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ARTICULOS DE EL ALMANAQUE  SOBRE EL PROBLEMA DE LA EMIGRACION

Uso y abuso del extranjero

Extranjerismos 

LOS DEBERES HUMANOS   

RESPUESTA A LOS DEBERES HUMANOS I

RESPUESTA A LOS DEBERES HUMANOS II

RESPUESTA A LOS DEBERES HUMANOS I

ARTICULOS DE PRENSA SOBRE EL PROBLEMA DE LA EMIGRACION

Identidad, preciado tesoro

España, país de destino

Ensayo periodístico : "Los inmigrantes" de Vargas Llosa

Un mundo de colores

 

USO Y ABUSO DEL EXTRANJERO   

Merece la pena que dediquemos alguna meditación a analizar los pliegues y repliegues de nuestra conciencia en relación con la extranjería. La historia nos ofrece suficientes muestras como para centrar bien el tema. Por entrar en un ejemplo tópico, al alcance de todo el mundo, puesto que cuando no ha sido material escolar, lo ha sido cinematográfico, tenemos en la Biblia a José, el hijo de Jacob: vendido por sus hermanos a un mercader, fue a parar a Egipto; y habiendo conseguido situarse allí muy bien, tiró de toda su familia, que fue bien recibida gracias al poder que allí tenía José: pero que una vez declinado ese poder, fue esclavizada sin más contemplaciones, como correspondía a su condición de extranjeros. No nos equivoquemos respecto a la responsabilidad de los judíos respecto al mantenimiento de su idiosis diferenciada frente a los egipcios. Eran éstos, los que no se querían mezclar con los extranjeros: ni con los que venían por su pie, atraídos por la prosperidad de Egipto, ni con los que ellos mismos traían como esclavos de guerra. Los querían extranjeros, puesto que teniendo esa condición eran mucho más fáciles de dominar y de explotar. La prueba la tenemos en el propio José, tan integrado que hasta tuvo una participación notable en el poder político. Otra cosa es que en su condición de parias, la actitud más razonable era ayudarse entre sí. La epopeya de Moisés arrebatándole al Faraón aquella masa de 400.000 esclavos y fundando con ellos un pueblo en torno a una Ley y un Dios, vino después. Y sería precisamente este pueblo el inventor de un trato mucho más humano tanto para el esclavo como para el extranjero. 

Bien distinto es el caso de los romanos cuando están en proceso de formación a partir de las numerosas tribus diseminadas por el Lacio. El rapto de las Sabinas es el episodio en que se ejemplifica la alianza de dos pueblos para formar con los dos uno solo. Es la forma más didáctica y determinista de presentar el proceso: un pueblo pone los hombres, y el otro las mujeres; y de ambos pueblos nace uno solo por pura evolución vegetativa. Esa es la leyenda en que se categoriza una realidad, que fue la fundación de Roma, del orgulloso Pópulus Romanus, con sus ancianos (el Senatus) a la cabeza, a partir de las Ligas religiosas, formadas por decenas de pueblos que participaban de un culto único. El pueblo romano se formó, como la inmensa mayoría de pueblos y naciones que en el mundo son y han sido, mediante la aglutinación de naciones distintas, que se dieron mutuamente la consideración y los derechos propios de la autoctonía. Este ejemplo lo hemos revivido en las democracias modernas: los países de Hispanoamérica recibieron con los brazos abiertos a los españoles que fueron hacia allá tanto por motivos económicos como políticos, siendo tratados desde el primer momento como mexicanos, argentinos, etcétera, sin pasar por la condición de extranjeros, sobre todo en el ánimo de los pueblos que les acogieron.  

Es que la extranjería normalmente no la lleva consigo el extranjero, sino que se la da el país anfitrión. Y si bien es cierto que más vale eso que nada, porque al menos hay una legalidad y unos derechos inherentes a esa condición, hay algo mejor aún, que es la naturalidad (concederles los derechos inherentes a los naturales del país y reconocerlos en el alma como tales). No es, pues, la extranjería el desiderátum para un extranjero; ni siquiera para quienes le abren las puertas del país. Porque muchísimo más fácil es salir con bien de cualquier aportación de población foránea si además de abrírseles las puertas, se les abre el corazón (vuelvo al ejemplo de la América hispana). El beneficio es mutuo, como en toda alianza humana. Pero cuando se establecen cupos no en razón de las posibilidades del país anfitrión, sino en razón de sus necesidades y de sus intereses, hay que ver cuán profundamente cambia la cosa. Y eso a pesar de que el número de inmigrantes puede ser el mismo en ambos casos.   

EL ALMANAQUE se mete hoy en neologismos necesarios. Examinamos de qué nos viene el extranjerismo y qué son los extranjeristas

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