común, que no es poco. 

Es un programa de vértigo, que puede abrir el camino a reformas inimaginables en este momento. Un programa que, por otra parte, sólo puede afrontar quien tiene tan sumamente claros los cimientos y las estructuras doctrinales, que no teme (¡nolite timere!) emprender los arduos viajes de acercamiento a las demás confesiones cristianas y a las otras religiones, empezando por las más afines, las monoteístas. 

Sin la menor duda, el Papa Ratzinger tiene toda la Iglesia en la cabeza. Yo diría que incluso todo el cristianismo y toda la religión. Parece evidente pues que el colegio cardenalicio y el Espíritu Santo han confiado a las mejores manos el timón de la nave de Pedro, que no está ni mucho menos en puerto seguro, sino en mar abierto y tormentoso. 

En España mismo, los enemigos de la Iglesia, que cuentan con un enorme poder político y mediático, están decepcionados e irritados con esta elección. Deseaban un Papa menos católico, menos cristiano y menos religioso, más cercano al materialismo científico que dicen y al relativismo y oportunismo moral; un papa a su medida con el que ellos, justamente ellos se sintieran cómodos, ellos que se proclaman anticristianos y dan día sí y día también lecciones de moralidad anticristiana (vamos, lo que antes se llamaba inmoralidad). Y hay que ver el espacio que dedican a predicar su decepción, y por lo visto la de todo el orbe católico, por la elección de un Papa tan contrario al progreso moral que promueven los progresistas. 

Si a los enemigos de la religión no les mueve el amor a la religión, habrá que felicitarse por el vendaval de críticas que lanzan urbi et orbi contra el nuevo Papa. Deseaban un enemigo más blando y sobre todo sensible a los medios. Benedicto XVI no es su Papa; tampoco lo era Juan Pablo II. Su seguridad doctrinal les incomoda, porque ellos son también vendedores de doctrinas.


PAPA: ELECCION BENEDICTO XVI ROMPIO LA TRADICION  

    Los 115 cardenales electores del Nuevo Pontífice de la Iglesia Católica, quizás sin darse cuenta del detalle, rompieron el 19 de abril de 2005 la tradición al designar, en contra de esta, al gran favorito, el cardenal alemán Joseph Aloysius Ratzinger, que será el 265 Papa y el sucesor del más carismático  e infatigable peregrino, Juan Pablo II, fallecido en el Vaticano el pasado 3 de abril.  

    A sus 78 años, el Decano del Colegio Cardenalicio y prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe,  que prácticamente fue la “mano derecha” del anterior Papa, pues durante 24 años le estuvo acompañando en sus tareas evangelizadoras y en la defensa de la tradición y las doctrinas de la Iglesia, escogió el nombre de Benedicto XVI para ejercer su Pontificado bajo el compromiso de “seguir implementando el Concilio Vaticano II (1962-1965), tal como le solicitó Juan Pablo II.  

    Doctor en Filosofía y Teología, prisionero durante la II Guerra Mundial, perseguido por haber desertado del ejército nazi al que fue obligado, contra su voluntad, a vincularse, su ordenación sacerdotal se produjo en 1951 y el año 1977 representó su elevación a los más altos cargos eclesiásticos pues fue designado Arzobispo de Munich y luego Cardenal.  

    El nuevo Pontífice nació el 17 de abril de 1927 en la población alemana de Marktl am Inn, situada en la región meridional de Baviera, en cercanías con la frontera con Austria y sus enemigos –radicales e izquierdista, muchos de ellos de la extrema- le critican “su excesiva ortodoxia”, simplemente porque defiende valores fundamentales de la doctrina católica.  

    Como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Ratzinger ha sido adverso a los matrimonios entre homosexuales, a la misma homosexualidad, al matrimonio de los sacerdotes, al sacerdocio de la mujer y, al igual que el Papa Juan Pablo II, a la ideología comunista.  

    Debe recordarse que la práctica eliminación del comunismo en el mundo se debió, principalmente, a Karol Wojtyla y que el hoy Papa Benedicto XVI fue uno de sus mejores colaboradores en esa misión. De ahí el odio y la animadversión que la izquierda le tiene y lo califique de “Conservador”.  

    En 1981 el Papa Juan Pablo II lo llamó al Vaticano para designarlo máximo director de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que tanto ha defendido durante su vida y por la cual, los mal pensados y los enemigos de la Iglesia, incluso teólogos del tres al cuarto, a los que por fortuna no siguen ni los miembros de sus familias, lo han calificado como un retrógrado.  

