ARTICULOS DE EL ALMANAQUE SOBRE EL PROBLEMA DE LA EMIGRACION
ARTICULOS DE PRENSA SOBRE EL PROBLEMA DE LA EMIGRACION
Derechos y libertades de los extranjeros en España
|
LOS
DEBERES HUMANOS ¿Pueden
presentarse 1000 extranjeros en un pueblo de 1000 habitantes invocando
ante éstos los derechos humanos, y por tanto exigiendo a los 1000
habitantes del país que cumplan con ellos los deberes humanos?
Todo
derecho tiene enfrente un deber; y todo el que exige un derecho, lo hace
ante quien tiene el deber de cumplirlo. Mientras los extranjeros están
a la otra parte de las fronteras, no pueden alegar ningún derecho ante
el estado en cuestión, sino tan sólo ante su propio estado. Pero en
cuanto ponen los pies en el territorio de ese otro estado, y no importa
si legal o ilegalmente; ni tan siquiera importa si se presentan en
calidad de ejército invasor, el estado contrae obligaciones para con
ellos, en virtud de la carta de los Derechos Humanos. La cuestión
es, pues, entrar como sea. Entrar es adquirir derechos. Pero es
necesario cuantificar los derechohabientes, los derechos y su costo.
Hay
algunos derechos que salen gratis, y otros en cambio que cuestan mucho
dinero. No es un problema económico grave para el pueblo de 1000
habitantes, hacer frente al costo de los derechos humanos de 3
extranjeros que lleguen. Pero es un problema tan grave que resulta
inasumible, si los extranjeros que llegan al pueblo de 1000 habitantes,
son 1000. Está claro pues que la pura imposibilidad física de cumplir
con esos deberes, exime de ellos. Estas situaciones se producen
especialmente en poblaciones que por su situación geográfica o por ser
lugares de destino de vuelos, se convierten en centros de máxima
afluencia de extranjeros. La sanidad, la enseñanza, la seguridad
requieren disponibilidades muy superiores de instalaciones, de personal
y de presupuesto. No es el caso de “donde comen cuatro, comen
cinco”, sino de comprar y guisar expresamente para los comensales a
los que no sólo no se les ha invitado, sino que se te han metido en
casa forzando la puerta. A la hora, pues, de definir los derechos del
extranjero, hay que cuantificarlos también, porque nunca son abstractos
esos derechos. Y ha de ser la limitación de los recursos la que ha de
poner límite a los derechos o a los extranjeros, si antes no lo ha
hecho una planificación responsable; porque el número potencial de
extranjeros es ilimitado, mientras que los recursos son ciertamente
limitados. Cuando
se plantean, pues, los Derechos y los Deberes Humanos, no se trata tan sólo
de cuestiones éticas y estéticas, sino también de economía.
Se entiende que el pueblo llano y las organizaciones humanitarias
calculen con el corazón, y exijan cada vez más para los inmigrantes, y
que las iglesias se presten generosamente a ayudarles. Pero los políticos
tienen obligación de calcular y planificar, de ser el contrapeso
racional de tanta generosidad. Los recursos son limitados, y como tales
hay que administrarlos. Pero
no son las cuantificaciones que cuestan dinero las más problemáticas,
sino las que no cuestan un duro, las que dependen de ideologías y
atavismos. ¿Durante cuánto tiempo es uno extranjero? Aquí se vuelven
las tornas: aquel pueblo tan generoso, que mientras eran extranjeros se
lo quería dar todo, se plantea quitárselo todo y devolverlos al país
de donde vinieron, cuando los ve nacionalizados y naturalizados, por fin
iguales a sí mismo. Y la iglesia que se puso del lado del pueblo a
favor de los emigrantes cuando éstos eran de fuera, vuelve a estar
cerca del pueblo cuando éste se revuelve contra los antiguos emigrantes
convertidos en ciudadanos de igual categoría e iguales derechos que el
pueblo aborígen. Los recién llegados, los de las últimas hornadas no
pueden ser iguales que los de toda la vida. Así al máximo ideólogo
del nacionalismo catalán le sobran tres millones de catalanes (los
postizos), y a los grandes y medianos ideólogos del nacionalismo vasco,
les sobran los llegados en los últimos siglos. |