CIENCIA FICCION  -  UFOLOGIA

CIENCIA FICCIÓN

Vuelve ET, vuelven los dinosaurios, vuelve la guerra de las galaxias, vuelve el Armagedón… ¿Se nos han agotado las ideas? Puede ser. Al fin y al cabo son bastante pocas las cosas que habían sido pronosticadas previamente por la ciencia ficción; y de las que se pronostican, algunas lo tienen ciertamente difícil. Es que no es un género fácil éste que pretende adelantar el futuro; por eso son pocos los que se dedican a él, y menos los que como Julio Verne en su día, están pronosticando cosas que serán realidad.
¿Tendremos algún día dinosaurios de verdad? Parece que la ciencia, que en principio parece muy segura, está ya rozando la posibilidad de recrearlos. Todo lo que tenemos en la tierra está en condiciones de ser manipulado por el hombre; y la genética tiene cada vez menos secretos y está en condiciones de convertir en realidad las más audaces imaginaciones. Pero mal que nos sepa admitirlo, no nos ocurre lo mismo con el más allá astronómico.

Hay infinidad de publicaciones sobre hipotéticos extraterrestres que vienen a visitarnos en extraños y veloces platillos coladores. Eso es así porque hay una gran multitud de lectores ávidos de esta clase de literatura. Tienen puesta ya su fe en esos personajillos que aparecen o se les aparecen periódicamente. Pase lo que pase, su fe no se conmoverá por nada, y lo mismo les da que se les presenten esos personajes y todo lo que les rodea plagado de contradicciones e incongruencias.

Quien cree en los ExtraTerrestres salvará sin dificultad todas las dificultades: ¿Qué más da que las distancias sean insalvables? ¿Qué importa que para llegar a la estrella más cercana al sol, la Alfa Prima de la Constelación del Centauro, se tenga que viajar durante cuatro años a la velocidad de la luz, es decir a 300.000 km por segundo? Si redujésemos esa velocidad a una marcha normal, por ejemplo entre 1.000 y 5.000 km hora, resulta que aunque muera uno de viejo, no tiene tiempo en toda la vida de hacer ese recorrido. Es evidente por tanto que hoy por hoy es impensable. Y las velocidades tales que es necesario desintegrarse, convertirse en luz o energía, para poder ir a la velocidad de la luz, esas velocidades parece coherente pensar que nunca llegarán a ser nuestra velocidad de desplazamiento.

Y estoy hablando de la estrella más próxima al sol. Pero si hemos de pasar al universo abierto, sin limitaciones, ir saltando de constelación en constelación hasta dar con la estrella de la que sospechamos que tiene en su órbita algún planeta que reúna las condiciones de la Tierra, y que por tanto puede tener vida al menos teóricamente, si hemos de pasar a estas dimensiones, entonces necesitamos toda la vida o varias vidas para desplazarnos hasta allí a la velocidad de la luz. Las probabilidades por tanto de que desde esos planetas haya podido hacer alguien el viaje hasta nosotros, tan perdidos como ellos en la inmensidad del universo, son nulas. Pero si nos movemos fuera de la ciencia, incluso la de ficción, la cosa cambia. Y a partir de ese planteamiento podemos empezar a ver nubes de platillos voladores y multitud de Etés.