    Poseedor de una vastísima cultura y de una gran inteligencia, Benedicto XVI por su larga vinculación con Juan Pablo II, conoce teóricamente todos los entresijos del cargo y, ahora en la práctica, podrá dar los impulsos necesarios para que la Iglesia siga creciendo y para reforzarla en su doctrina y la fe y hacer que los católicos se sientan mucho más vinculados a ella. Además, deberá continuar la amplia obra de su antecesor para la defensa del ecumenismo y para fortalecer los lazos de identidad entre las distintas religiones.  

    “Aunque indigno, por obediencia acepto”, manifestó emocionado el nuevo Papa en el momento en que conoció su elección y en medio del aplauso de los 114 Cardenales que le acompañaban, según informó a la prensa el Arzobispo de Colonia (Alemania), Joachim Meinser, al dar cuenta de algunos detalles de lo ocurrido durante el Cónclave, sin haber violado el “voto de silencio”.  

    El Sumo Pontífice obtuvo, de acuerdo con la misma fuente, “más de los dos tercios de los votos que se requerían para ser elegido” y los logró, tal como sucedió con Juan Pablo II, en la cuarta votación. Fue tal la emoción y sorpresa de Ratzinger al escuchar el resultado que, como indicó Meinser, cuando iban camino a la ceremonia para recibir sus nuevas vestiduras papales,  “parecía perdido”.  

    Mientras millares de fieles y periodistas del mundo entero estaban congregados en la Plaza de San Pedro para conocer si se producía la elección, la chimenea jugó a los prelados electores una “malísima pasada”, porque como lo informó el Cardenal holandés Adrianus Simonis, hubo necesidad de realizar dos intentos para lograr la “fumata blanca”, porque no “lanzaba el humo al exterior”, por lo que “hubo un momento en que toda la Capilla Sixtina se llenó de humo”.  

    En sus dos primeros actos como nuevo Pontífice, ha demostrado que es un ser que se emociona con facilidad pero, por sobre todo, sus expresiones le señalan como una persona que sabe hacia donde va, que está consciente del compromiso que ha adquirido con Dios y con el mundo y que será un leal continuador de la obra de Juan Pablo II, sin duda un Papa que a su carisma unió mucha personalidad y deseos de hacer las cosas bien, defendiendo con tesón, los principales valores éticos y morales de la religión cristiana.  

    Al saludar a los fieles situados en la Plaza de San Pedro, que le ovacionaban y felicitaban por su elección, Su Santidad se describió así mismo como “un humilde trabajador de la Viña del Señor”, añadiendo que le consolaba el hecho que “el Señor sabe trabajar y actuar, incluso, con instrumentos insuficientes y, sobre todo, confío en vuestras oraciones”.  

    Durante la homilía que pronunció el 20 de abril al celebrar su primera misa como Pontífice, el 265 Papa en ocupar la Silla de San Pedro, se refirió a su responsabilidad y dijo ante los Cardenales que “yo también deseo afirmar decisivamente mi compromiso a seguir implementando el Concilio Vaticano II, en continuidad con mis predecesores y en fiel continuidad con la tradición de la Iglesia de 2.000 años”.  

    Uno de los grandes triunfos del anterior Papa polaco fue el de haber “conectado” amplia y cariñosamente con la juventud mundial, a la que reunió siempre por millares durante sus 250 viajes pastorales y con la que departió excelentes jornadas para hacerles ver las excelencias del Evangelio y la necesidad de vincularse más activamente a luchas contra la pobreza, el racismo, la xenofobia, la marginación, la falta de educación, sanidad y vivienda, entre otras.  

    El Papa alemán también tiene en la mira de su Pontificado su vinculación con la juventud, porque sabe que encarna un gran activo en el presente y una gran utilidad en el futuro, y en su homilía se refirió a esta circunstancia afirmando que “pienso particularmente  en los jóvenes. Para ellos, interlocutores privilegiados de Juan Pablo II, va mi afectuoso abrazo y si Dios quiere espero encontrarlos en Colonia con ocasión de la próxima jornada mundial de la juventud. Continuaré dialogando con vosotros, queridos jóvenes, futuro y esperanza de la Iglesia y la humanidad”.  

    Benedicto XVI apenas ha empezado mostrar las “líneas maestras” de su Pontificado y ya comienza a recibir a través de medios de comunicación, las descalificaciones de los radicales y extremistas y de teólogos que han sido apartados de su misión por ineptos.  

    Es lógico que para algunos gobernantes y políticos que están vergonzosamente patrocinando la homosexualidad, el divorcio y la escandalosa adopción de niños por personas del mismo sexo, para convertirlos como ellos en homosexuales, el nuevo Papa no es de su agrado y que cada vez los insultos irán en aumento, pero Benedicto XVI que ha demostrado ser es el más prominente de todos los militantes del catolicismo de hoy y un férreo defensor de la moral, no va a tener en cuenta esos comentarios negativos, al igual que lo hizo el admirable e inolvidable Papa polaco recientemente fallecido.  

