ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 


CAN: COMPROMISO DE LUCHA CONTRA POBREZA Y NARCOTRAFICO 

Los mandatarios de la Corporación Andina de Naciones (CAN) comprometieron sus esfuerzos para luchar abiertamente contra la pobreza y el narcotráfico en la región, al concluir en Lima el 18 de julio de 2005 la XVI Cumbre, en la que únicamente no estuvo presente el nuevo presidente interino de Bolivia, Eduardo Rodríguez Veltzé. 

Mientras se suscribía el “Acta de Lima”, en la que los presidentes de las naciones andinas reafirmaron su disposición para establecer criterios comunes en dos de los problemas más acuciantes de la actualidad, se conoció también el “zarpazo” dado por Venezuela a Ecuador, con el consentimiento del gobierno transitorio de este último país, para comprarle bonos de deuda por un mínimo de 200 millones de dólares con el objeto de financiarle el déficit presupuestario, y de penetrar en su propia industria petrolera para refinarle el crudo. 

El “Acta de Lima” fue suscrita por los presidentes de Colombia, Álvaro Uribe Vélez; Ecuador, Alfredo Palacio; Perú, Alejandro Toledo, y Venezuela, Hugo Chávez, y por Armando Loayza, ministro de Relaciones Exteriores de Bolivia, en representación del Jefe del Estado. 

El problema de las drogas, advirtieron los firmantes, no es de fácil solución y hacerle frente implica “mantener un enfoque equilibrado y multilateral, respetando las Leyes de cada país, basándose en el principio de la responsabilidad compartida”. 

Colombia es el país que mayores problemas afronta con el narcotráfico, que ahora está siendo manejado casi en un 90 por ciento por las bandas terroristas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), Ejército de Liberación Nacional (Eln), de extrema izquierda, y las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc), de extrema derecha y paramilitar, pero Perú y Bolivia tampoco se salvan por la acción delictiva de varios carteles que, generalmente operan, en la siembra y distribución de la hoja de coca, la materia prima para fabricar la cocaína. 

Ecuador y Venezuela se han convertido –muchas veces con sus gobiernos haciéndose los de la “vista gorda”- en las principales rutas de tránsito de la cocaína, y actualmente el de Chávez ha “entablado magníficas relaciones personales” con el “capo” boliviano Evo Morales, un anarquista que preside el sindicato de cultivadores de la hoja de coca. 

Según dicen los presidentes en el documento final, “estimamos imprescindible incentivar la política de desarrollo alternativo en el marco de una alianza para el desarrollo de la producción agrícola, agroindustrial, forestal y de bienes y servicios de cada uno de los países de la región”. Si esta política puede desarrollarse a cabalidad, sería la mejor solución alternativa para quienes siembran y comercian con la hoja de coca. 

Otro tema que fue tratado a fondo se relacionó con la cohesión social, cuyos avances en los últimos años en esos cinco países en materia de estabilidad y crecimiento económico deben servir “para definir políticas de desarrollo que aseguren el crecimiento económico con inclusión social a través de la generación de trabajo decente”. Este es otro problema de gran envergadura porque en todos ellos predominan los “contratos basura” y el trabajo precario, además que han puesto infranqueables barreras para las personas –mujeres y hombres- que llegan a los 45 años y que de la noche a la mañana se ven sin ningún futuro laboral. 

Sabido es que en los países miembros de la CAN existe, en su gran mayoría, una gran inestabilidad política y si en algunos de ellos las crisis se han ahondado, como en los casos de Bolivia y Ecuador, que tienen actualmente gobiernos transitorios, en otros, como Venezuela, el problema radica en la dictadura que ejerce Hugo Chávez y que ha determinado una amplia persecución a los medios de comunicación no adictos a su gobierno con el fin de acallarlos y coartarles la libertad de prensa y de expresión. 

Los mandatarios, respecto a la gobernabilidad y estabilidad democrática, reafirmaron su voluntad de “continuar fortaleciendo los esquemas democráticos respetando la independencia de poderes y los derechos humanos”. Son dos temas que vienen siendo injustamente pisoteados por la mayoría de los gobiernos, pero que en los casos de Venezuela –desde hace varios meses- y de Ecuador –lo que determinó la salida del poder del dictador Lucio Gutiérrez en abril pasado- han tenido especial relevancia en los ámbitos nacional e internacional por sus continuas violaciones. 

