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ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA Guillermo Tribín Piedrahita |
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VENEZUELA: "MENU
REVUELTO": DESOBEDIENCIA, MARCHAS Y "CACEROLAZOS"
La situación en Venezuela continúa
desestabilizada y a medida que avanzan los días existen menores
posibilidades para un "gran acuerdo" entre gobierno y oposición, lo
que debilita la propia imagen del "país petrolero" ante el mundo y la
amenaza de un pronunciamiento militar o un golpe de opinión está
cobrando mucha más fuerza.
Mientras el presidente venezolano,
Hugo Chávez, tuvo que regresar precipitadamente a Caracas,
interrumpiendo su gira por Europa, y el ministro del Interior,
Diosdado Cabello, denunciaba la existencia de "un plan para asesinar"
al mandatario, la oposición política, empresarial y sindical celebraba
como "un gran triunfo" el paro realizado el 21 de octubre.
Como siempre ocurre en estos casos,
los convocantes -Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV) y
Federación Venezolana de Cámaras (Fedecámaras)-, anunciaron que el
país se paralizó en un 80 por ciento, mientras el Gobierno, a través
de su vicepresidente, José Vicente Rangel, aseguró que únicamente el
paró afectó al diez por ciento de la nación.
Quien tenga la razón, sin embargo,
sabe que la situación en el principal país exportador de petróleo de
América Latina, es confusa y extremadamente grave, porque el paro ha
tenido complementos negativos para el ejecutivo, como las dos jornadas
de "cacerolazos" -un acto en el cual las gentes hacen "sonar" sus
protestas-, y un grupo de oficiales se declaró en "desobediencia
militar".
La Organización de Estados
Americanos (OEA), a través de su secretario general, el ex presidente
colombiano César Gaviria Trujillo, criticó la "actitud de los
militares rebeldes".
Los catorce militares, entre los
que se encuentran antiguos altos mandos de la Fuerza Armada Nacional
(FAN), comprometidos en el fracasado intento de golpe de estado del 11
y 12 de abril pasados, a través de un mensaje difundido en cadena por
todas las cadenas privadas de televisión, anunciaron que "nos
declaramos en desobediencia legítima, y desconocemos al régimen
actual".
Al tiempo que desconocían la
autoridad del presidente Chávez, pidieron a sus colegas militares en
retiro y en activo, sumarse al movimiento opositor y marchar con ellos
hacia la Plaza Altamira -el máximo fortín de la oposición-, pero el
alto mando militar desaprobó la petición y dijo estar en capacidad de
garantizar, por su total respaldo, el pleno ejercicio del mandatario y
de su gobierno.
Los "14 desobedientes" justificaron
su acción en el artículo 350 de la Constitución venezolana que permite
"desconocer cualquier régimen o autoridad que contraríe los valores y
principios democráticos o menoscabe los derechos humanos".
El gobierno reaccionó de inmediato y
a través del vicepresidente Rangel calificó esta decisión como "una
payasada que no tiene ningún sentido, porque es una cosa absurda".
Miles de venezolanos, los días 21 y
23 de octubre, tras la marcha opositora y la desobediencia civil y
militar de los catorce oficiales, resolvieron respaldar ambos actos
con sendos "cacerolazos", una acción que en América Latina se
hizo notar inicialmente con gran fuerza en Argentina.
Carlos Fernández, de Fedecámaras, lo
denominó el "cacerolazo madre", mientras un portavoz de la CTV dijo
que "el pueblo en su gran mayoría respalda nuestra acción porque el
presidente ha sido inferior al compromiso que contrajo con Venezuela y
sus gentes".
El paro del día 21, celebrado
durante doce horas y que se desarrolló en medio de una especial calma,
es el primero de una "gran estrategia" -como anunciaron sus
organizadores- que pretende lograr la renuncia del presidente Chávez o
la convocatoria de un referendo para superar la crisis política por la
que atraviesa Venezuela.
Ese plan opositor también establece
la recolección de dos millones de firmas para entregarlas el cuatro de
noviembre al Consejo Nacional Electoral (CNE) para que "en 30 días
realice un referendo consultivo".
Chávez, en su tradicional programa
de los domingos "Aló Presidente", denunció que se había abortado el
plan para asesinarlo en la madrugada del sábado cuando retornaba a
Venezuela procedente de Europa y dijo que se iba a "disparar con una
bazuka al avión presidencial cuando iniciara su descenso para
aterrizar en Caracas", y anunció que a partir de ahora limitará sus
apariciones públicas.
El ministro Cabello y la Disip
informaron que tres personas, presuntamente comprometidas con ese plan
de asesinato del mandatario habían sido detenidas, al tiempo que
atribuía la autoría intelectual del mismo a "grupos golpistas" de
oposición que "quieren sacar a Chávez de la presidencia por la vía del
asesinato en vista que han fracasado sus otros intentos".
En los últimos días, el gobierno ha
"desbaratado diversas intentonas golpistas", según denunció Cabello
quien, al mismo tiempo informó de que se habían realizado varios
allanamientos de viviendas de los supuestos implicados en esas
acciones.
La oposición ha replicado que el
"gobierno no ha querido reconocer el descontento social" que existe en
Venezuela y precisó que en los últimos diez meses se han realizado
tres paros y grandes cacerolazos en contra de Chávez y de su gobierno.
De todas formas, cifras arriba,
cifras abajo, Venezuela está dividida, al menos, en dos mitades de su
población. Un 50 por ciento apoya al gobierno y otro 50 a la
oposición. Aunque uno y otra aseguran que las respectivas mayorías
están a su lado.
Pero, el país anda medio paralizado
y las heridas se están abriendo cada día más por lo que requiere de
una "alta cirugía" que ponga fín a la sangría en que se encuentran
empeñados, de uno y otro lado. Las posiciones se han radicalizado y se
requieren altas "dosis de cordura" para evitar un desenlace fatal y
que Venezuela desemboque en una guerra civil.
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