    “El favorito, jamás resultará escogido”, señalaba la tradición y Ratzinger la rompió, al igual que destrozó la profecía de San Malaquías, que auguraba para esta ocasión la elección de un Pontífice de nacionalidad italiana. Estas dos circunstancias demuestran que ha roto estereotipos y que los Cardenales lo han considerado idóneo para el más importante cargo de la Iglesia universal.  

    Bajo el nombre de Benedicto XVI será el continuador de la obra de Juan Pablo II, desde luego con su propia impronta, y aunque se le considera, debido a sus problemas de salud y de edad, un “Papa de transición”, su actitud y eficacia de “trabajador en esta Viña del Señor” podrán servirle para marcar un Pontificado lleno de éxito y de beneficios para los más de 1.200 millones de católicos, apostólicos y romanos. Y, dada su clara inteligencia, su vasta cultura y el conocimiento del mundo actual, podrá realizar un Papado de alto calado y trascendencia que, muy seguramente, callará a muchos de los “bocazas” que ahora han hablado de manera tan grosera e irresponsable para referirse a él.

Guillermo Tribín Piedrahita  


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BIOGRAFIA

El Cardenal Joseph Ratzinger nació el 16 de abril de 1927, un Sábado Santo en Marktl am Inn, diócesis de Passau, Alemania; y fue bautizado ese mismo día. En sus memorias, reflexionando sobre el hecho, dice: "ser la primera persona a ser bautizada en el Agua Nueva de la Pascua era visto como un acto muy significativo por parte de la Providencia. Siempre me he llenado de sentimientos de gratitud por haber sido inmerso en el Misterio Pascual de esta manera;...cuanto más lo reflexiono, tanto más me parece apropiado a la naturaleza de nuestra vida humana: aún esperamos la Pascua definitiva, aún no estamos en la plenitud de la luz, pero hacia ella caminamos llenos de confianza."

A Ratzinger se le hace difícil decir cuál es propiamente su pueblo natal. Al ser su padre miembro de la policía rural, era frecuentemente trasladado, y toda la familia con él, así, muchas veces tuvieron que ponerse en camino.

En 1929 la familia Ratzinger se muda a Tittmoning, pequeño pueblo a orillas del río Salzach, en la frontera con Austria.

En diciembre de 1932, debido a la abierta crítica de su padre hacia el nacional-socialismo, la familia Ratzinger se ve obligada a mudarse a Auschau am Inn, al pie de los Alpes.

En 1937 el padre del Cardenal Ratzinger pasa al retiro y se muda con toda la familia a Hufschlag, en las afueras de la ciudad de Traunstein, donde Josef pasaría la mayor parte de sus años de adolescente. Es aquí que inicia sus estudios en el Gymnasium de lenguas clásicas, donde aprende latín y griego.

En 1939 entra al seminario menor en Traunstein, dando el primer paso en su carrera eclesiástica.

En 1943, él y todos sus compañeros de clase son reclutados al Flak (escuadrón antiaéreo), sin embargo, les es permitido asistir a clases tres veces por semana.

En septiembre de 1944, habiendo alcanzado la edad militar, Ratzinger es relevado del Flak y regresa a casa. En noviembre pasa por el entrenamiento básico en la infantería alemana, mas debido a su pobre estado de salud, es exceptuado de buena parte de los rigores propios de la vida militar.

En la primavera de 1945, mientras se acercan las fuerzas aliadas, Ratzinger deja el ejército y regresa a su casa en Traunstein. Cuando finalmente llega el ejército americano hasta su ciudad, establecen su centro de operaciones en casa de los Ratzinger, identifican a Josef como soldado alemán y lo envían a un campo de prisioneros de guerra.
 
En 1943 como miembro del escuadrón antiaéreo de la milicia alemana
 

El 19 de junio de ese mismo año es liberado y regresa al hogar en Traunstein, lo sigue su hermano Georg en julio.
En noviembre, tanto él como su hermano mayor Georg, reingresan al seminario.

En 1947 Ratzinger ingresa al Herzogliches Georgianum, un instituto teológico ligado a la Universidad de Munich.

En 1951, el 29 de junio, Joseph y su hermano Georg son ordenados sacerdotes por el Cardenal Faulhaber en la catedral de Freising, en la Fiesta de los Santos Pedro y Pablo.


En 1955 como conferencista de
teología en Fresig, Alemania Desde 1952 hasta 1959, es miembro de la Facultad de la Escuela Superior de Filosofía y Teología, en Freising.

