ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 


BRASIL: VALERIO, “O REI” DE LA CORRUPCION A POLITICOS 

El publicista Marcos Valerio Fernándes, conocido en su país como “o rei” de la corrupción de la clase política brasileña, y en la que ha involucrado al propio Jefe de Estado, Luiz Inácio Da Silva (alias “Lula”), será detenido si la justicia atiende la petición de la Comisión Parlamentaria de Investigación (CPI) al ser considerado uno de los principales culpables del escándalo surgido en el “coloso suramericano” desde el pasado 14 de junio de 2005, cuando el diputado Roberto Jefferson, presidente del Partido del Trabajo de Brasil (PTB), destapó la “olla podrida”. 

A medida que avanzan los trabajos de la CPI, que pidió la detención de Valerio Fernandes el 27 de julio de 2005, se conocen nuevos y escabrosos detalles sobre la amplia corrupción promovida por ese empresario y el Partido de los Trabajadores (PT, de izquierda), en que estaban involucrados numerosos diputados, dirigentes políticos y hasta el propio “Lula”, que de acuerdo con nuevas denuncias, conocía perfectamente todo el entramado a través del cual se compraban favores para que el Parlamento diese aprobación a los proyectos presentados por el gobierno. 

En efecto, el gobernador del Estado de Goias, Marconi Perillo, perteneciente al opositor Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), afirmó a través de un escrito enviado a la Comisión de Ética de la Cámara de Diputados, que en marzo de 2004 alertó a “Lula” sobre el “pago de sobornos a los congresistas”. Es decir, que mientras el mandatario brasileño no lo desmienta y lo demuestre con hechos y documentos, sí tenía pleno conocimiento de la acción delictiva de su partido. 

También entró en escena el ex presidente Fernando Henrique Cardoso, elegido secretario de las Cumbres Iberoamericanas de Jefes de Estado y de Gobierno, y que tendrá su despacho en Madrid, para pedir una “investigación a fondo de la denuncia” hecha ante el Congreso por Jefferson. 

Pidió que se realice “sin desviar el foco de las investigaciones de las situaciones actuales”, tras conocer que el corrupto Valerio Fernandes también entregó dineros para la campaña en la que salió elegido presidente de Brasil para gobernar entre 1995-2003, cuando fue sustituido por “Lula”. 

La CPI pidió a la Fiscalía del Estado, sobre la base de los resultados que ha ido comprobando a lo largo de su investigación, que proceda a dictar la orden de detención del corrupto publicista y empresario, señalando que estando en libertad Valerio “podría destruir documentos importantes para el esclarecimiento de los hechos”. 

También solicitó al Ministerio Público el embargo de los bienes y que ordene el levantamiento del secreto bancario, fiscal y telefónico de todas sus empresas y el de su esposa Renilda Santiago de Souza, de acuerdo con lo informado por la Agencia Oficial de la Cámara de los Diputados. 

El publicista y sus distintas empresas en Belo Horizonte, la capital del Estado de Minas Gerais, de acuerdo con lo informado por esa Agencia, movilizaron millones de dólares desde que el PT llegó al poder y “Lula” asumió su cargo, el primero de enero de 2003, para cometer diversos delitos como soborno, tráfico de influencias y corrupción. 

Aunque Valerio Fernandes, junto con el ex presidente del Partido de los Trabajadores (PT) José Genoino y el ex tesorero Delubio Soares formaba el “siniestro triángulo de la corrupción”, el “cerebro maquiavélico” de la compra de conciencias y de los sobornos es el ex ministro de la Casa Civil y ex asesor presidencial José Dirceu, quien participó activamente diseñando el delictivo plan y goza actualmente de la más completa impunidad por decisión de “Lula”. 

Si bien el presidente brasileño ha vuelto a declarar el 27 de julio que se encuentra “indignado” por todo lo sucedió y reiteró su promesa de castigar a los corruptos, lo cierto del caso es que no se le ha escuchado una sola palabra de censura a la deshonesta actuación de Dirceu, un antiguo guerrillero entrenado en Cuba, que ha sido su “mano derecha” y quien, según la oposición y la prensa brasileñas, “no ocultaba nada a su jefe”. 

La trama corrupta, que viene de años atrás, tenía al Banco Rural de Minas Gerais, como su principal surtidor de dinero, porque los préstamos que Valerio Fernandes recibía para sus prácticas corruptas, estaban perfectamente avalados por contratos de publicidad de muchos millones de dólares suscritos por el gobierno de dicho Estado. 