Si en la XVI Cumbre predominó, aparentemente, la buena disposición de los mandatarios para trabajar más unidos y evitar las absurdas descalificaciones personales, en las que Chávez es un verdadero maestro superando, incluso, a su “padre político” el dictador cubano, Fidel Castro, la “bomba” estalló al anunciarse la negociación venezolano-ecuatoriana. 

Hace muy pocas semanas, hubo un cruce de insultos entre ambos gobiernos, después que el Secretario de Administración de Ecuador, Luis Herrería, respondió a los lanzados por Chávez al nuevo régimen que sucedió al dictador Gutiérrez, señalando que el “proyecto bolivariano” del mandatario venezolano era “horroroso y diabólico”. Y lo sigue siendo, porque con él se persigue intentar exportar la “revolución” extremista que el gobierno ha pretendido introducir en los países latinoamericanos, afortunadamente sin ningún éxito. 

Hace una semana en Caracas, Chávez se reunió con los ministros ecuatorianos de Economía, Jorge Correa, y de Relaciones Exteriores, Antonio Parra Gil, una segunda versión de su colega español Miguel Angel Moratinos, más conocido en el mundo diplomático como “Curro Desatinos”, para definir los términos del acuerdo que permitirá a Venezuela entrar sutilmente en la propia economía de Ecuador. 

En Lima, Chávez se entrevistó con su colega Alfredo Palacio, y acordaron concretar en esta misma semana la negociación, que de acuerdo con lo informado por Correa, está basado en dos puntos: el primero tiene que ver con la colocación de bonos “tal como lo está haciendo Argentina” y en el que las cantidades faltan aún por definirse, “pero esperamos que sean menos de 200 millones de dólares”; el segundo, se relaciona con los temas petroleros. 

“Nosotros estamos exportando petróleo crudo para importar derivados, lo cual es un suicidio político y por lo tanto Venezuela refinará nuestro crudo. Le pagaremos por eso y nosotros podremos vender derivados”, explicó Correa. 

Ecuador es el segundo país productor de petróleo de América del Sur, únicamente superado por Venezuela, que es el quinto exportador mundial, y para Correa el acuerdo no significa un sometimiento de carácter político al gobierno de Chávez, porque “no nos vamos a involucrar en el proyecto bolivariano ni a pelearnos con Estados Unidos”. 

Los analistas internacionales tanto de Venezuela como de Ecuador difieren en sus criterios y el venezolano Juan Carlos Sainz afirmó que “estamos, de nuevo, viendo al gobierno de Chávez haciendo un uso geopolítico del petróleo muy duro”, porque a su juicio “esto tiene una retribución en lo político, porque casi ningún país se casa con el gobierno de Chávez, pues eso suele tener un alto costo político, pero al menos obtiene de ellos neutralidad. No asegura apoyos activos pero sí pasivos en espacios multilaterales como el interamericano, con el que pelea constantemente”. 

El ecuatoriano Fernando Bustamante aunque reconoce que el acuerdo “puede ser positivo para la economía” de su país, cree también que puede “implicar involucrarse en el proyecto bolivariano”, aunque le preocupa mucho más las consecuencias de la relación de un gobierno transitorio y de poco arraigo popular con Estados Unidos. 

Como según Bustamante, Estados Unidos “es de lejos el mayor socio comercial de Ecuador y Venezuela no puede remplazar ese espacio”, por lo que el acuerdo podría determinar unas innecesarias tensiones con la única potencia mundial, la que muy seguramente no compartirá que también el nuevo gobierno de Ecuador, como sucedió cuando lo presidía el dictador Gutiérrez, esté apoyando el proyecto bolivariano bajo el pretexto que se trata de un acuerdo económico. 

Varios analistas creen que la “jugada” de Chávez es muy clara: busca también tener las riendas sobre el petróleo ecuatoriano para amenazar a Estados Unidos acerca de una posible suspensión de la venta del crudo de este otro país, al que tendrá “cogido del cuello” a través de la compra de bonos de su deuda. 

Ya se sabe que Chávez es un paranoico, según diagnóstico de prestigiosos psiquiatras y que, además, sufre delirio de persecución porque su mente ha creado una “película” en la que el gobierno presidido por George Bush, “intenta asesinarlo”. Por eso el acuerdo reviste muchísimo peligro, y Ecuador no quiere darse cuenta de esta dificilísima situación en la que se va a involucrar y que puede salirle más cara que su propia deuda.

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