En 1953 recibe su doctorado en teología por la Universidad de Munich. Relacionado con el doctorado, publica su primer trabajo importante:"Volk und Haus Gottes in Augustins Lehre von der Kirche" (El Pueblo y la Casa de Dios en la doctrina de Agustín sobre la Iglesia). Ratzinger dedica su "Habilitationsschrift" -trabajo original de contribución a la investigación, con la finalidad de habilitarse para la docencia universitaria- a la revelación y a la teología de la historia de San Buenaventura.
 

En abril de 1959 Ratzinger se inicia como Profesor Principal del teología fundamental en la Universidad de Bonn. En agosto de ese año, su padre es convocado a la Casa del Padre. Desde 1962 hasta 1965 asiste a las cuatro sesiones del Concilio Vaticano II en calidad de perito, como consejero teológico principal del Cardenal Frings de Colonia.

En 1963 se traslada a la Universidad de Münster, y en diciembre de ese año, fallece su madre.

En 1966 es nombrado profesor de teología dogmática en la universidad de Tübingen. Su nombramiento es fuertemente apoyado por el profesor Hans Küng . Ratzinger había conocido inicialmente a Küng en 1957 en un congreso de teología dogmática en Innsbruck. Luego de revisar el trabajo doctoral de Küng sobre Karl Barth, dice Ratzinger: "Tenía muchas preguntas que hacerle al respecto de este libro, pues, a pesar de que su estilo teológico no era el mío, lo había leído con placer y el autor me había suscitado respeto, pues su apertura y su rectitud me gustaron bastante. Así se estableció una buena relación de amistad, aún cuando poco después...una seria discusión comenzó entre nosotros acerca de la teología conciliar."

En 1968 un ola de levantamientos estudiantiles barrió Europa, y el marxismo rápidamente se convirtió en el sistema intelectual dominante en Tübingen, adoctrinando no sólo a buena parte de sus estudiantes sino inclusive al cuerpo docente. Siendo testigo de esta subordinación de la religión a la ideología política marxista, Ratzinger anota: Existía una instrumentalización por parte de las ideologías que eran tiránicas, brutales y crueles. Esa experiencia me dejó claro que el abuso de fe debía ser precisamente resistido si se quería mantener el querer del Concilio.

En 1969, desencantado por su encuentro con la ideología radical de Tübingen, se traslada de regreso a Baviera, donde asume un puesto de profesor en la Universidad de Ratisbona. Luego es nombrado Decano, Vicepresidente. Ese año también es nombrado Consejero Teológico de los Obispos alemanes.

En 1972, Ratzinger, von Balthasar, De Lubac y otros lanzan la publicación teológica Communio, une revista periódica de teología católica y cultura.

En marzo de 1977, es nombrado Arzobispo de Münich y Freising, convirtiéndose en el primer sacerdote diocesano que luego de 80 años, asumía el encargo de tan vasta e importante arquidiócesis. Es urgido por su confesor a aceptar el cargo y escoge como su lema episcopal la frase de la carta de Juan, "Cooperador de la verdad", y razona: "Por un lado, me parecía ser la relación entre mi tarea previa como profesor y mi nueva misión. A pesar de todas las diferencias de modo, lo que estaba en juego y seguía estándolo era seguir la verdad, estar a su servicio. Y por otro lado, porque en el mundo de hoy, el tema de la verdad ha desaparecido casi totalmente, pues aparece como algo demasiado grande para el hombre, y sin embargo, todo se desmorona si falta la verdad". Es consagrado el 28 de mayo por el Obispo de Würzburg, Josef Stange. En junio de ese mismo año, es creado cardenal presbítero por el Papa Pablo VI, y recibe el título de S. Maria Consolatrice al Tiburtino. Ese año también, asistió a la IV Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos, en el Vaticano.
Como Arzobispo de Munich y Freising, Alemania

En 1978 participó en el cónclave del 25 al 26 de agosto, que eligió a Juan Pablo I, quien lo nombra enviado especial del Papa al III Congreso Mariológico Internacional, en Guayaquil, Ecuador, del 16 al 24 de septiembre. En octubre de ese año, participa en el Cónclave que elige a Juan Pablo II.
En 1980 Ratzinger es nombrado por Juan Pablo II a presidir el Sínodo especial para los laicos. Poco después, el Papa lo invita a encargarse de la Congregación para la Educación Católica. Ratzinger declina, pues considera que no debe dejar tan pronto su misión en Münich.

En 1981, en noviembre, acepta la invitación del Papa para asumir como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Presidente de la Pontificia Comisión Bíblica y Presidente de la Comisión Teológica Internacional.

El 15 de febrero de 1982 renunció al gobierno pastoral de la Arquidiócesis de Münich-Freising.