La investigación ha determinado que el publicista “ya había experimentado sus técnicas de financiación ilícita en Minas Gerais”, como denunció recientemente el diario “O`Globo”, al obtener fondos en 1988 para la campaña electoral a favor del Gobernador del Estado Eduardo Azeredo, quien fue reelegido en esa época. 

Como contraprestación a la transferencia de fondos de 11,7 millones de reales (unos 3 millones de dólares), efectuada a través del Banco Rural para que la utilizara en su campaña de reelección, el hoy presidente del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), le otorgó numerosos y cuantiosos contratos publicitarios de su gobierno. Es decir que funcionó a la perfección el tráfico de influencias y el corrupto empresario los pignoró a esa entidad bancaria para responder por el préstamo. A este grupo político pertenece también Henrique Cardoso. 

La misma prensa brasileña, dadas las características del escándalo, lo ha denominado “Valerioducto”, señalando que de acuerdo con los investigación de la CPI, ese esquema se ha venido utilizando en todo el territorio nacional tras la llegada del PT –fundado por “Lula”- al poder, para “armar una gran lavandería de dinero sucio”, como lo definió la diputada y ex juez Denise Frossard, que forma parte de la Comisión. 

Un total de 39 millones de reales (16,7 millones de dólares) entregó Valerio Fernandes a Delubio Soares cuando este dirigente político corrupto era el tesorero del PT, y según lo reconoció ante la propia CPI, “sirvieron para financiar campañas electorales de la coalición que apoya al gobierno de “Lula”, aunque de conformidad con su declaración, eso no constituye ningún caso de corrupción. 

También diputados del Partido Progresista (PP, conservador), del Partido Liberal (también conservador, al que pertenece el vicepresidente brasileño, José Alencar) y del Partido de los Trabajadores fueron comprados para votar siempre todos los proyectos presentados por el gobierno, habida cuenta que la agrupación de “Lula” no es mayoritaria en el Congreso y que a duras penas se sostiene con una precaria ventaja sobre la oposición gracias a ese pago de 30.000 reales (12.500 dólares) mensuales a diputados deshonestos. 

El mismo Jefferson, cuando denunció la corrupción que tiene sumido a Brasil en una amplia crisis política, reconoció que su propio Partido del Trabajo de Brasil había recibido 1,3 millones de dólares de parte de Soares y Valerio para su campaña electoral y que diputados de la misma agrupación tenían el “sobresueldo” mensual para no permitir que el gobierno fuese derrotado en ninguna votación. 

La CPI, que ha demostrado gran rigor en su investigación, descubrió que no menos de 50 personas, entre quienes se encuentran numerosos y conocidos políticos, sacaron los 39 millones de reales (16,7 millones de dólares) para ser utilizados en los distintos sobornos. 

Igualmente se descubrió que Roberto Brand, diputado del Partido Frente Liberal (PFL, derechista y de oposición) retiró en 1999 de ese banco un total de 150.000 reales (62.500 dólares) de una cuenta perteneciente al corrupto Valerio Fernandes. Todo ese cúmulo de descubrimientos de actos ilícitos llevó también al Supremo Tribunal federal a la ampliación del periodo de sus investigaciones sobre el publicista a partir de 1998. 

“Estamos viviendo una crisis política (…). Yo me siento indignado porque nací y voy a morir siendo favorable a que todas las denuncias de corrupción en el gobierno o fuera del gobierno, sean investigadas plenamente”, manifestó “Lula”, para quien “todos aquellos que cometieron errores, sean de mi partido o de otros partidos, sean católicos o evangélicos, sean hombres o mujeres, tienen que pagar por el error que cometieron”. 

Son frases para la galería, porque “Lula” tenía pleno conocimiento de lo que sucedía, como lo han dicho ya varias personas, y su excusa sobre que esas prácticas deshonestas se realizan desde mucho tiempo atrás en Brasil, no tienen ninguna validez para una persona que prometió acabar con la corrupción. 

El mandatario no puede ser el moderno Poncio Pilatos y “lavarse las manos” ante un escándalo de esta magnitud y tiene que asumir su responsabilidad política, porque de lo contrario su soñada reelección para el año 2007 va a naufragar, como lo demuestra que continúa perdiendo popularidad y ya un elevado porcentaje de sus compatriotas no le tienen ninguna confianza.

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