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SALUD: SINDROME DE “FATIGA CRONICA”,
ENFERMEDAD GENETICA
El Síndrome de la “Fatiga Crónica”, conocido también como “Síndrome
de los años 90” y por varios otros nombres, es una enfermedad genética
y no mental, como se creía, según un grupo investigador del Reino
Unido que publicará un interesante trabajo en agosto próximo y del que
dio a conocer un avance el 21 de julio de 2005 en Londres.
Este trabajo, que ha recibido elogiosos comentarios por parte de
destacados especialistas, como el efectuado por el neurólogo británico
Russell Lane, del Charing Cross Hospital, de Londres, quien lo calificó
de “muy serio, muy sensato y riguroso”, será publicado el próximo
mes en la revista “Journal of Clinical Pathology”.
Esta nueva investigación difiere de la realizada por científicos del
Instituto Nacional de la Salud de Estados Unidos (INS) que en 1991
creyeron encontrar la causa de la enfermedad que reduce la capacidad
humana y que, según ellos, podría estar originada por la escasez de
hormonas en el cerebro y en las glándulas endocrinas de quienes la
padecen.
Para los miembros del equipo investigador británico, que fueron
dirigidos por el médico y profesor Jonathan Kerr, la patología
“parece producirse como consecuencia de una anormalidad biológica y
no neurológica”. Los científicos estadounidenses, por su parte,
aclararon que “ignoran si la escasez de hormonas es la causa o el
efecto de la enfermedad”.
La enfermedad, que preferentemente afecta a personas entre 20 y 45 años,
en general ejecutivos con un nivel medio-alto, se “ceba”
especialmente en las mujeres de esas edades quienes “ofrecen mayor
riesgo y están más propensas a padecerla”, de acuerdo con los
investigadores estadounidenses que el 2 de diciembre de 1991 publicaron
su trabajo en la revista “Journal of Clinical Endocrinology and
Metabolism”.
Los científicos británicos, mientras tanto, describen que esta
enfermedad, ofrece unos síntomas parecidos a los de una resaca aguda y
ocasiona en el paciente “un gran cansancio, debilidad, dolores de
cabeza, trastorno del sueño y falta de concentración”. Los médicos
de Estados Unidos, además de todos estos, dijeron hace 14 años que
también producía fiebre, dolores musculares, diarreas, vómitos,
confusión, irritabilidad y depresiones.
Kerr, el director de la investigación que pertenece a la Universidad
Imperial Collage, de Londres, destacó el trabajo de su equipo, que
calificó de “extraordinaria contribución científica”, pero aclaró
que es sólo el “comienzo de un largo proceso que servirá para
descubrir las verdaderas causas que la origina (la enfermedad) y
encontrar los fármacos más adecuados para combatirla eficazmente”.
Todos los afectados por la patología, según descubrió el estudio,
presentan “claros cambios físicos”, pero para el médico Walter
Gunn, del Centro de Control de Enfermedades de Estados Unidos, por la época
en que se hizo el estudio en este país, “no está claro si se trata
de una sola enfermedad o de varias y si tiene una sola causa o
varias”.
De todas formas, los médicos e investigadores han aclarado que no toda
persona que se sienta cansada sufre esta enfermedad ni que se trate de
un proceso que “deteriore físicamente a quien lo sufre”, lo que en
cierta forma se contradice con el informe de los científicos británicos
que sostienen que quienes lo padecen presentan “claros cambios físicos”.
También Gunn, quien fue encargado de investigar la enfermedad en cuatro
ciudades estadounidenses, definió el síndrome como “un conjunto
peculiar de síntomas inexplicados que provocan una reducción, al menos
del 50 por ciento de la actividad de las personas en un periodo mínimo
de seis meses”.
Los científicos británicos, afirmó Kerr, basaron su investigación en
la “comparación entre el comportamiento de los glóbulos blancos de
enfermos que han sufrido la dolencia y personas ajenas a este
padecimiento” y de sus resultados se desprende que “algunos genes de
los glóbulos blancos parecen mostrar signos de una infección vírica
continua”, y esa parece ser la causa de la fatiga. El leucocito es el
glóbulo blanco de la sangre y de la linfa, que se encarga de asegurar
la defensa contra los microbios.
Es curioso apreciar como esta dolencia tiene distintos nombres a nivel
mundial y primero se conoció como la “enfermedad de los noventa”,
nombre que le puso el investigador estadounidense Jai Levy; en Japón,
en cambio, se le denomina “síndrome de bajo nivel natural de
leucocitos”, en Gran Bretaña y Canadá es la “encéfalomielitis miálgica
o EM” y en Estados Unidos “síndrome de disfunción inmunológica de
fatiga crónica (SDICF) o también la “gripe del pollo”.
Un médico español, el doctor Joan Camps, integrante del equipo de
investigación de la clínica universitaria de Navarra, afirmó hace
varios años que “se ha comprobado que el estrés ataca el sistema
inmunológico, disminuyendo las defensas”, añadiendo que “al
estudiar las defensas de los pacientes hemos descubierto que el estrés
puede ser uno de los factores desencadenantes del síndrome”.
Los médicos estadounidenses vienen sosteniendo que esta enfermedad no
mata a las personas, salvo que por desesperación se quiten la vida,
pero “las están convirtiendo en inválidas, confusas y
desconcertadas”, por lo que se hace necesario continuar investigando
intensamente para descubrir su verdadera causa hasta “encontrar las
soluciones precisas” para combatirla con el “máximo de eficacia”.
Por esta causa, las investigaciones se están dirigiendo, y la reciente
del Reino Unido es una buena muestra de ello, a estudiar los
“trastornos inmunológicos que subyacen en esta patología”, porque
al conocerse su causa o causas exactas, se podrá “acabar
definitivamente con la fatiga crónica”, según afirman diversos neurólogos
y científicos estadounidenses.
Como lo dijo Kerr en Londres, “paso a paso se están logrando
prometedores resultados y uno de ellos ha sido, principalmente, el
trabajo científico realizado por mi equipo, que permitirá aclarar
muchas incógnitas, aunque no todo está terminado y tendrá que ser
continuado con el mismo interés y el máximo rigor” por todos los
investigadores del mundo.
De todas maneras, si el “Síndrome de la Fatiga Crónica” es de
origen genético o mental, lo que la ciencia se encargará de aclarar
con la continuación de las investigaciones, lo cierto es que causa
diversos trastornos a nivel laboral, lo que origina largas ausencias
para desempeñar los trabajos para los que fueron contratados quienes la
padecen y, consiguientemente, representan pérdidas económicas muy
elevadas. En la primera década del siglo XXI, la enfermedad sigue
causando estragos pero por, sobre todo, un afán investigativo y científico
para poder ganarle la partida.
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