En 1983 asistió a la VI Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos, en Ciudad del Vaticano. fue uno de los tres presidentes delegados; miembro del secretariado general, de 1983 a 1986.

En 1985 asistió a la II Asamblea Extraordinaria del Sínodo de los Obispos, Ciudad del Vaticano.

Desde 1986 presidió la Comisión para la preparación del Catecismo de la Iglesia Católica, que luego de 6 años de trabajo (1986-92) presentó el Nuevo Catecismo al Santo Padre.

En 1987 asistió a la VII Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos, en Ciudad del Vaticano.

En 1990 asistió a la VIII Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos, en Ciudad del Vaticano.

En 1991 asistió a la I Asamblea Especial para Europa del Sínodo de los Obispos, en Ciudad del Vaticano.

En 1993 fue elevado a Cardenal Obispo del título de la sede suburbicaria de Velletri-Segni. En 1994 asistió a la Asamblea Especial para África del Sínodo de los Obispos, Ciudad del Vaticano, y a la IX Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos, también en la Ciudad Vaticana.

En 1997 asistió a la Asamblea Especial para América del Sínodo de los Obispos, en Ciudad del Vaticano.

En 1998 asistió a la Asamblea Especial para Asia del Sínodo de los Obispos, en Ciudad del Vaticano.

Elegido vice-decano del Colegio Cardenalicio, el 9 de noviembre de 1998.

Ese mismo año, asistió a la Asamblea Especial para Oceanía de Sínodo de los Obispos, en Ciudad del Vaticano, del 22 de noviembre al 12 de diciembre.

En 1999 fue enviado especial del Papa a las celebraciones por el XII centenario de la creación de la diócesis de Paderborn, Alemania, el 3 de enero.

En octubre de ese mismo año asistió a la II Asamblea Especial para Europa del Sínodo de los Obispos, en Ciudad del Vaticano.


19 de abril de 2005, día en que fue elegido Papa, escogiendo llamarse
Benedicto XVI En noviembre de 2002, el Santo Padre aprueba su elección como Decano del Colegio Cardenalicio.

Hasta la muerte de Juan Pablo II era miembro de la Secretaría de Estado; de las Congregaciones Iglesias Orientales, Culto Divino y Sacramentos, Obispos, Evangelización de los pueblos, Educación católica; así como de los Pontificios Consejos para la Unidad de los cristianos y del de Cultura; de las Comisiones para América Latina y Ecclesia Dei.

Recibió por encargo del Santo Padre, la reflexión del Via Crucis durante la Semana Santa de 2005.

Fue elegido Papa el 19 de abril de 2005, convirtiéndose en el Pontífice número 265, susesor de Juan Pablo II \"El Grande\". Escogió el nombre de Benedicto XVI.

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Pensamientos de Benedicto (XVI)

Relativismo

«El relativismo se ha convertido en el problema central de la fe en la hora actual. Sin duda, ya no se presenta tan sólo con su vestido de resignación ante la inmensidad de la verdad, sino también como una posición definida positivamente por los conceptos de tolerancia, conocimiento dialógico y libertad, conceptos que quedarían limitados si se afirmara la existencia de una verdad válida para todos. A su vez, el relativismo aparece como fundamentación filosófica de la democracia. Ésta, en efecto, se edificaría sobre la base de que nadie puede tener la pretensión de conocer la vía verdadera, y se nutriría del hecho de que todos los caminos se reconocen mutuamente como fragmentos del esfuerzo hacia lo mejor; por eso, buscan en diálogo algo común y compiten también sobre conocimientos que no pueden hacerse compatibles en una forma común. Un sistema de libertad debería ser, en esencia, un sistema de posiciones que se relacionan entre sí como relativas, dependientes, además, de situaciones históricas abiertas a nuevos desarrollos. Una sociedad liberal sería, pues, una sociedad relativista; sólo con esta condición podría permanecer libre y abierta al futuro».
Conferencia en el encuentro de presidentes de comisiones episcopales de América Latina para la doctrina de la fe, celebrado en Guadalajara (México). Noviembre 1996.)

Clonación:

«El hombre es capaz de producir en laboratorio otro hombre que por tanto no es ya don de Dios o de la naturaleza. Se puede fabricar y, lo mismo que se fabrica, se puede destruir». Si este es el poder del hombre, entonces «se está convirtiendo en una amenaza más peligrosa que las armas de destrucción masiva».
Debate en el Centro de Orientación Política de Roma. Octubre 2004.


Cristianos y Musulmanes:

«Se ha dicho que la Constitución europea no podía hablar de las raíces judeocristianas para no ofender al Islam. Pero lo que ofende al Islam es el desprecio de Dios, la arrogancia de la razón que provoca el fundamentalismo».
Debate en el Centro de Orientación Política de Roma. Octubre 2004.


Laicismo y Razón:

«El laicismo es una ideología parcial, que no puede responder a los desafíos decisivos para el hombre. Baste pensar en los daños producidos por el comunismo o por el desarraigo del tejido moral de los antepasados en los pueblos africanos, víctimas de la guerra y del SIDA».
«La razón no es enemiga de la fe, al contrario. El problema es cuando hay desprecio de Dios y de lo sacro».
Debate en el Centro de Orientación Política de Roma. Octubre 2004.


Marxismo

«La doctrina de salvación marxista, en definitiva, había nacido en sus numerosas versiones articuladas de diferentes maneras, como una visión única y científica del mundo, acompañada por una motivación ética y capaz de acompañar a la humanidad en el futuro. Así se explica su difícil adiós, incluso después del trauma de 1989».
«Basta pensar en lo discreta que ha sido la discusión sobre los horrores de los \"gulags\" comunistas, y en lo poco que se ha escuchado la voz de Alexander Solzjenitsin: de todo esto no se habla».
«El silencio ha sido impuesto por una especie de pudor. Incluso se menciona sólo de vez en cuando al sanguinario régimen de Pol Pot, de pasada. Pero ha quedado el desengaño, junto a una profunda confusión. Ya nadie cree hoy en las grandes promesas morales».
«El marxismo se había concebido en estos términos: una corriente que auspiciaba justicia para todos, la llegada de la paz, la abolición de las injustificadas relaciones de predominio del hombre sobre el hombre, etc.», afirmó.
«Para alcanzar estos nobles objetivos se pensó en que había que renunciar a los principios éticos y que se podía utilizar el terror como instrumento del bien. En el momento en el que todos pudieron ver, aunque sólo fuera en su superficie, las ruinas provocadas en la humanidad por esta idea, la gente prefirió refugiarse en la vida pragmática y profesar públicamente el desprecio por la ética».
Extracto de «Introducción al cristianismo». Este libro presenta algunas de las clases que ofreció cuando era profesor de Teología en Tubinga (Alemania) en 1967.


Control poblacional

«Hay un miedo a la maternidad que se apodera de una gran parte de nuestros contemporáneos. En este miedo a la maternidad hay algo profundo: el otro se convierte en la competencia que quita una parte de mi vida, una amenaza para mi ser y para mi libre desarrollo. Hoy no hay una filosofía del amor sino sólo una filosofía del egoísmo».
«Se rechaza como visión idealista la posibilidad de poderme enriquecer simplemente en la entrega, de reencontrarme a partir del otro y a través de mi ser para el otro. Justamente aquí se engaña al hombre. Se le desaconseja amar. En definitiva, se le desaconseja ser hombre».
Diario Avvennire. Septiembre 2000

Oración

«Pensamos que la oración es algo intimista. Ya no creemos tanto, según me parece, en el efecto real, histórico de la oración».
«En cambio debemos convencernos y aprender que este compromiso espiritual, que une el cielo y la tierra, tiene una fuerza interior. Y un medio para llegar a la afirmación de la justicia es comprometerse a orar, porque de esta manera se transforma en una educación mía y del otro para la justicia. Debemos, en resumen, reaprender el sentido social de la oración».
Belluno, Italia. Octubre 2004

New Age

«La reedición de religiones y cultos precristianos, que hoy se intenta con frecuencia, tiene muchas explicaciones. Si no existe la verdad común, vigente precisamente porque es verdadera, el cristianismo es sólo algo importado de fuera, un imperialismo espiritual que se debe sacudir con no menos fuerza que el político. Si en los sacramentos no tiene lugar el contacto con el Dios vivo de todos los hombres, entonces son rituales vacíos que no nos dicen nada ni nos dan nada; que, a lo sumo, nos permiten percibir lo numinoso, que reina en todas las religiones. Aún entonces, parece más sensato buscar lo originalmente propio, en lugar de dejarse imponer algo ajeno y anticuado. Pero, ante todo, si la 'sobria ebriedad' del misterio cristiano no puede embriagarnos de Dios, entonces hay que invocar la embriaguez real de éxtasis eficaces, cuya pasión arrebata y nos convierte -al menos por un instante- en dioses, y nos deja percibir por un momento el placer de lo infinito y olvidar la miseria de lo finito. Cuanto más manifiesta sea la inutilidad de los absolutismos políticos, tanto más fuerte será la atracción del irracionalismo, la renuncia a la realidad de lo cotidiano».
Conferencia en el encuentro de presidentes de comisiones episcopales de América Latina para la doctrina de la fe, celebrado en Guadalajara (México). Noviembre 1996.


Liturgia

«Las diversas fases de la reforma litúrgica han dejado que se introduzca la opinión de que la liturgia puede cambiarse arbitrariamente. De haber algo invariable, en todo caso se trataría de las palabras de la consagración; todo lo demás se podría cambiar. El siguiente pensamiento es lógico: si una autoridad central puede hacer esto, ¿por qué no también una instancia local? Y si lo pueden hacer las instancias locales, ¿por qué no en realidad la comunidad misma? Ésta se debería poder expresar y encontrar en la liturgia. Tras la tendencia racionalista y puritana de los años setenta e incluso de los ochenta, hoy se siente el cansancio de la pura liturgia hablada y se desea una liturgia vivencial que no tarda en acercarse a las tendencias del New Age: se busca lo embriagador y extático, y no la «logikè latreia», la «rationabilis oblatio» de que habla Pablo y con él la liturgia romana (Rom 12,1).
Admito que exagero; lo que digo no describe la situación normal de nuestras comunidades. Pero las tendencias están ahí. Y por eso se nos ha pedido estar en vela, para que no se nos introduzca subrepticiamente un Evangelio distinto del que nos ha entregado el Señor -la piedra en lugar del pan».
Conferencia en el encuentro de presidentes de comisiones episcopales de América Latina para la doctrina de la fe, celebrado en Guadalajara (México). Noviembre 1996.


Teología de la Liberación

«Nos encontramos, en resumidas cuentas, en una situación singular: la teología de la liberación había intentado dar al cristianismo, cansado de los dogmas, una nueva praxis mediante la cual finalmente tendría lugar la redención. Pero esa praxis ha dejado tras de sí ruina en lugar de libertad. Queda el relativismo y el intento de conformarnos con él. Pero lo que así se nos ofrece es tan vacío que las teorías relativistas buscan ayuda en la teología de la liberación, para, desde ella, poder ser llevadas a la práctica».
Conferencia en el encuentro de presidentes de comisiones episcopales de América Latina para la doctrina de la fe, celebrado en Guadalajara (México). Noviembre 1996.
«No se puede tampoco localizar el mal principal y únicamente en las 'estructuras' económicas, sociales o políticas malas, como si todos los otros males se derivasen, como de su causa, de estas estructuras, de suerte que la creación de un 'hombre nuevo' dependiera de la instauración de estructuras económicas y sociopolíticas diferentes. Ciertamente hay estructuras inicuas y generadoras de iniquidades, que es preciso tener la valentía de cambiar. Frutos de la acción del hombre, las estructuras, buenas o malas, son consecuencias antes de ser causas. La raíz del mal reside, pues, en las personas libres y responsables, que deben ser convertidas por la gracia de Jesucristo, para vivir y actuar como criaturas nuevas, en el amor al prójimo, la búsqueda eficaz de la justicia, del dominio de sí y del ejercicio de las virtudes».
«Cuando se pone como primer imperativo la revolución radical de las relaciones sociales y se cuestiona, a partir de aquí, la búsqueda de la perfección personal, se entra en el camino de la negación del sentido de la persona y de su trascendencia, y se arruina la ética y su fundamento que es el carácter absoluto de la distinción entre el bien y el mal. Por otra parte, siendo la caridad el principio de la auténtica perfección, esta última no puede concebirse sin apertura a los otros y sin espíritu de servicio».
«Recordemos que el ateísmo y la negación de la persona humana, de su libertad y de sus derechos, están en el centro de la concepción marxista. Esta contiene pues errores que amenazan directamente las verdades de la fe sobre el destino eterno de las personas. Aún más, querer integrar en la teología un 'análisis' cuyos criterios de interpretación dependen de esta concepción atea, es encerrarse en ruinosas contradicciones. El desconocimiento de la naturaleza espiritual de la persona conduce a subordinarla totalmente a la colectividad y, por tanto, a negar los principios de una vida social y política conforme con la dignidad humana».
«Esta concepción totalizante impone su lógica y arrastra las 'teologías de la liberación' a aceptar un conjunto de posiciones incompatibles con la visión cristiana del hombre. En efecto, el núcleo ideológico, tomado del marxismo , al cual hace referencia, ejerce la función de un principio determinante. Esta función se le ha dado en virtud de la calificación de científico, es decir, de necesariamente verdadero, que se le ha atribuido».
«Las «teologías de la liberación», que tienen el mérito de haber valorado los grandes textos de los Profetas y del Evangelio sobre la defensa de los pobres, conducen a un amalgama ruinosa entre el pobre de la Escritura y el proletariado de Marx . Por ello el sentido cristiano del pobre se pervierte y el combate por los derechos de los pobres se transforma en combate de clase en la perspectiva ideológica de la lucha de clases. La Iglesia de los pobres significa así una Iglesia de clase, que ha tomado conciencia de las necesidades de la lucha revolucionaria como etapa hacia la liberación y que celebra esta liberación en su liturgia».
Instrucción sobre algunos aspectos de la Teología de la Liberación LIBERTATIS NUNTIUS. Agosto de 1984.
Políticos abortistas y Eucaristía

«No todos los asuntos morales tienen el mismo peso moral que el aborto y la eutanasia. Por ejemplo, si un católico discrepara con el Santo Padre sobre la aplicación de la pena de muerte o en la decisión de hacer la guerra, éste no sería considerado por esta razón indigno de presentarse a recibir la Sagrada Comunión. Aunque la Iglesia exhorta a las autoridades civiles a buscar la paz, y no la guerra, y a ejercer discreción y misericordia al castigar a criminales, aún sería lícito tomar las armas para repeler a un agresor o recurrir a la pena capital. Puede haber una legítima diversidad de opinión entre católicos respecto de ir a la guerra y aplicar la pena de muerte, pero no, sin embargo, respecto del aborto y la eutanasia».
«Respecto del grave pecado del aborto o la eutanasia, cuando la cooperación formal de una persona es manifiesta (entendida, en el caso de un político católico, como hacer campaña y votar sistemáticamente por leyes permisivas de aborto y eutanasia), su párroco debería reunirse con él, instruirlo respecto de las enseñanzas de la Iglesia, informándole que no debe presentarse a la Sagrada Comunión hasta que termine con la situación objetiva de pecado, y advirtiéndole que de otra manera se le negará la Eucaristía».
Carta a los Obispos de EEUU. Julio de 2004.
Matrimonio y uniones homosexuales

«No existe ningún fundamento para asimilar o establecer analogías, ni siquiera remotas, entre las uniones homosexuales y el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia. El matrimonio es santo, mientras que las relaciones homosexuales contrastan con la ley moral natural».
Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales. Junio de 2003.

 

LIBROS Visita el Especial Papado



Os ofrecemos una pequeña muestra de su obra y algunos libros que, en torno a la figura del Papa y el Vaticano, han ido surgiendo en los últimos años. 

Encontrarás también libros sobre El Cónclave y la sucesión del Papa y los principales libros de Joseph Ratzinger, el nuevo Papa Benedicto XVI.

 

LIBROS - JOSEPH RATZINGER. UNA BIOGRAFIA JOSEPH RATZINGER. UNA BIOGRAFIA
de BLANCO SARTO, PABLO
EUNSA. EDICIONES UNIVERSIDAD DE NAVARRA, S.A., 2004
13.00€

El cardenal Joseph Ratzinger es bien conocido como colaborador del Papa Juan Pablo II, en su cargo de prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe. Pero también ha sido testigo de más de medio siglo de teología en Centroeuropa (Schmaus, Rahner, Küng, entre otros), y uno de los principales artífices del Concilio y el pos-concilio en toda la Iglesia. Sin embargo, no ha sido fácil conocerle como persona y como teólogo. En esta semblanza biográfica pretendemos, mostrar algo más de la vida y el contexto histórico y cultural en el que ha vivido uno de los principales protagonistas de una teología situada entre dos milenios. El libro está lleno de anécdotas, frases del propio Ratzinger, referidas a su vida. Además lleva una cronología final, completa e interesante, de la vida del Cardenal, una bibliografía en español, e información sobre cómo conocer más de él en internet.


LIBROS - FE, VERDAD Y TOLERANCIA FE, VERDAD Y TOLERANCIA
de RATZINGER, JOSEPH
EDICIONES SIGUEME, S.A., 2005
18.00€

En un mundo que se va haciendo cada vez más pequeño, el problema sobre el encuentro entre las religiones y las culturas ha llegado a ser una cuestión apremiante. Las distintas religiones tienen ante sí el doble reto de vivir concordemente y contribuir a la educación del género humano para alcanzar la paz. La fe cristiana se ve afectada especialmente por esa problemática, porque desde su origen y por su misma esencia pretende dar a conocer y proclamar universalmente al único Dios verdadero y al único Salvador de toda la humanidad


LIBROS - CAMINOS DE JESUCRISTO CAMINOS DE JESUCRISTO de RATZINGER, JOSEPH
EDICIONES CRISTIANDAD, S.L., 2004
16.50€

Una nueva recopilación de artículos del cardenal Joseph Ratzinger en los que el autor aborda cuestiones teológicas que suscitan un especial interés en la actualidad y las desentraña con precisa agudez y con claridad admirable, haciéndolas asequibles a un amplio espectro de lectores.

 

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